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Cómo ganar un debate


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Marcos Sierra

Actualmente trabajo en la agencia de comunicación Indie PR como responsable del área online. Soy Licenciado en Periodismo. He trabajado para medios como elEconomista, Lainformacion.com, Radio Intereconomía, Telefonía y Comunicaciones Para Todos y Movilfonia, y he colaborado en calidad de freelance para Cadena SER, PC Actual o Gaceta Universitaria.


Escrito el 30 de octubre de 2012 a las 8:32 | Clasificado en Actualidad

Todo se controla hasta el último detalle, nada queda al azar. El color de la corbata, las expresiones, el movimiento de las manos, actuar según la posición en las encuestas… Todo, menos el factor sorpresa.

Romney y Obama, antes del tercer debate electoral presidencial de 2012 (fuente: Scout Tufankjian).
Romney y Obama, antes del tercer debate electoral presidencial de 2012 (fuente: Scout Tufankjian).

Ganar un debate electoral no es ganar unas elecciones, pero ayuda. Por eso suele ser la oposición quien suele reclamarlo y exigirlo, y el Gobierno quien acostumbra a hacer oídos sordos. Pero vayamos al tema que reza el titular de este artículo, ¿cómo y por qué se gana un debate electoral?

De entrada, el candidato debe saber cuál es su situación respecto al adversario y para eso siempre hay encuestas previas al debate en las que se da, virtualmente, un ganador y un perdedor.

En el caso del candidato virtualmente ganador –más si éste es el aún presidente-, la estrategia es clara. Debe argumentar con tranquilidad pero sin parsimonia, tratando siempre de no agitar el debate. Su objetivo ha de ser dejar pasar el tiempo para que la audiencia no vea ninguna diferencia entre la realidad que había antes del debate y la posterior.

Es importante que su gabinete de comunicación sepa detectar los puntos flojos en los que su adversario puede tratar de hacer cuña, y se ha de preparar un argumentario que le quite hierro a esos asuntos y, sobre todo, que permita dar respuestas que desvíen la atención de la audiencia a temáticas menos farragosas, más fáciles de manejar para él.

El discurso tiene que acompañarse de una suerte de dinámica gestual muy importante de cara a reforzar la imagen. Las posturas y gestos deben evitar la rigidez, y las manos han de moverse despacio pero con decisión, sin cerrar los puños y evitando señalar al oponente. Estos dos últimos gestos incitan a la confrontación, algo que no busca el candidato con más visos de ganar las elecciones.

La indumentaria de este candidato debe evitar los colores agresivos. Una corbata en tono azul sería perfecta. Es un color cordial, de confraternización, que transmite quietud y tranquilidad; confianza. El negro también puede ser el tono del candidato que lidera las encuestas. Muestra poder, pero siempre desde la discreción, sin ganas de llamar la atención, con seriedad.

Como ejemplo práctico de lo expuesto hasta ahora se puede tomar el reciente primer debate electoral entre Obama y Romney. El líder demócrata, que a priori partía con la ventaja de las encuestas, trató de mantener la tranquilidad en todo momento, apoyando su discurso con pocas alharacas gestuales y una corbata de color azul, pero acabó ganando el líder republicano, lo que hizo que cambiara su estrategia de cara al siguiente debate.

El candidato agitador

En el caso del candidato que aparece como perdedor en las encuestas, su forma de actuar, vestirse y moverse, ha de ser casi diametralmente opuesta.

Su discurso debe agitar el debate, desquiciar al oponente. No tiene nada que perder, así que le interesa buscar el cuerpo a cuerpo. El equipo de comunicación de este candidato tiene que echar toda la sal posible sobre las heridas del programa electoral del adversario, y reincidir una y otra vez en aquellos aspectos en los que pueda reforzar el mensaje de que quien tiene enfrente no será un buen presidente. Recordamos en este punto la agresividad de Rubalcaba frente a Rajoy en un debate en el que el socialista llegó a asumir el papel de periodista que preguntaba y repreguntaba una y otra vez a quien ya daba por claro ganador en las urnas, como después se confirmó.

Para apoyar este discurso, nada mejor que el color rojo, signo de agresividad. Si no está del todo claro -según las encuestas- que su oponente es el que va a ganar las elecciones, se podría optar por el color naranja, también agresivo pero menos que el rojo.

Apretar los puños y señalar con el dedo serán interpretados como el lanzamiento de un reto. Negación reiterada de la cabeza cuando el contrario plantee sus ideas y mirada fija en los ojos del adversario darán el tinte de decisión y capacidad resolutiva que debe aromatizar su aparición.

Volviendo a los debates Obama-Romney, en el segundo de ellos, Obama fue quien tomó la iniciativa. Corbata en tonalidad roja, mayor decisión en los gestos y mucha más fuerza en la palabra acabaron por darle el debate.

Capacidad de improvisación e inteligencia

Todo debate electoral que se precie está sujeto, siempre, al factor sorpresa. Y este depende casi en exclusiva de la capacidad de improvisación de los candidatos.

Todos cuentan con un guión preestablecido sobre cómo contestar a según qué cuestiones, pero los gabinetes de comunicación no son perfectos, y siempre hay temáticas que no se contemplan y afloran en el debate. Siempre hay cuestiones que escapan a ese guión.

Sin la armadura de lo preestablecido, el candidato debe ponerse únicamente en manos de su astucia e improvisación para salir airoso o dar con sus huesos en el fondo de las urnas. Sobre esto, no hay debate alguno.

Los votantes dicen...
  1. Información Bitacoras.com…

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