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Romay Beccaría: “Es difícil que la sociedad se interese por el Consejo de Estado”


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Alfredo Berini

Licenciado en Periodismo, máster en Investigación Aplicada a la Comunicación y Técnico Superior en Producción. He producido cientos de directos para Telemadrid y Castilla-La Mancha televisión, una película y presentado informativos para Radio Voz Ferrol. Actualmente ejerzo la investigación y preparo mi tesis doctoral.


Escrito el 22 de diciembre de 2012 a las 8:09 | Clasificado en Entrevistas, Galicia

Romay Beccaría preside, por segunda ocasión, el Consejo de Estado. El veterano político gallego nos recibe en su despacho para hacer balance de sus experiencias.

Romay Beccaría
José Manuel Romay Beccaría, en su despacho
Trayectoria

Preside por segunda vez el este organismo, ¿cómo es su día a día entre estos muros? ¿Cómo es la vida en el Consejo de Estado?

Yo vengo todos los días prácticamente. Aquí desarrollo mi actividad y, a parte del gobierno ordinario de la Institución que le corresponde al Presidente, las cuestiones de intendencia y de asignación de recursos y ese tipo de cuestiones las llevo yo ayudado por la Secretaria General. La función fundamental del Consejo, como se sabe, es una función consultiva. Lo más importante que hacemos nosotros es realizar los dictámenes que nos piden los Ministros o el Gobierno y que debemos elaborar y producir dentro de unos plazos determinados. Después se remiten a los órganos consultantes tras una elaboración cuidadosa que se hace en esta casa y que termina en una sesión de la Comisión Permanente que preside el presidente y en la que se discuten, se debaten, se aprueban o se rechazan las consultas que hace el Gobierno.

Una de mis ocupaciones ordinarias es conocer esos dictámenes, estudiarlos y formar juicio para poder participar en los debates de la Comisión y contribuir con mi voto a la aprobación o el rechazo de los mismos. Luego, es verdad que un cargo de esta posición institucional lleva consigo algunos compromisos sociales entre comillas, que tienen un componente relacionado con el mundo del derecho como ir a la presentación de un libro, actos en el Senado como el Premio Montero Ríos, o acudir a cursos como uno que tuvo lugar hace poco en Cáceres organizado por la Junta de Derecho en el que se pedía una representación de todos los órdenes constitucionales para exponer ante alumnos de la Facultad de Derecho la visión de cada uno sobre el órgano constituyente que representamos. Preparo las intervenciones y acudo. Este tipo de situaciones complementa la ocupación del Presidente del Consejo. También tener las relaciones formales con los consejeros que forman la institución y tratar de facilitarles su trabajo lo mejor que se puede con todos los servicios de la casa.

¿Qué tal es el día a día con esos consejeros? ¿Es complicado tratar con tanta diversidad o hay corrillos como en el Parlamento?

Este es un organismo con mucha tradición, con muchos siglos de historia y con tradición de independencia, de autonomía, del mejor apoliticismo en el mejor sentido de la palabra. En este sentido, no hay una posición partidista por parte de los consejeros. El Consejo tiene muy claro que es un órgano de asesoramiento del Gobierno, que su misión es ayudar al Gobierno a que acierte en las cuestiones que le consulta, aceptando que la iniciativa política le corresponde al Gobierno. Esto no excluye que si el Consejo de Estado entiende que en algún punto puede haber una decisión que pueda ser errónea lo diga, siempre desde la cortesía y con este espíritu, no de confrontación porque no se entiende este órgano desde esa perspectiva, sino de colaboración. Eso hace que el entendimiento de los Consejeros sea muy fácil. Es un debate muy jurídico, de mucha cortesía, de consideración, con la conciencia de que no estamos para confrontar sino que somos su máximo órgano consultivo y nos comportamos de acuerdo con estos parámetros.

Entra a servir como funcionario del Consejo de Estado en el año 1959, parece que estaba destinado a acabar ocupando su presidencia. ¿Se esperaba volver después de tantos años?

No se me pasaba por la cabeza. Es verdad que yo hice las oposiciones del Consejo porque me gustaba esta Institución. Cuando yo era estudiante ésta era una institución que tuvo un papel muy importante en la modernización del Derecho Administrativo Español. Yo, como estudiante, conocía la calidad del trabajo intelectual y jurídico, desde el punto de vista del derecho administrativo, que tenía esta casa. Estudiábamos desde la Universidad los dictámenes del Consejo de Estado porque sabíamos que en aquellos momentos no estaban en los libros de entonces, que eran unos libros anticuados. Lo estudiábamos desde la doctrina del Consejo que era una fuente que abría el derecho administrativo español a la literatura europea. La gente de esta casa manejaba los grandes Tratados del derecho administrativo de Europa y nos abrían un poco ese camino. Yo vine a aquí buscando eso y el conocimiento de la Administración que da el Consejo, que lo da porque es una plataforma muy buena para formarse en el conocimiento de la administración y con una vocación política.

