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Sobre la buena política


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Carles Campuzano

Nacido en Barcelona en 1964, licenciado en Derecho y diputado de CiU en el Congreso desde 1996. Miembro del consejo ejecutivo nacional de Convergència Democràtica de Catalunya.


Escrito el 5 de abril de 2013 a las 10:11 | Clasificado en CiU

Frente a maximalismos, o rechazos rotundos, la construcción de alianzas acostumbra a ser la mejor revolución para transformar la realidad.

La noticia de la aprobación por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas de un Tratado sobre el Comercio de Armas ha sido recibida con júbilo por los activistas en favor de los derechos humanos de todo el mundo. Como sucede a menudo, aquello que hace más de 10 años parecía un hito imposible termina convirtiéndose en realidad. La aspiración a controlar y limitar los efectos del comercio de armas es norma de obligado cumplimiento. Y la foto de aquellos que rechazaron o no apoyaron la iniciativa dibuja el frente de quienes se oponen a avanzar en reglas universales que permitan avanzar en un mundo mejor. Aún queda mucho trabajo por hacer, pero el salto cualitativo es evidente. La regulación y la limitación que el nuevo tratado introduce buscan reducir las muertes por las armas de fuego y las vulneraciones de los derechos humanos.

Como siempre habrá quien considere el tratado insuficiente. Y quienes piensan que literalmente debería de prohibirse el comercio de armas. En cambio, la coalición de ONGs que a nivel mundial ha protagonizado la campaña “Armas bajo control” sabe que el gradualismo y la construcción de alianzas acostumbra a ser la mejor revolución para transformar la realidad. Identificar gobiernos democráticos que comparten valores y políticas, y saber trabajar con ellos; presionar desde una opinión pública informada a quienes son reticentes de entrada; promover pronunciamientos desde abajo que van haciendo posible la asunción con normalidad de una demanda que, de entrada, es tildada de utópica; huir del maximalismo y ofrecer respuestas técnicamente solidas, sin huir de las complejidades de los problemas,… Toda una receta que permite cambiar la realidad y que exige inteligencia, firmeza, rigor y paciencia.

Mi experiencia parlamentaria me demuestra que existen organizaciones y personas concretas que en Catalunya y en España saben trabajar de esta manera. Organizaciones que en distintas materias han ido más allá de plantear las preguntas que tocan y que han sabido ofrecer también parte de las soluciones que se requieren. Y que han sabido tejer alianzas múltiples, con inteligencia, para acumular fuerzas. Se trata de saber hacer buena política y tener el coraje de asumir que un buen acuerdo que permita avanzar en la correcta dirección implica el riesgo de la decepción y de la crítica de quienes se sienten más auténticos. Pero esa es la buena política, aquella que nos permita mejorar la realidad, la única que al final nos permite vivir de manera decente en una comunidad de personas libres e iguales.

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