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Una tasa sobre las transacciones financieras


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Carles Campuzano

Nacido en Barcelona en 1964, licenciado en Derecho y diputado de CiU en el Congreso desde 1996. Miembro del consejo ejecutivo nacional de Convergència Democràtica de Catalunya.


Escrito el 5 de abril de 2014 a las 11:06 | Clasificado en CiU

Se trata de corresponsabilizar al sector financiero en la salida de la crisis y de movilizar nuevas fuentes de financiación para las políticas públicas que no castiguen la economía productiva.

Pues esta vez parece que sí: 11 gobiernos europeos avanzan en la puesta en marcha de una tasa sobre las transacciones financieras. Aquello que hace más de una década era una reivindicación cargada de utopía de los movimientos sociales vinculados a la denominada ‘globalización alternativa’ hoy forma parte de la respuesta a la crisis de algunos de los principales estados de la Unión Europea.

Ciertamente, las críticas han aparecido por parte de unos y otros. Los sectores vinculados a los mercados financieros nos adviertan tanto de su escasa capacidad recaudatoria real como del impacto negativo que va a tener para los pequeños inversionistas en bolsa, que no tienen aptitud de operar a escala global. Los grupos sociales alternativos advierten de los límites y la modestia de la propuesta concreta que se está discutiendo y de la necesidad de garantizar que los recursos recaudados se destinen a la lucha contra la pobreza.

En cualquier caso, soy de los que piensan que esta tasa sobre las transacciones financieras es un buen paso en la dirección correcta y que merece el apoyo de la opinión publica. Se trata, por un lado, de poner en marcha medidas en la línea de corresponsabilizar al sector financiero en la salida de la crisis. Un sector financiero que ha tenido comportamientos y prácticas que están en el origen de esta Gran Recesión y que ha destruido miles de empresas y millones de empleos.

Pero también se trata de movilizar nuevas fuentes de financiación para las políticas públicas que no castiguen la economía productiva y las ya muy hostigadas clases medias, en un momento de escasez de recursos. Además, la tasa tiene la virtud que abre una nueva vía para combatir los paraísos fiscales al permitir una mayor trazabilidad sobre los movimientos financieros que se dirigen hacia esos territorios. Finalmente, y en clave europeísta, supone avanzar hacia el objetivo de construir una política fiscal de escala europea.

A todos nos conviene que esta operación sea un éxito y que finalmente los 11 gobiernos que han iniciado este recorrido, y singularmente el Gobierno español, no tengan la tentación de dejarse seducir por los cantos de sirena de los mercados financieros que son conscientes del potencial transformador de una medida de estas característica a medio plazo, en el caso de funcionar de manera adecuada.

Y al mismo tiempo debemos ser exigentes para reclamar que lo recaudado, en la línea de lo que defiende Intermon Oxfam, se destine fundamentalmente a la lucha contra la pobreza. Tiene todo el sentido común del mundo que tanta falta hace.

La puesta en marcha de la tasa sobre les transacciones financieras es un muy buen ejemplo de aquello que se ha discutido en Barcelona, y en el marco del 2º Congreso de Comunicación Política de Catalunya, sobre los movimientos “bottom up” y su capacidad transformadora.

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