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El liderazgo


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Xavier Peytibi

Politólogo y consultor de comunicación política y pública en el despacho de Antoni Gutiérrez-Rubí. Blogger y profesor en diferentes masters y postgrados. Co-creador de los Beers&Politics y sus proyectos.


Escrito el 6 de diciembre de 2012 a las 11:00 | Clasificado en Actualidad

¿Podría ser el acto conmemorativo de los 30 años del primer Gobierno del PSOE el punto de inflexión de los socialistas en España? Así fue para Hollande.

Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba (fuente: PSOE).
Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba (fuente: PSOE).

“Estamos viviendo una jornada histórica y decisiva para nuestro futuro. Histórica, porque hoy comienza el cambio; decisiva, porque, desde los primeros pasos por el nuevo camino, empezamos ya a ir configurando su trazado. […] Paz, unidad y progreso; ese es el perfil del horizonte, de nuestro rumbo permanente”. Estas son las palabras de Felipe González en su discurso de investidura de 1982.

El pasado domingo hizo 30 años de esa victoria electoral, histórica, y para celebrarlo, Felipe se dio un baño de multitudes en un Palacio de Congresos de Madrid abarrotado por militantes, simpatizantes, decenas de miembros de las sucesivas ejecutivas del partido y 40 ex ministros de los gobiernos de González y de José Luis Rodríguez Zapatero.

Según encuestas de valoración de líderes, González siempre superó el aprobado desde 1982 a 1993, hasta que empezaron los escándalos de su Gobierno. Esas cifras siguen sin ser superadas por ningún presidente. Incluso ahora, en diciembre de 2012, el recuerdo que se tiene de González es, en muchos socialistas, el del líder del partido, y su presencia siempre es solicitada en los procesos electorales (intentó ayudar en las generales de 2011, y este año ha participado en las elecciones andaluzas, vascas y gallegas –no en las catalanas, donde fue la gran estrella del mitin de 2010-).

Ocurre lo contrario que en el caso de los políticos actuales. Mariano Rajoy tiene una desaprobación del 71%, 20 puntos más que en el mes de marzo y con tendencia a acelerar su deterioro, incluso entre sus votantes. En el PSOE tampoco pueden estar aliviados con ello, porque la valoración de Alfredo Pérez Rubalcaba es mucho peor que la de Rajoy: hasta el 81% de sus votantes desconfía de él. En los últimos 4 años el PSOE ha perdido 30.000 afiliados y se ha dejado en el camino cerca de 6 millones de votantes. La amplia pérdida de confianza en el gobierno del PP no les está ayudando para resurgir como alternativa de gobierno en la que confiar.

‘Mitterrandmanía’

El acto del pasado domingo quería ser un recordatorio de una fecha histórica, sí, pero también el gesto de un nuevo comienzo, al igual que se hizo en Francia en mayo de 2011, recordando el ascenso al poder de François Mitterrand. Ese 10 de mayo hacía treinta años que Mitterrand se convertía en el primer presidente de izquierdas (y único hasta Hollande) elegido en Francia. Ese día, las masas se echaron a la calle en un ambiente festivo que se tradujo en un concierto espontáneo en la plaza de la Bastilla. En conmemoración de aquella fiesta, los socialistas organizaron un gran concierto en ese mismo lugar. Durante esos meses de 2011, preparando las primarias, ese acto sirvió como el inicio de la recuperación socialista en Francia. Mitterrand y su liderazgo volvían a la palestra y, como indicaba Antonio Jiménez Barca, “Francia entera vivía bajo el efecto de una suerte de ‘mitterrandmanía': hay documentales casi cada noche sobre su vida, sobre su capacidad dialéctica, sobre su relación con la televisión, sobre esa noche especial en que derrotó a Giscard d’Estaing; se estrenan obras de teatro que versan sobre él; se editan libros en los que amigos, colaboradores o ex ministros consignan sus conversaciones con el ex presidente. Los periódicos lanzan ediciones especiales. Los lectores envían mensajes en los que explican qué significó esa victoria, dónde estaban, qué hacían esa tarde…”.

Los socialistas franceses aprovecharon la efeméride para recordar al viejo líder, recordar el cambio político que se produjo y para impulsar a los nuevos dirigentes. Un año después, François Hollande fue elegido presidente de Francia. Un socialista volvía al Elíseo. Obviamente no fue solo por aprovechar aquella efeméride, pero esa celebración sí marcó un punto de inflexión, y el PS lo sabía bien cuando quiso aprovechar esa alta valoración que aún tiene Mitterrand en Francia, para lograr sacar réditos para sus entonces candidatos y para recordar el liderazgo de su ex presidente.

“¿Quiénes son?”

En Madrid, el domingo, González volvía a la actualidad, pero solo por un día. Nadie pensó en convertir la fecha en un resurgimiento (aunque volvió a aparecer Zapatero). En el acto, González incidía en que para lograr la confianza de la mayoría es necesario que un líder político se vea capaz de ofrecer un proyecto creíble para la mayoría. Por su parte, Rubalcaba replicó que, para reclamar apoyo mayoritario a los ciudadanos, tiene que construir un proyecto que dé respuesta a las preocupaciones mayoritarias. Las frases se parecen, pero no significan lo mismo. Para González hay que volver a tener credibilidad, para Rubalcaba, proponer soluciones. El primero habla de liderazgo, el segundo de ideas. Pero sin credibilidad, nadie se cree las soluciones, y nadie se cree al líder. Ese el principal problema hoy en día.

“Esos hombres, esas mujeres y esos jóvenes son nuestro apoyo, pero son también nuestros jueces. A ellos quiero dedicar mis palabras finales. Imagino que ahí, en el centro del hemiciclo, unos cuantos ciudadanos han penetrado hoy desde la calle. Me esfuerzo por verlos. Por mirarlos. ¿Quiénes son? Pueden ser un ama de casa camino del mercado, un empleado de banca, un botones de hotel, o un universitario. Les veo y me pregunto: ¿Qué piensan de nosotros? ¿Siguen nuestros debates? ¿Les ilusionamos o les desencantamos?”. Así terminaba Felipe González su investidura en 1982. Más de un líder político actual debería hacerse esas preguntas, y después preguntarse el por qué.

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