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“La crisis hace que los políticos se mojen estilísticamente”


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Marina Falcó

Periodista experta en Marketing y Comunicación de Moda. Tengo dos versiones: en la online soy Community Manager del puerto deportivo Marina de Dénia, y en la unplugged he sido Responsable de Comunicación en compañías de ámbito nacional.


Escrito el 16 de marzo de 2013 a las 11:29 | Clasificado en Entrevistas, Moda

Patrycia Centeno es periodista y experta en Política y Moda. Con ella analizamos la imagen de los políticos y parece que no salen muy bien parados. La coherencia entre discurso e imagen es la clave del éxito en el estilismo de los poderosos.

Patrycia Centeno
Patrycia Centeno
Bio

  • Nombre:
    Patrycia Centeno
  • Fecha de nacimiento:
    19 de febrero de 1983
  • Lugar de nacimiento:
    A Coruña
  • A qué se dedica:
    Experta en política y moda. Periodista y analista. Directora de Política y moda
  • ¿Qué ha hecho con su vida en los últimos 10 años?
    Me licencié en Periodismo en la Universidad Autónoma de Barcelona en 2005. En 2006, realicé un postgrado de comunicación y periodismo de moda en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona en el que desarrollé el primer estudio sobre la imagen como herramienta de comunicación política: ‘Política y Moda. Políticos de los pies a la cabeza’. Debido al éxito de la tesis, he seguido elaborando el análisis de esta ciencia que un día conceptualicé como Política y Moda. De este modo, nace la revista on line, dedicada a la relación de los que nos gobiernan (a nivel nacional e internacional) y las tendencias, ya sea a través de sus estilismos o por las medidas que aprueban sobre el sector. Siguiendo esta estela, en febrero de 2012 publiqué el libro ‘Política y moda, la imagen del poder’ (Península).
Estilismo

La unión entre dos campos como la moda y la política, que en principio pueden parecer antagónicos, puede desconcertar a más de uno, pero ¿qué nivel de influencia tiene el estilismo en la imagen de poder de los políticos?

Desde la antigüedad, los grandes líderes (Cleopatra, Julio César, Maria Antonieta, Hitler, Gandhi…) siempre se han preocupado en transmitir una imagen que denote el poder acumulado. La indumentaria es lo primero que apreciamos desde lejos en una persona y con sólo un vistazo obtenemos muchísimas información (su edad, su sexo e incluso su clase social). La indumentaria, por lo tanto, es un lenguaje.

Vestidos o desnudos, consciente o inconscientemente, siempre estamos comunicando algo al mundo sin necesidad de abrir la boca. En un mandatario juega un papel fundamental ya que si su mensaje verbal (el discurso) no coincide con su mensaje no verbal (estética), el votante dejará de percibirlo como un candidato creíble. De ahí mi empeño en que los dirigentes de hoy se echen un vistazo antes de salir de casa aunque sólo sea por respeto al pueblo que además de escucharles también tiene que verlos.

Usted ha asegurado en alguna ocasión que actualmente no es tan sencillo averiguar la tendencia ideológica de un político por su atuendo ¿estamos perdiendo la identidad? ¿de dónde viene ese mimetismo?

A finales del siglo pasado, cuando se empezó a hablar de un supuesto centro ideológico, los partidos políticos empezaron a abandonar sus rasgos más característicos con tal de aglutinar el mayor número de votos. Fue la izquierda la que cedió más en este proceso de mimetización (por el camino se quedaron la pana, los jeans, las coderas, las camachas, las boinas, las botas, los colores…).

El resultado llegó a ser tan surrealista que en una reunión entre sindicatos y patronal costaba diferenciar a unos y a otros. Normal entonces que la gente en la calle manifestara aquella opinión que a los políticos les incomoda tanto: “Son todos iguales”. Bueno, por lo menos en apariencia lo parecen. Hace un mes Rubalcaba dijo en Italia que “en España, de Europa, sólo recibimos hombres de negro o de gris” refiriéndose a la ‘troika’. ¡Lo alarmante es que el líder de los socialistas iba vestido exactamente como a los que intentaba criticar -¡traje oscuro, camisa blanca y corbata!-.

¿El lujo es un pecado en política?

El lujo entendido como ‘marcas caras’, sí. Y no es sólo un pecado, es un insulto. Ahora bien, vestirse con prendas ‘low cost’ de grandes cadenas textiles puede ser incluso peor. Cualquier político, y más un progresista o ecologista, se supone que debería concienciarse con la moda ecoética: prendas que respeten el medio ambiente y los derechos del trabajador. Además del precio, todos deberíamos reflexionar sobre lo que pone en la etiqueta.

¿Existe una relación real entre la austeridad en el vestuario de los gobernantes (las conocidas ‘chaquetas en serie’ de Angela Merkel) con la buena marcha económica de un país, y el derroche de estilo (Berlusconi y su eterno bronceado) con la misma actitud política?

