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Treinta y siete años en el desierto


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Carles Campuzano

Nacido en Barcelona en 1964, licenciado en Derecho y diputado de CiU en el Congreso desde 1996. Miembro del consejo ejecutivo nacional de Convergència Democràtica de Catalunya.


Escrito el 22 de marzo de 2013 a las 11:39 | Clasificado en CiU

La situación del Sáhara Occidental sigue estancada casi cuatro décadas después. El diputado de CiU avisa de un posible estallido violento.

Para vergüenza de todos, el drama de los refugiados saharauis en el desierto de Tinduf sigue ahí. Treinta y siete años después de la huida de España del Sáhara Occidental y de la Marcha Verde organizada por Hassan II, la comunidad internacional, y de manera muy singular los estados español y francés, no ha tenido la voluntad política de resolver el conflicto y dar cumplimiento a las resoluciones de las Naciones Unidas que consagran el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui.

Es precisamente el reconocimiento del derecho a la autodeterminación la piedra angular del mecanismo que debe encauzar la solución a que tiene su origen en el pésimo proceso de descolonización, conducido por la potencia ocupante, que no era otra que España.

Esta semana en el Congreso de los Diputados, y en el marco del Intergrupo Parlamentario en defensa de los Derechos Humanos, hemos tenido que volver a sonrojarnos. Hemos escuchado el testimonio de la activista Aminata Haidur, que acompañada de Carlos Martín Beristai, autor de un riguroso estudio sobre las vulneraciones de los derechos humanos en el Sahara Occidental, titulado ‘El oasis de la memoria’. Nos recordó cuál es de nuevo la situación en los territorios de la antigua provincia española. La represión y la sistemática vulneración de los derechos más elementales continúan.

Recordemos algunas cosas

Desde la instauración del alto el fuego entre el Frente Polisario y Marruecos en 1991, los saharauis han renunciado al uso de la violencia para defender sus legítimos derechos. Se apostó por la paz, el diálogo y la autodeterminación. Y todas las expectativas que se suscitaran en la década de los ‘90 y primeros años 2000 fueron sucesivamente frustradas, fundamentalmente por el obstruccionismo de Marruecos.
Haidar nos dejó un mensaje muy claro: para las nuevas generaciones de saharauis la opción del retorno a la violencia vuelve a estar encima de la mesa.

La humillación, la falta de reconocimiento y las vulneraciones de los más elementales Derechos Humanos empujan a los jóvenes a la revuelta. Lo hemos visto en un par de ocasiones, al menos, durante los últimos años. Y todo ello puede ir a más.

En España se aducen razones de realismo político para no afrontar a fondo y con voluntad la solución al conflicto. La presencia de una comunidad marroquí muy importante, intereses compartidos en los ámbitos comerciales y económicos, pero también en el terreno de la seguridad (terrorismo, drogas…) y la gestión y control de la inmigración, configuran una agenda que, al parecer de los diversos gobiernos españoles, aconsejan templar el asunto, esperando que el paso del tiempo lo resuelva, sin enervar a Marruecos.

La situación puede complicarse. Treinta y siete años son muchos y los problemas no los generan sólo los refugiados de Tinduf, sino también los saharauis de El Aaiún. Las próximas semanas van a ser decisivas. Naciones Unidas debe de decidir la ampliación del mandato de la Minurso y considerar si debe de garantizar el respeto a los Derechos Humanos en el Sáhara Occidental. Marruecos se opone a ello. ¿Y el Gobierno español?

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