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A pesar de todo, sigue creciendo el constitucionalismo vasco


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Rafael Larreina

Diputado de Amaiur. Impulsor de Eusko Alkartasuna desde su fundación, fue diputado vasco durante dos décadas representando a esa formación, en nombre de la cual fue uno de los firmantes del Pacto de Estella.


Escrito el 8 de noviembre de 2012 a las 10:28 | Clasificado en Opinión

El diputado de Amaiur Rafael Larreina expica por qué ello también son constitucionalistas.

En todos los procesos electorales que han tenido lugar en Euskal Herria en el último año y medio, hay una constante común: el crecimiento del voto constitucionalista vasco se produce de forma constante y homogénea en todos los territorios del sur de Euskal Herria. De Bizkaia a Nafarroa pasando por Gipuzkoa y Araba/Alava donde en los últimos comicios ha sido mayoritario por primera vez.

Supongo que más de una de las personas que estén leyendo estas líneas estará desconcertada y pensará que estoy equivocado pues han ganado las fuerzas políticas abertzales. Y es verdad, hemos ganado quienes nos identificamos con el abertzalismo, pero no es menos cierto que los abertzales también somos constitucionalistas pues aspiramos tener una constitución vasca y trabajamos para hacer realidad esa aspiración en el seno de la Unión Europea, de una Unión Europea diferente, más social, más humana, más justa.

En la cultura política española abundan en demasía quienes pretenden monopolizar la verdad y se apropian de conceptos democráticos que son universales, y entre esos están los que abusan del término “constitucionalista”. Bajo las bonitas palabras del “Estado de Derecho” ocultan la negación de éste. Hablan del cumplimiento de la Ley cuando llevan más de treinta años incumpliendo una Ley orgánica refrendada por la ciudadanía, como es el Estatuto de Gernika. Cierran periódicos y emisoras de radio, detienen periodistas, ilegalizan partidos, no se investigan vulneraciones de derechos humanos o malos tratos en comisarías tal como ha señalado repetidamente el Tribunal Europeo…

Al final, ese pseudo-constitucionalismo esconde el objetivo de imponer antidemocráticamente un modelo de Estado y una identidad nacional, así como el fracaso de un proceso de Transición que se encuentra inacabado. Estos treinta años demuestran que, a pesar de todos los obstáculos, maniobras e imposiciones, la sociedad vasca tiene cada vez más ese perfil de sociedad diferenciada de la española que exige una respuesta democrática de respeto a esa realidad.

En la nueva etapa política que se ha abierto en Euskal Herria no caben esos planteamientos impositivos. La tendencia que marcan los tres últimos procesos electorales plantea un reto y una oportunidad al Estado español: finalizar democráticamente el proceso de Transición y modernizar sus estructuras políticas y ‘mentales’ de forma que el estado se sustente en el concepto republicano de ciudadanía, personas libres con derechos, que puedan decidir su futuro, su propia identidad, su marco propio de convivencia en Europa.

Los constitucionalistas vascos planteamos con claridad nuestro derecho a ejercer la soberanía para que la sociedad vasca pueda decidir libremente su futuro, su modelo de organización política, su modelo social, su forma de estar en Europa. En definitiva el derecho a tener nuestra propia constitución. De los constitucionalistas españoles esperamos talante democrático para admitir la diversidad de identidades nacionales y compromiso de diálogo democrático para buscar acuerdos que pongan punto final al conflicto político no resuelto entre los territorios vascos y el Estado.

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