Arrow

Dimitir no es un nombre ruso


0
Fran Carrillo

Speechwriter. Asesor y entrenador internacional de políticos y empresarios en discurso, oratoria y debate. Director de La Fábrica de Discursos, empresa dedicada a la asesoría y capacitación política y empresarial en oratoria influyente, discurso carismático y media training. Miembro del Talent Great Team. Profesor del Máster en Asesoramiento de Imagen y Consultoría Política (MAICOP) y de la Sociedad de Debate de la Universidad Carlos III de Madrid.


Escrito el 30 de julio de 2013 a las 11:36 | Clasificado en Actualidad

Hoy parece impensable, pero en la historia reciente las dimisiones ante oscuras e innegables evidencias han existido. Desde Nixon hasta Suárez, desde Aguirre… ¿a Rajoy?

Adolfo Suárez, en su discurso de dimisión (Fuente: RTVE.es)
Adolfo Suárez, en su discurso de dimisión (Fuente: RTVE.es)

“Hay momentos en la vida de todo hombre en los que se asume un especial sentido de la responsabilidad” Cuando el 29 de enero de 1981, Adolfo Suárez pronunciaba su discurso de dimisión como presidente del Gobierno, la sociedad española no sabía que iba a asistir a un hecho trascendental de nuestra historia contemporánea. Desde entonces, dimitir es un verbo situado en las antípodas del proceder político nacional.

En una sociedad profundamente hastiada por los continuos escándalos aparecidos día tras día en los diferentes medios de comunicación -corrupción, tráfico de influencias, sobresueldos ilegales, desfalco de dinero público, abuso de autoridad…- la puerta de salida aparece bloqueada entre las opciones de nuestros representantes, a los que ya no les preocupa que uno de cada tres ciudadanos les sitúe como el principal problema del país, según el último Barómetro del CIS.

En aquella noche de frío invierno, la temperatura de los españoles subió hasta límites insospechados por la incertidumbre que las palabras de Suárez podían provocar en un país que aún terminaba de coser los rotos del pasado.

“No quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España”, enunció como explicación a la decisión tomada. Una afirmación que, como todas las que se insertan en un contexto especial, se convierte en eterna en la memoria de quienes la escucharon, precisamente por las imágenes imborrables que desde entonces, se anclan en ella. Frases que traspasan las fronteras del recuerdo. Frases que dibujan futuros replicables.

Una intervención que recordó, salvando las distancias, la que siete años antes, en agosto de 1974, protagonizó Richard Nixon, quien dejó de ser el 37º presidente de los Estados Unidos por haber capitaneado el caso de espionaje más grave de la historia de la nación americana.

Aquel escándalo provocó su salida de la Casa Blanca, no sin antes pronunciar un emotivo discurso marcado por la contundencia de sus mensajes. Dicharachero y sonriente momentos antes de su última alocución como comandante en jefe de los EEUU, Nixon comprendió justo al terminar de leerlo que había traspasado las fronteras éticas del quehacer político. La opinión pública (y publicada) no le permitió más extralimitaciones legales y constitucionales.
Dos discursos históricos para dos períodos históricos. Y ambos con un denominador común: sentaron un precedente en sus países y cambiaron el mapa sociológico que delimitaban las fronteras de lo políticamente aceptable.

Y aunque vemos como la renuncia a un puesto estructural no es tan fácil como parece, el cese o abandono de funciones de un político es un salvoconducto que, sin embargo, sucede más a menudo de lo que parece fuera de nuestras fronteras. Y hay muchos ejemplos

Por ejemplo, la ministra francesa de Exteriores Michele Aliot-Marie dimitió por irse de vacaciones a Túnez en mitad de la ‘primavera árabe’ en febrero de 2011. Poco después le tocó el turno a Karl Theodor zu Guttenberg, ministro de Defensa alemán, al que se le descubrió que su tesis doctoral no era más que un simple plagio. El año pasado, Chris Huhne, ministro británico de Energía, cesó de sus funciones al descubrirse que ocultó una multa de tráfico.

Demostraciones palpables resumidas en un simple axioma: en el fondo, todo son formas. Y cuando estas se pierden o no se cuidan, la honrosa salida de la renuncia, a ojos del ciudadano, es lo más honesto.

Hoy, media España pide la dimisión del presidente Mariano Rajoy. La otra mitad aguarda con cautela su aparición del próximo jueves en el Congreso. No esperen frases de impronta inmortal como la que tituló la renuncia de Esperanza Aguirre a la presidencia de la Comunidad de Madrid: “Es el mejor momento para dejarlo”. Ni como la que soltó Adolfo Suárez aquella noche de 1981: “Me voy sin que nadie me lo haya pedido”. Palabras que deberían ser imperecederas, pero que adquieren la etiqueta de quimera en la trastienda política española de nuestros días.

Comparte tu punto de vista

XHTML: Puedes usar estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>