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Los niños, riqueza de la sociedad


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Carles Campuzano

Nacido en Barcelona en 1964, licenciado en Derecho y diputado de CiU en el Congreso desde 1996. Miembro del consejo ejecutivo nacional de Convergència Democràtica de Catalunya.


Escrito el 1 de julio de 2014 a las 10:25 | Clasificado en CiU

Los últimos datos del INE y de Unicef muestran crudamente el impacto de la crisis en los niños españoles

Esta misma semana han coincidido las presentaciones de dos documentos reveladores de las enormes consecuencias sociales de la larga y dura recesión económica que hemos padecido y del déficit de bienestar que arrastra la sociedad desde antes de la crisis iniciada en 2007.

Por un lado, el último informe de Unicef sobre la situación de la infancia nos alerta del escándalo que supone para una sociedad que aspira a la decencia: el numero de niños y  niñas menores de 18 años que viven en riesgo de pobreza es de más de 2,3 millones, cifra que representa un porcentaje del 27,5% del total de menores que residen en España. Y lo más sangrante, el número de niños que sufren una situación de privación material severa ha pasado de un 5,5% a un 8,3%.

Evidentemente estas cifras reflejan, con toda su severidad, la profundidad de la crisis y las cicatrices que en toda una generación de personas habrá provocado el hundimiento de la economía a partir de 2007. El número de cerca de un millón de familias en las que todos sus adultos están desempleados explica, de manera muy significativa, el impacto de la crisis en el incremento de la pobreza infantil.

Una pobreza infantil que ciertamente era ya también un problema en los años del crecimiento económico, y que tiene que ver directamente con algunos de los problemas y déficits que sobrellevamos desde hace demasiado tiempo: una tasa de paro elevada incluso en tiempos de bonanza, una tasa de actividad insuficiente para una economía moderna, una escasa inversión en políticas de apoyo a la primera infancia y a las familias. Todo ello  lastra la capacidad redistributiva de nuestro sistema de bienestar e incrementa el riesgo de pobreza y las desigualdades.

Por otro lado, el INE hacía público su último informe sobre población que apuntaba una significativa caída en el numero de nacimientos (un 6,4% menos), con un porcentaje acumulado desde 2008 de caída del 18,1; el descenso de los nacimientos tuvo su origen en una menor fecundidad (el indicador coyuntural de fecundidad o “número de hijos por mujer” disminuyó desde 1,32 en 2012 a 1,26 en 2013). Y ahí de nuevo, como ponen de relieve los últimos trabajos de Gosta Esping-Anderse, es el déficit de bienestar la explicación de unas cifras de nacimientos tan preocupantes, tanto como síntoma de la insuficiencia de las políticas de atención a la infancia temprana como sobre sus consecuencias a medio plazo en la economía y en el Estado del Bienestar.

Es urgente un cambio de orientación de la política económica a escala del Estado, pero sobre todo de la Unión Europea; una nueva política económica que apueste por el crecimiento y la creación de empleo. Pero también es imprescindible una revisión a fondo de las prioridades sociales y entender que las familias y los hijos constituyen la principal riqueza de una sociedad avanzada. El pacto por la infancia que nos propone Unicef es pues un paso en la dirección adecuada. En Catalunya hace tiempo que avanzamos por esa ruta.

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