Entiendo que fue, en esos primeros años en el Consejo, en los que decidió comenzar una trayectoria política.

A mí me gustaba. Soy hijo de un político. Yo aprendí de mi padre que se murió muy joven pero le dio tiempo a marcarme con la grandeza de la política. Era una persona muy sensible a las necesidades de donde éramos nosotros, de la gente de la provincia de la Coruña. Vi la grandeza que tenía trabajar por mejorar las condiciones de vida que eran muy difíciles y duras en aquellos años cuarenta del siglo pasado, poco después de la guerra, en una Galicia pobre y con muchas carencias. Él se desvivía porque llegara la energía eléctrica a una parroquia, porque el camino se lo arreglaran, porque pudieran mandar a sus familiares al hospital, porque los niños de los hospicios se educaran bien, se formaran correctamente. Yo vi que aquello valía la pena, tenía una cierta ilusión de dedicarme a esas cosas, y esta era una plataforma muy buena para poder formarse bien y dar un salto a la política con objetivos nobles y ambiciosos.

¿Cómo era en aquella época opositar? ¿Se parece al modelo actual o era totalmente diferente?

Yo creo que no, que era más duro que ahora. Había una competencia enorme. No había desgraciadamente en aquella España muchas más salidas que este mundo de las oposiciones al sector público porque el sector privado era muy limitado. Cuando yo me presenté había cinco plazas y nos presentamos a las oposiciones más de sesenta. Ahora no ocurre eso, participan muchos menos en las pruebas porque entre otras cosas la competencia del sector privado es muy grande. Los alumnos brillantes encuentran rápidamente acomodo en el sector privado y no están dispuestos a pasar por algo tan duro como preparar las oposiciones. Entonces no teníamos otras alternativas y nos dedicábamos a estudiar. Las materias eran muy extensas, muy exigentes los tribunales y venía gente muy estudiosa y competente. En eso, evidentemente las cosas han cambiado. No hay esa intensidad en la competencia actualmente. Aún así, dos de las plazas que había en aquella convocatoria las dejaron vacantes, sólo cubrieron tres, el nivel del tribunal lo ponían muy alto.

Después entró en la política desempeñando cargos muy distintos en Galicia y a nivel Nacional. Echando la vista atrás, ¿cuál ha sido su mejor y su peor momento?

He tenido mucha suerte, la verdad. He tenido suerte y he podido hacer muchas cosas de esto que me gusta. No sabría decir dónde he estado mejor. Estuve muy contento en Galicia, en los cargos que tuve allí, en esa Diputación Provincial en la que fui Presidente después de haberlo sido mi padre. En los años que estuve con Fraga estuve muy a gusto y desempeñé diferentes cargos. Luego me hizo Ministro Aznar. Un Ministerio es lo más difícil que se puede tener, es una gran responsabilidad y tuve que hacer cosas duras sobre política farmacéutica, encontrando resistencia como es lógico por querer cambiar las cosas, pero creo que en conjunto, el balance es positivo.

Después de pasar por muchos cargos intermedios, que tuve muchos, destaco el de Secretario General de Sanidad en el año 63, que me permitió dirigir la Campaña de Vacunación contra la polio que se señala como una de las mejores que ha habido en el mundo. Poder conseguir que fuera masiva y conseguir que al año siguiente hubiera 2000 casos menos de Polio te queda ahí, como una bendición en la que has podido intervenir, como los que han participado en grandes batallas o en hechos heroicos de otros tiempos.

Terminar, como parecía que iba a terminar cuando vine a este puesto en el año 2003, como Presidente del Consejo de Estado, después de haber estado 17 años como letrado en esta institución que tiene una calidad de trabajo, calidad intelectual, de tipo de debate, pues es una gozada. Para terminar una vida política, habiendo salido de aquí y habiendo formado parte de este mundo de la Administración jurídica, es de las mejores cosas a las que se puede aspirar.

Va a hacer un año del fallecimiento de Manuel Fraga, ¿Cómo era trabajar con el fundador del Partido Popular, antes Alianza Popular?

Fue realmente un regalo y una posibilidad de aprender mucho porque Fraga era una persona excepcional. De él aprendí este espíritu de servicio por encima de los intereses generales. Aprendí esa entrega, esa vocación política, que respondía a parámetros de honestidad y servicio público. Todos los días nos enseñaba su disciplina de trabajo, su laboriosidad…. era una persona incansable. Además era muy culto, sabía más de todo que todos nosotros. La vanidad era muy difícil que tentara al lado de Fraga, estabas todos los días junto con una persona que sabía mucho y eso te ponía en el sitio que te corresponde. Aquí en esta casa también es muy difícil que la vanidad te tiente porque hay mucha gente muy valiosa y vienes a aquí a aprender todos los días. De cuentos y vanidades pocas. Con Fraga te equivocabas en cualquier cosa y se daba cuenta pronto.

