Apenas 3,5 millones de votos sobre un electorado de más de cien millones. Dilma Rousseff ha conseguido ser reelegida como presidenta brasileña frente a Aécio Neves, pero la victoria ha sido tan pírrica como predecían los analistas y mucho más de lo que se decía en los sondeos.

Pero, lo que es peor, deja la imagen de un país partido en dos: al norte, salvo Roraima, todo es un bastión para Dilma. El resto, incluyendo Sao Paulo, es para el líder opositor. El gráfico de O Globo es terriblemente ilustrativo

La campaña ha sido cualquier cosa menos tranquila. Comenzó con terribles problemas para la candidatura oficialista tras el creciente malestar social, las protestas, las consecuencias de los fastos de los JJOO y el Mundial de fútbol y algunos escándalos de corrupción salpicando al Partido de los Trabajadores.

Continuó con el accidente de avión que acabó con la vida del que iba a ser su rival, Eduardo Campos, y el surgimiento de su sustituta, Marina Silva. Pese a las expectativas, Silva ni siquiera pasó a la segunda vuelta, y fue el conservador Aécio Neves el que lo logró, para regocijo de los grandes capitales del país. Por momentos, y tras la primera vuelta y el pacto entre Silva y Neves, Rousseff parecía abocada a la derrota… pero no.

Así de tumultuosa ha sido la cambiante campaña electoral:

Entre tanto vaivén de candidatos en cabeza, las necesidades de la población han vuelto a saltar a la palestra. Si el mundo vio durante la celebración del Mundial a la ciudadanía brasileña tomando las calles, ahora eran sus problemas los que protagonizaban el mensaje de los candidatos.

Algunas de las principales preocupaciones de la población han quedado reflejadas en los temas de los que se ha hablado en la campaña, con principal incidencia por parte de los contendientes en temas de salud y educación

Pero más allá del resultado final, ahora queda la incógnita. La brasileña ha sido una de las economías de mayor crecimiento del mundo, y ahora se dibuja un escenario de aterrizaje que podría tener consecuencias terribles. El clima de convulsión social así lo anticipaba hace unos meses, aunque la victoria de Rousseff pueda apaciguar los ánimos durante un tiempo. Sin duda, la legislatura que ahora comienza será de todo menos tranquila.

Este ha sido el tuit triunfal del equipo de Rousseff. Habrá que esperar a ver qué escenario se dibuja en los próximos cuatro años, en los que el Gobierno brasileño puede pasarlo realmente mal si una parte importante de la población sigue, como hasta ahora, sin ver en sus vidas nada de tanto crecimiento económico

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