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La torpeza de confundir derecho con privilegio


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Rafael Larreina

Diputado de Amaiur. Impulsor de Eusko Alkartasuna desde su fundación, fue diputado vasco durante dos décadas representando a esa formación, en nombre de la cual fue uno de los firmantes del Pacto de Estella.


Escrito el 20 de junio de 2013 a las 8:33 | Clasificado en Amaiur

El Concierto Económico vasco y el Convenio navarro no son privilegios, sino derechos constitucionales que, además, no son insolidarios. El debate lo ha creado un Gobierno que no sabe cómo afrontar la crisis.

La polémica que algunos han creado esta última semana poniendo en cuestión el Concierto Económico de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa y el Convenio de Nafarroa está absolutamente contaminada por la torpeza política de quienes no son capaces de dar soluciones a los graves problemas por los que atraviesa su país.

Está claro que el sistema autonómico puesto en marcha en su día ha fracasado. Surgió del famoso “café para todos” con el objetivo de difuminar los conflictos políticos entre España y las naciones históricas en las que había, y sigue habiendo, acrecentada, una demanda de ejercicio pleno -en el sentido que “pleno” tiene en el seno de la Unión Europea- de la soberanía.

Hoy, más de treinta años después, es evidente que ese sistema no vale para satisfacer las necesidades y las demandas, al menos, de Catalunya y Euskal Herria. Está claro que no da oportunidad de decidir y desarrollar nuestras propias políticas, y condiciona y obstaculiza nuestro futuro. Pero es que además ha generado una “burbuja institucional” en el resto del Estado, provocadora de ineficiencias y generadora de un clima de corrupción que amenaza al Estado español con devenir en estado fallido desde el punto de vista económico y social.

Ante esta situación, responsables políticos de los partidos de ámbito estatal en algunas autonomías, en vez de reconocer su incapacidad de dar respuesta y soluciones a los graves problemas económicos y sociales que han generado en sus territorios, han agitado la bandera del agravio manipulando conceptos y demostrando una gran ignorancia sobre la realidad del Concierto y del Convenio Económico vigentes en Euskal Herria.

El Concierto y el Convenio son derechos históricos -nunca privilegios- que corresponden a los territorios de Euskal Herria. Son restos de la soberanía arrebatada por la fuerza en el siglo XIX, y son reconocidos como tales derechos por el propio texto constitucional. No está de mas recordar que el Concierto y las leyes quinquenales del cupo son aprobadas por los respectivos parlamentos y el Congreso de los Diputados por el trámite de lectura única, al igual que los tratados internacionales.

En esta polémica son especialmente dolorosas las acusaciones de falta de solidaridad. En momentos como los actuales, en esta grave situación económica, ese tipo de críticas son pura demagogia. La sociedad vasca ha demostrado una y otra vez su solidaridad, apoyo y cercanía a los otros pueblos que forman parte del Estado. Pero es que el propio sistema de Concierto o Convenio es solidario no solo con la aportación de la parte correspondiente de las cargas comunes del Estado, con independencia de la recaudación y asumiendo, por tanto, unilateralmente el riesgo de las coyunturas económicas, sino que también realiza su aportación al fondo de compensación interterritorial y a la financiación de la deuda pública del Estado.

Esta última es una prueba más de que no existe insolidaridad: a pesar de que el endeudamiento público es muy inferior en los territorios forales, cada persona de Euskal Herria aporta en el cupo por este concepto cerca de 2.000 euros anuales, mientras que la aportación de cada persona del resto del Estado no llega a los 1.200.

Hay quien ha pensado que avivando esta manipulada polémica iba a conseguir enfrentar a las sociedades vasca y catalana dividiendo y debilitando así los planteamientos soberanistas. Nada más lejos de la realidad. Euskal Herria y Catalunya vivimos situaciones y procesos diferentes. Pero en la base hay un elemento común: en ambas naciones reclamamos el derecho a decidir, el derecho de todo pueblo a elegir su futuro en función de la voluntad de la ciudadanía. Y en ese punto, sin ninguna duda, tanto en la sociedad de Euskal Herria como en la de Catalunya ha prevalecido, y prevalece, el respeto y la solidaridad entre los dos pueblos. Eso nunca lo van a poder destruir.

Por mucho que agiten algunos estas polémicas estériles no van a condicionar ni arruinar los procesos abiertos en nuestras respectivas sociedades. Estamos ante una polémica que está muy lejos de la real solidaridad entre los pueblos y los ciudadanos y ciudadanas. El debate que reclaman Euskal Herria y Catalunya es el reconocimiento de cada nación y la asunción de su derecho a decidir. Y el debate que reclama la ciudadanía de España es que sus dirigentes asuman su responsabilidad y pongan fin al desgobierno, a la crisis económica, al proceso de recorte y liquidación del Estado de Bienestar.

El recorte de las pensiones, de los derechos laborales, de la sanidad y educación públicas, de los servicios sociales, el aumento del paro, de la pobreza, de la exclusión social, y el espectáculo desolador de la corrupción no tienen nada que ver con el Concierto y el Convenio Económicos, sino con la torpeza, la mala gestión y la debilidad democrática de esos dirigentes políticos que sólo saben agitar polémicas estériles para tapar su inutilidad política, cada vez más patente para esa sociedad a la que dicen representar, pero de la que cada vez están más lejos.

No estamos ante privilegios. Estamos ante derechos de la ciudadanía de Euskal Herria que hay que respetar, ante los derechos sociales de la ciudadanía española que hay que garantizar, y ante la torpeza de algunos incapaces de respetar y garantizar unos y otros derechos que, lejos de ser incompatibles, son realmente solidarios.

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