Existen multitud de gallegos ocupando puestos de relevancia en el Gobierno actual. ¿Qué tiene que ver en ello la figura de Fraga y su supuesto papel de “cazatalentos”?

Fraga fue una referencia muy clara para todos nosotros, para todo el partido. Era una persona de unas características extraordinarias que afortunadamente se dedicó a la política e influyó en nosotros, nos enseñó muchas cosas y contribuyó a que aparecieran más vocaciones políticas. Detrás de una figura con su entrega y su valentía es más fácil que saliesen nuevas vocaciones políticas. Estoy seguro que Fraga tuvo mucho que ver con que tantas personas con estas características de calidad, de seriedad, de nivel intelectual, de competencia.

Sobre lo de cazatalentos simplemente decir que tuve suerte de tener buenos colaboradores y, sobre lo que dice, lo único que necesitaban era que el primer día alguien les dieran una oportunidad. Si no hubiese sido yo sería otro. Valían mucho y no iban a quedar abandonados. Luego ya vuelan solos.

Desafección

Ha sido protagonista de momentos importantes de este país como la transición hacia la democracia o la entrada en Europa. ¿Cómo ve a la reacción de la sociedad española ante la crisis actual?

Yo la veo sufriendo, porque esto nos está haciendo sufrir a todos y a algunos probablemente más. Yo creo que, en general, con comprensión sobre lo que se hace, aun sabiendo que está siendo difícil y duro. Si vemos lo que ha pasado en los procesos electorales que se han producido desde la llegada de este Gobierno al poder y desde el inicio de unas reformas de tanto calado, del inicio de los recortes y las medidas de austeridad que se han tomado, lo que parece es que la gran mayoría se da cuenta de que son medidas que no había más remedio que tomar. Se dan cuenta de que probablemente las causas son anteriores a este Gobierno, que no es el Gobierno el que tiene más responsabilidad en lo que está haciendo sino que está intentando arreglar una situación recibida y que esto se está intentando hacer preservando con ahínco alguno de los servicios esenciales que interesan a los más necesitados.

Evidentemente, el tener una sanidad gratuita y de calidad le interesa más al que no se la puede pagar que al que se la puede pagar. Esa sanidad no le está faltando a nadie. Se han bajado sueldos de médicos y de enfermeras y es un esfuerzo que se les ha pedido, pero el ciudadano tiene la sanidad que tenía. A lo mejor en un sitio tardan un poco más que en otro pero sustancialmente eso no ha cambiado. En educación habrá algún profesor menos, a lo mejor algún docente tiene que dar más horas de clase pero básicamente la situación ahí está, es una educación completa y gratuita. Eso yo creo que se entiende por nuestra población y le da un perfil de equidad y justicia sobre las medidas que se están tomando. Es verdad que se ha subido el Impuesto sobre la Renta, es verdad que se ha subido el IBI y el Impuesto de Sociedades pero justamente se ha querido repartir los sacrificios de manera equitativa. Eso explica que la sociedad, aun sufriendo los sacrificios que padece, llega la hora de la verdad y hay las elecciones gallegas y el que pierde no es el partido del Gobierno; llegan las elecciones en Andalucía, y el PP sube; y llegan las elecciones en Cataluña, y el PP sube. Esto refleja que el conjunto de la ciudanía, pese a la dureza de la situación, entiende que las cosas hay que hacerlas, son duras, se procura hacerlas equitativamente y se procura salvar lo esencial. Esta es la única interpretación que para mi tiene que el Gobierno salga de estos procesos electorales como sale.

En una cena con elClub de Periodistas Gallegos en Madrid afirmó que la profesión de político es la más bonita que existe. ¿Cómo podría justificarlo ante la desconfianza que tienen ahora los ciudadanos ante los partidos?

No hay nada más grande y bonito que poder ayudar a mejorar las condiciones de los demás. Esto ahora se traduce en que las medidas que tomes sean las más razonables y equitativas. También eso tiene su grandeza. Seguro que los políticos que toman ahora decisiones están sufriendo al pedir tantos sacrificios a la gente. Es difícil para un político aceptar esto y es difícil que esto dé beneficio a nadie. Queda el consuelo de que se ha tratado de acertar en las prioridades, reducir el déficit público, resolver el problema del sistema financiero porque sino no se podía seguir adelante, conseguir abaratamiento de la Deuda, y hacer las reformas ambiciosas en educación, en economía, en justicia, en el sector energético, en la Administración…. Tiene sus aspectos de dureza porque puede causar sacrificios, pero es evidente que España necesitaba mejorar estos sectores para poder competir en un mundo global en el que ya no se compite sólo en entornos de países desarrollados, sino que ahora te vienen a competir países emergentes con salarios bajos y productos baratos que te obligan a esfuerzos de competitividad y productividad enormes porque sino te quedas fuera del mercado. Eso hay que hacerlo en un momento de dificultades como es el actual.

