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Banalizar el fascismo


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Carles Campuzano

Nacido en Barcelona en 1964, licenciado en Derecho y diputado de CiU en el Congreso desde 1996. Miembro del consejo ejecutivo nacional de Convergència Democràtica de Catalunya.


Escrito el 20 de septiembre de 2013 a las 10:41 | Clasificado en CiU

“La extrema derecha, en sus diversas versiones, está activa y la crisis que estamos sufriendo es un caldo de cultivo excelente para su extensión. La decadencia de los grandes partidos es también su oportunidad”.

Banalizar o minimizar el asalto fascista a la delegación de la Generalitat en Madrid, acaecido el pasado 11 de septiembre, sería alguna cosa más que un error político por parte del Gobierno; de hecho, supondría en la práctica legitimar que la violencia contra los representantes de las instituciones tiene algún tipo de justificación.

Porque de aquello de lo que nadie puede dudar es que el asalto fue un acto radicalmente violento. Y no tan sólo por la violencia física que se ejerció contra todas las personas que aquella tarde celebraban la Diada Nacional de Catalunya, sino porque la ideología que sustentó la acción se define por su voluntad de liquidar a todos aquellos que piensan o sienten de manera distinta. Esa es la esencia de las ideologías totalitarias como el fascismo y el nazismo.

Ciertamente, en este ámbito España tiene un problema en la medida de que la presencia de un activo extremismo de derechas tiende a ser ignorado. El hecho de que los grupos derechistas no sean, hoy por hoy, un actor políticamente relevante, que su peso electoral sea pequeño y muy limitado en algunos municipios, que hasta ahora haya tenido una articulación orgánica muy frágil y no exista ningún liderazgo efectivamente reconocido, hace pensar a muchos que el problema como tal no existe; que, como mucho, hay que soportar un problema de mero orden público, que está más o menos controlado.

Pero los hechos del día 11 nos indican que estos grupos no tienen límites en sus acciones. Aquel día fueron los catalanes y amigos de catalanes que se encontraban en el centro cultural Blanquerna quienes fueron objeto de su agresión. Antes lo han sido personas vinculadas a la izquierda o a movimientos sociales alternativos. Mañana, no lo sabemos.

La extrema derecha, en sus diversas versiones, está activa y la crisis que estamos sufriendo es un caldo de cultivo excelente para su extensión. La decadencia de los grandes partidos es también su oportunidad.

Se necesita una acción política en todas los frentes, en defensa de la democracias y los valores y principios que la sustentan; una acción política que debe asumir la necesidad de ilegalizar aquellos partidos y asociaciones que profesan y practican ideologías fundamentadas en la exclusión, la persecución y la violencia contra personas por razón de su ideología, religión o creencias, nacionalidad, raza, sexo y orientación sexual.

No deja de ser paradójico, en este contexto, que la Comisión Europea, por medio de la vicepresidenta Viviane Reding, haya advertido a España del riesgo de una sanción por la exhibición de símbolos fascistas en una reciente entrega de diplomas que hizo la delegada del Gobierno en Catalunya a antiguos miembros de la nazi División Azul.

La memoria colectiva debería pesar más. En defensa de la democracia y sus valores.

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