El derroche en un político debe estar penado. La sencillez -no confundir con la simpleza- es lo deseado. Más bien la relación debería establecerse en base al estilo. Al fin y al cabo, un dirigente que tiene estilo es porque tiene personalidad y en estos tiempos esta cualidad es muy buscada. En política no es tan importante si el estilismo de un gobernante te gusta o no (algo totalmente subjetivo), lo importante es que su imagen sea coherente (con su ideología, su contexto social y su personalidad) y creíble (que transmita seguridad, seriedad y cercanía).

Imagen patria

En términos generales ¿cómo valoraría la gestión del gobierno central en materia de estilo?

Suspenso total. Desgraciadamente no sólo se trata de un problema del ejecutivo del PP, más bien de toda la clase política española y europea. A diferencia de los americanos (desde Obama hasta Chávez o Evo Morales) que controlan perfectamente el asunto de la imagen, aquí –debido a la influencia de filosofías y religiones que veneraban el alma pero castigaban al cuerpo- seguimos acomplejados y consideramos que la apariencia es algo superfluo y banal.

La imagen es una herramienta más de comunicación política y, por lo tanto, es necesario aprender a manejarla. También es cierto que en España no existen profesionales formados y al final cualquier asesor político (aunque no tenga ni idea de lenguaje indumentario) acaba recomendando estilismos mediocres o equívocos. Y tras una mala experiencia con algo tan personal como es la imagen de una persona, normal que los políticos no quieran oír a hablar de mejorar su apariencia pública.

No hay que olvidar que un representante público también nos está representando con su imagen. Esa marca España de los que algunos presumen tanto queda en evidencia cada vez que los miembros del Gobierno se pasean por el mundo.

Con el panorama de crisis ante el que nos encontramos, ¿se aprecia algún cambio en la imagen de los políticos? ¿Existe un estilismo de crisis?

Bueno, dicen algunos que se percibe una cierta austeridad. Una austeridad que en política debería ser exigible no sólo en tiempos de crisis sino también de bonanza. Pero si observamos con más atención, comprobaremos que esta crisis (económica pero también moral) está provocando que los políticos se mojen también estilísticamente: Sánchez Gordillo, Beppe Grillo… Toca identificarse y reconocerse y, para ello, la ropa es esencial.

La izquierda parece que empieza a despertar y se ha dado cuenta que vistiendo traje y corbata era imposible que su electorado se sintiera representado. En el parlamento de Cataluña es muy curioso cómo la llegada de la CUP ha obligado a que ERC e ICV se atrevan a dejar la corbata en casa.

¿Llegaremos a ver alguna vez a Elvira Fernández (mujer de Rajoy) en un papel como el de Michelle Obama, o no estamos preparados para enfrentarnos a una campaña de imagen y marketing de ese calibre?

Espero que no lo veamos… El cargo de primera dama se creó en EEUU para competir con las mujeres de las monarquías europeas. El principal objetivo de una ‘first lady’ es eclipsar al mundo con su imagen. La primera dama es, por lo tanto, una figura anacrónica condenada a desaparecer.

En España, por el momento, tenemos a la reina o la princesa Letizia. Las mujeres de los presidentes españoles no tienen ningún derecho ni ningún deber y lo único que pueden hacer como pareja es apoyar a sus maridos cuando estos lo requieran (en un momento delicado se antojan muy recomendables para dar un poco de aire fresco).

¿Cuáles son las últimas tendencias en política?

Me encantaría poder anunciar que la nueva colección primavera / verano traerá muchas transparencias… Pero de momento, rayas y ranciedad. Espera, hay una que me molesta especialmente que es la obsesión de las mujeres políticas madrileñas (PP, PSOE y UPyD) con los broches de tamaño XXL. Bueno, el otro día Ana Botella llevaba una libélula gigante que parecía el piolet que Ramón Mercader utilizó para cargarse a Trotsky. Y tal y como están las cosas en el PP…

En su opinión ¿quiénes son los políticos más elegantes del panorama nacional?

Si me lo permites, yo prefiero hablar de políticos con una imagen coherente. De la derecha, Gallardón y Duran i Lleida. Los dos y, pese a las cejas del ministro, son impecables y además son de los pocos líderes conservadores en este país que siguen defendiendo la elegancia clásica y no han caído en el efecto naftalina de sus compañeros. De la izquierda, Beiras, Cayo Lara o Sánchez Gordillo.

¿Mujeres? Más complicado. Me quedo con dos que ya no están en primera línea pero que han apostado por feminizar el traje político sin que su imagen eclipsara su discurso: Elena Salgado y Arantza Quiroga.

Los votantes dicen...
  1. Sebasstian dice:

    Muy interesante, echar un ojo a su web!

  2. […] y como explica la periodista experta en política y moda, Patrycia Centeno, “la crisis hace que los políticos se mojen estilísticamente”. Sin duda. Porque es […]

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