Tras meses de noticia veraniega sobre el mayor estallido de ébola jamás registrado, el virus ha dado su salto fuera de la franja central de África, de donde nunca había salido. El primer caso de contagio fuera del continente se ha dado en España, donde una enfermera que trató a un misionero repatriado ha dado positivo.

Las críticas políticas por la gestión del caso no se han hecho esperar. Profesionales sanitarios habían denunciado por carta la mala aplicación del protocolo exigido ante una enfermedad contagiosa de una elevadísima mortalidad y para la que no hay cura. A la vez, imágenes de personal sanitario sin la debida protección, o zonas hospitalarias deficitariamente aisladas, han aumentado la presión sobre la ministra Ana Mato.

Mato, criticada en el pasado por la vinculación de su exmarido en la trama corrupta Gürtel, compareció en una rueda de prensa en la que no dio respuesta alguna y se limitó a ceder la palabra a quienes le rodeaban. Las pocas cosas que dijo fueron desmentidas poco después por los sanitarios, muy críticos con ella por la política de recortes que ha puesto en marcha desde que dirige la cartera.

Si los recortes tienen o no que ver con el fallo que provocó el contagio está por determinar. Lo que sí es cierto es que de los 13 ciudadanos no africanos repatriados por haber contraído el virus ébola, sólo dos han muerto, y son los que fueron llevados a España, según explica el diario The New York Times en este gráfico.

Actualización: ya hay otro fallecido infectado, esta vez en EEUU


La UE ya ha pedido explicaciones a las autoridades españolas, preocupada por la falta de respuestas a cuestiones como por qué no se aisló al personal sanitario durante los 21 días que puede durar la incubación del virus, por qué la enfermera se fue de vacaciones un día después del fallecimiento del paciente, por qué fue ella la que tuvo que insistir para que le hicieran las pruebas al sospechar de una elevada fiebre, con cuántas personas ha estado en contacto o, al menos, cómo se contagió.

Mientras, las autoridades llaman a la calma y tratan de aislar a cualquier posible contagiado. El virus no se transmite por el aire, lo que reduce la velocidad de posible expansión. Según explica la OMS, sólo el contacto directo con fluidos corporales -o ropa con fluidos- hace que exista riesgo de contagio, incluso después de muerto el paciente.

Ante la falta de respuestas, abundan las preguntas: ¿por qué se trasladó a los enfermos a la ciudad más poblada y mejor comunicada del país en lugar de a un área más aislada? ¿Habrá más repatriaciones si hay nuevos casos? ¿Le costará a la ministra el cargo la gestión de la situación? A esta última pregunta Mato dio respuesta desde la oposición cuando hubo casos de Gripe A en España y exigió la dimisión de su antecesora en el cargo, Carme Chacón.

Por lo pronto, la atención mediática, sanitaria y política de todo el mundo está sobre lo que hace el Gobierno español.

Ahora en España, a la falta de más respuestas y saber si hay más contagiados, el debate se centra en el perro de la infectada, al que las autoridades quieren sacrificar sin comprobar si ha habido contagio y a pesar de que el mayor experto mundial del ramo desaconseja hacerlo.

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