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Construcción versus destrucción europea


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Rafael Larreina

Diputado de Amaiur. Impulsor de Eusko Alkartasuna desde su fundación, fue diputado vasco durante dos décadas representando a esa formación, en nombre de la cual fue uno de los firmantes del Pacto de Estella.


Escrito el 9 de mayo de 2013 a las 10:28 | Clasificado en Amaiur

Europa no se ha construido como una Unión social de ciudadanos, sino como un mercado para especuladores.

Cada año que pasa cuesta más, al menos a mí me pasa, hablar de celebrar el día de Europa. Esa Europa añorada por Jean Monnet , Robert Schuman, Alcide de Gasperi… es una Europa que cada vez está más lejana. La actual situación de profunda crisis económica y social está poniendo al descubierto las debilidades actuales, más bien diría las traiciones al ideal originario, que sufre el proceso de construcción europea.

En cuanto han aparecido las dificultades económicas ha surgido por doquier el ‘egoísmo de Estado’ que lleva consigo, además de una profunda insolidaridad, un proceso de destrucción europea. El ideal de una Europa de los ciudadanos y ciudadanas se ha visto bloqueado por una Europa de los mercados, de los intereses financieros, de las fronteras interiores y exteriores, que está haciendo desandar lo andado y volver hacia una nueva versión de aquel primer estadío que supuso la Comunidad Económica del Carbón y del Acero, ahora transformada en la comunidad de la especulación financiera.

El error de plantear la mal llamada Constitución Europea como un montaje con un importante déficit democrático y ningún compromiso con la Europa Social nos ha dejado atados de pies y manos en el actual escenario de crisis económica y prolongada recesión, al albur de los intereses de los especuladores financieros, e incapaces de poder tomar medidas efectivas para salir de ella y defender el modelo europeo de bienestar social.

Se han suscitado debates sobre si el problema es el euro y sobre la oportunidad de salir de la moneda única. Creo sinceramente que el problema no es el euro, la moneda única. El problema radica en que, en vez de construir Europa hemos construido un simulacro de Europa y nos encontramos con que nada es lo que parece ser.

Ni el Banco Europeo es un Banco Europeo que, como tal, pueda hacer política monetaria, ni el Parlamento Europeo es un Parlamento en plenitud de facultades democráticas, ni la Comisión Europea es un auténtico Gobierno democrático. Y al final en esa Europa de bambalinas los hilos del guiñol los mueven los intereses económicos de los especuladores financieros en vez de la ciudadanía de la Unión.

El resultado es claro: estamos ante una Europa de los mercados financieros en vez de la Europa social de los ciudadanos y ciudadanas, una Europa sumergida en la recesión, en la que el incremento del paro en el área mediterránea se va extendiendo hacia el norte, en la que los empleos sin derechos se extienden paulatinamente y en la que los recortes del estado de bienestar se plantean como ineludibles.

Creo que ha llegado la hora de plantarse y hacer frente a este proceso de destrucción europea. Ha llegado la hora de romper con el paradigma de la ineludible dictadura de los mercados e iniciar un proceso constituyente de una nueva Unión Europea social que, desde la ciudadanía activa, desde los pueblos que no siendo Estados nos sentimos profundamente europeos, abordemos esa necesaria democratización.

Europa no puede reducirse a un mercado, Europa no puede reducirse a una suma de fronteras obsoletas, Europa debe transformarse en una unión de ciudadanos y ciudadanas que desde su propia identidad nacional y cultural ejerzan una profunda solidaridad hacia dentro y hacia fuera de la propia Unión, constituyéndose en referencia de igualdad de oportunidades y justicia social para otras latitudes.

Desde esta perspectiva, algo tendremos todos que hacer para que tenga sentido celebrar el día de Europa.

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