¿Qué consejo le daría a un joven que quisiese ser político en la actualidad?

Les digo siempre que si tienen vocación, sensibilidad, que si les dice algo arreglar los problemas del común y su preocupación mayor no es hacerse ricos (para hacerse ricos que no vengan a aquí que tendrían que corromperse y eso no lo deseamos), si no tienen ambición económica y sí de encontrar algo que sea útil para los demás, la verdad la política está llena de grandeza. Tiene muchas durezas, porque la política es muy competitiva y no todos son guantes de seda, pero la verdad es que se puede llegar a hacer algunas de esas cosas que te quedan para toda la vida, como la campaña de vacunación que le comenté, o luchar contra los incendios forestales en Galicia. Cuando ves que las medidas que implantas funcionan, cuando te preocupas de la ganadería y consigues que el ganado se sanee, sea más productivo, que el paisano gallego levante cabeza, ves que las políticas ambiciosas de mejora genética y de mejor manejo de las explotaciones… pues eso vale para una vida.

¿Cree que la gente conoce cómo funciona el Consejo de Estado?

Lo conocen poco. Es difícil que la sociedad se quiera interesar tanto por una institución tan especializada y tan de repercusión interna. Lo que nosotros hacemos no transciende al exterior, trabajamos para el Gobierno y lo que tenemos que hacer es ayudar a que el Gobierno lo haga bien. Lo demás ya lo hará el Gobierno, nosotros no. Mantenemos ese perfil de trabajo serio y de servicio al Gobierno.

Lo pregunto porque se están levantando voces políticas sobre crear nuevas formas de hacer más visible el papel de otras instituciones como el Senado, de acercarlas a la sociedad para que se pierda este sentimiento de desafección. ¿Debería hacer lo mismo el órgano que preside?

Es verdad, seguramente en el Senado haya que hacer eso. En el Consejo nosotros creo que gozamos de un respeto muy estimable en el mundo jurídico. Sabemos que nuestros dictámenes y la página web es consultada por los juristas. Nos aprecian los Tribunales, nos aprecia el Gobierno y nuestra vanidad la tenemos colmada por ese reconocimiento que tenemos en los ámbitos especializados. Es muy difícil que llegue a la masa ciudadana una actividad tan especializada y enmarcada en estos ámbitos.

Los votantes dicen...
  1. Lauresfer dice:

    Tras leer esta entrevista la conclusión que saco es
    la de que efectivamente los altos cargos políticos viven en un mundo muy
    alejado al de la realidad del ciudadano común. Por un lado, Beccaría habla de
    los sacrificios que está experimentando la población como si de simples
    minucias se trataran: algún profesor menos, algún ratito más de espera en los
    hospitales…la realidad va mucho más allá, pero ellos obviamente no se ven
    afectados. Y la sociedad no sale a las calles a quejarse simplemente para darle
    la contraria al PP (tengo varios amigos médicos, votantes de toda la vida del
    PP, que están yendo a la huelga porque están viendo auténticas barbaridades en
    sus hospitales y centros de salud, con órdenes de abstenerse de realizar
    ciertas pruebas, y atendiendo a pacientes sin ninguna intimidad, horarios
    imposibles, etc. etc.).

  2. Lauresfer dice:

    En segundo lugar, clama al cielo su visión acerca de
    lo que supone opositar en la actualidad. ¿Que había más competencia entonces?
    ¿por 60 candidatos? ¿no ha oído hablar de procesos de 10.000-20.000 personas?
    ¿y qué es eso de que los jóvenes de hoy en día tienen tanta opción en el sector
    privado que no están dispuestos a estudiar una oposición? ¿no sabe cuáles son
    las cifras de paro juvenil? Pues déjame que le cuente que actualmente tanto opositar
    como acceder al sector privado está bastante complicado para los jóvenes (salvo
    aquellos a los que les funciona el “enchufismo”, que quizá sean los únicos
    jóvenes de su entorno). Personalmente, me pasé 4 años encerrada en casa
    estudiando, preparando primero una oposición nivel A1 que después con los
    recortes dejaron de convocar, y después pasando a otra de nivel A2 (siendo
    doblemente licenciada), y tras luchar mucho, dejándome la piel y el alma,
    conseguí superar a otras 3.000 personas. Y para comparar el nivel de
    dificultad no tiene más que comparar uno de los exámenes recientes con los de
    pruebas de hace 10 años, saque sus propias conclusiones….

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