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Una injusticia no se repara con otra injusticia


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Rafael Larreina

Diputado de Amaiur. Impulsor de Eusko Alkartasuna desde su fundación, fue diputado vasco durante dos décadas representando a esa formación, en nombre de la cual fue uno de los firmantes del Pacto de Estella.


Escrito el 17 de enero de 2013 a las 10:24 | Clasificado en Amaiur

El diputado de Amaiur rechaza el lema de “todo es ETA” y defiende que sólo “una minoría insignificante” apoya la violencia

La masiva manifestación del sábado en Bilbao ha generado una reata de reacciones y declaraciones que, en muchos casos, han rebasado los cauces por los que las gentes caracterizadas por su cultura democrática hacen discurrir sus opiniones y ejercen el derecho a la libertad de expresión. Pero es que, desgraciadamente, hay muchas personas -algunos, que deberían ser, responsables políticos y algunos de los llamados creadores de opinión- que confunden sus deseos con la realidad y aplican el todo vale con tal de hacer valer sus tesis, imponiéndolas por encima de la realidad.

Quienes viven presos en su propia trampa dialéctica de que “todo es ETA”, ignoran el lema que fija el objeto de la manifestación, así como la declaración leída, y deciden que todas las personas que apoyaban, y las que participaban en la manifestación, estaban apoyando el terrorismo y legitimando las injusticias cometidas. Imponen su propia teoría o sus propios deseos a una realidad evidente: que en el seno de la sociedad vasca son una minoría insignificante quienes apoyan la utilización de la violencia para conseguir objetivos políticos.

Sin embargo, quienes hemos apoyado esta manifestación estábamos defendiendo algo tan elemental en democracia como que una persona presa sigue teniendo derechos, aunque tenga otros restringidos. Que la ley -esa ley y ese estado de derecho con los que tan a menudo se llenan la boca algunos- hay que cumplirla. O que, en definitiva, la justicia en un estado democrático no tienen nada que ver con la venganza.

Defendíamos también que a los familiares de esas personas que están en prisión no se les puede poner una pena que ningún tribunal les ha impuesto, pues no han cometido ningún delito. Que imponerles esa pena es tan injusto como atribuirles su conformidad con la violencia o pensar que son indiferentes ante el dolor ajeno, cuando la realidad es que -muchos de estos familiares que conozco- sienten como propio ese dolor que han causado algunos de los que están en prisión.

Creo que merece la pena que tanto quienes tenemos responsabilidades políticas, como los medios de comunicación, demos ejemplo -que es la mejor pedagogía- de compromiso con la verdad, con la honradez intelectual. Que hagamos el esfuerzo necesario para generar un nuevo clima social en el que el enfrentamiento de unos contra otros se transforme en un entender y respetar al otro, que es la base para abordar la reparación de las injusticias cometidas.

Digamos que esa es la tarea a desarrollar este año para no tener que seguir repitiendo esa marcha anual.

Al día siguiente de la manifestación alguien dijo con solemnidad que esa expresión popular que llenó las calles de Bilbao no borraba los delitos de los presos, y es cierto. Pero con la misma solemnidad y convicción hay que decir que tampoco una injusticia se repara con otra injusticia.

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