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Esfuerzos de normalización política


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Rafael Larreina

Diputado de Amaiur. Impulsor de Eusko Alkartasuna desde su fundación, fue diputado vasco durante dos décadas representando a esa formación, en nombre de la cual fue uno de los firmantes del Pacto de Estella.


Escrito el 28 de febrero de 2013 a las 9:06 | Clasificado en Amaiur

Larreina aboga por tratar la cuestión vasca con el Gobierno, que se niega en redondo. Destaca otras iniciativas de diálogo que sí están funcionando.

Días de debates generales en el Congreso, días de hacer balance tanto por parte de quienes tiene responsabilidades de gobierno como por parte de quienes están en la oposición. Desde nuestra perspectiva peculiar en las Cortes Generales, ocasión de analizar como se ha ido desarrollando el proceso de normalización política y pacificación que atañe a nuestro país, a Euskal Herria.

El actual Gobierno que preside Mariano Rajoy inició su andadura en una nueva etapa política que se había abierto en Euskal Herria, fruto del esfuerzo, trabajo y responsabilidad de muchos agentes políticos y sociales vascos. A partir del cese definitivo de su actividad, que hizo público ETA en octubre de 2011, se suscitó en todo nuestro país una masiva corriente de ilusión y esperanza ante una paz que se considera ya una realidad al alcance de la mano.

La inmensa mayoría de la sociedad vasca -léanse los estudios sociológicos del CIS o del Euskobarómetro- cree que es posible la normalización política, la reconciliación, la reparación de todas las injusticias sufridas por tantas personas durante tantos años.

A partir de la declaración de Aiete surgida en el ámbito internacional, han aflorado también en el seno de la sociedad vasca iniciativas que han aportado en positivo experiencias y proyectos al proceso de normalización que exige la absoluta mayoría de la ciudadanía del conjunto de Euskal Herria.

Hablamos, por ejemplo, de la Iniciativa Gleencree en la que hay personas cuyos maridos, padres o hermanos fueron secuestrados, torturados o asesinados por el GAL u otras organizaciones similares, y otras cuyos maridos, padres, hijos o hermanos fueron secuestrados, torturados o asesinados por ETA. También hay personas que han sufrido violencia de persecución y otras que han sufrido tortura o muerte de familiares por actuaciones policiales.

Todas estas personas han señalado que “durante estos años de encuentros hemos guardado silencio hacia el exterior, tratando de escucharnos y de dialogar sin ninguna incidencia ajena al grupo. Hemos vivido un proceso de encuentro y discusión, difícil y conmovedor, con la intención de que ese paso fuese nuestro grano de arena en la construcción de la paz”.

Hablamos también, por ejemplo, de la iniciativa Eraikiz desarrollada hace unas semanas en Errenteria. Una iniciativa de todos los grupos políticos municipales, incluido el del Partido Popular, y que busca abrir el camino a la concordia en una de las localidades vascas que más ha sufrido todo tipo de violencias.

En contraste con estas iniciativas plurales que han surgido en el seno de la sociedad vasca, desde el Gobierno del Estado no ha habido iniciativas que apoyasen el proceso. Desde mi punto de vista pienso que también el Gobierno que preside Mariano Rajoy debería hacer el esfuerzo de aportar en positivo sumándose al resto de agentes políticos y sociales, en ese trabajo a veces visible, a veces discreto, por conseguir una sociedad cohesionada y en paz.

Es hora de abandonar las trincheras y construir puentes de encuentro, es hora de aparcar los tópicos y los prejuicios y hablar mucho más, hablar sin parar, para conocerse más, para considerar las otras realidades que existen, aunque no las tengamos presentes en nuestros respectivos imaginarios. Es hora de que los responsables políticos dejemos de ir por detrás de la sociedad. Lo que es posible en Errenteria, en Glencree, o en el Forum pour la Paix-Bake Bidean de Iparralde -que en el estado francés agrupa a todas las fuerzas políticas, desde la UMP y el PSF a las fuerzas políticas abertzales-, tenemos que hacerlo posible en el conjunto de Euskal Herria y en el Estado.

Quienes tenemos la representación de Amaiur tenemos un mandato de nuestros electores de tener siempre la mano tendida, estar abiertos al diálogo a la búsqueda de acuerdos. Rajoy debería sumarse a este esfuerzo colectivo de diálogo de búsqueda de acuerdos entre diferentes, debería aprovechar esta oportunidad de contribuir a ese logro colectivo de conseguir cuanto antes esa normalización política, esa sociedad reconciliada y en paz que nos reclama la inmensa mayoría de la ciudadanía. Rajoy debería ser consciente que quizás sea el único logro tangible y positivo que pueda ofrecer en su mandato.

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