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La otra corrupción de la política


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Rafael Larreina

Diputado de Amaiur. Impulsor de Eusko Alkartasuna desde su fundación, fue diputado vasco durante dos décadas representando a esa formación, en nombre de la cual fue uno de los firmantes del Pacto de Estella.


Escrito el 31 de enero de 2013 a las 19:12 | Clasificado en Amaiur

El diputado de Amaiur reprocha la falta de respuesta del ministro Gallardón a las preguntas del Pleno sobre las informaciones acerca de casos de supuesta corrupción.

El panorama que ofrecen las portadas de los medios de comunicación esta semana es desolador: más de la mitad de los titulares hacen referencia a sucesos relacionados con casos de  corrupción. Pero ante este panorama desolador lo más preocupante es la falta de respuesta contundente y clara desde el propio ámbito de la política a un fenómeno que en el Estado español tiene hoy en día carácter sistémico.

El Pleno que ha celebrado esta semana el Congreso de los Diputados es una buena muestra de lo que no debe ser la política. Ante la pregunta planteada al Gobierno por Maite Aristegi,  diputada de Amaiur, sobre qué piensa hacer el Ejecutivo para erradicar la corrupción de las estructuras del Estado, el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, se ha salido de la cuestión y ha recurrido a la repetida argucia de intentar vincular a nuestro grupo con el terrorismo. Ha perdido la ocasión de ser contundente frente a la corrupción y demostrar que el Gobierno quiere plantar cara a esta lacra política y social.

Seguramente piensa que con ese tipo de irresponsable discurso gana puntos entre su parroquia más extrema, borrando la supuesta imagen progresista que le ha acompañado en algunas ocasiones. Sin embargo, lo único que ha conseguido es trasladar al debate político otra forma de corrupción que oculta la realidad a la vez que intenta desviar la atención de la opinión pública, recurriendo al argumento emotivo de mostrar la injusticia sufrida por las víctimas del terrorismo e intentar contrastarlo con la supuesta indiferencia de quien según él apoya la violencia.

Pero esa corrupta forma de hacer política lo único que consigue es generar nuevas injusticias al excluir del recuerdo y reconocimiento a otra víctima a la que también le fue arrebatada la vida en esa misma fecha, pero de un año antes. Al final -oh, paradoja, según el imaginario del ministro- tuvo que ser el grupo de Amaiur quien recordara y mostrase su respeto tanto al matrimonio formado por Alberto Jiménez Becerril y Ascensión García como a Eugenio Olaciregui Borda, y reparase la injusticia del ministro de Justicia.

Estoy convencido que esa omisión fue inconsciente y por tanto no voy a caer en la mala praxis política de la intervención del ministro de atribuir al adversario político la presunción de culpabilidad, pero sí creo que hay que llamar la atención para intentar cambiar esta corrupción de la política, que tiene la misma raíz de la que ocupa los titulares de prensa, y recuperar su noble sentido regido por la honradez, la claridad, la sinceridad, el espíritu de servicio y el respeto al adversario.

Sólo así la política dejará de ser el espacio en el que se cavan trincheras para pasar a ser el espacio donde se construyen puentes. En este último espacio es donde queremos trabajar.

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