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Del “There is no alternative” al “Sí se puede”


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Inés Sabanés

Leridana de nacimiento, vallecana de adopción. Coportavoz de la Mesa de Madrid de Equo . Llegó al partido tras militar en IU desde su fundación, donde fue diputada nacional, diputada autonómica en Madrid y concejala en el Ayuntamiento de la capital.


Escrito el 21 de junio de 2013 a las 10:28 | Clasificado en Equo

“Por más que se empeñen las burbujas político-mediáticas en apelar a la cultura de la “transición” para reiterar acuerdos por arriba, ya nadie mira al pasado para resolver el futuro”.

En el momento que vivimos, sigue estando vigente el “There is no alternative”  de Thatcher. Consiguió triunfar en las crisis del siglo XX y, a partir de ello, minar progresivamente el resto de Europa y sus sistemas públicos en educación, sanidad o pensiones. De acuerdo a la supuesta “perfección del funcionamiento del mercado” impusieron  la reducción de impuestos a las rentas más altas y a las empresas, liberalización de mercados, el fin de las políticas de redistribución de la riqueza, la gran reducción del gasto social y el ataque a los sistemas públicos de protección.

El eslogan funcionó, pero el modelo, no. Hoy, consecuencia de la entrada europea en aquel modelo, se desmorona nuestro sistema de derechos y avances, víctima, precisamente, del “funcionamiento del mercado y de los mercaderes” que desencadenaron la crisis financiera. A pesar de ello pretenden imponer una nueva versión del “There is no alternative”. Contra viento y marea, contra la ciudadanía, contra cualquier lógica razonable, contra la igualdad, contra la justicia social universal y contra el futuro de las personas y la capacidad del planeta.

Todo esto tiene una expresión particular y propia en nuestro país. El modelo se ha implantado con la complicidad de unos, las luchas internas de otros y las batallas identitarias transversales y con un sistema político, institucional y de partidos que ha permanecido inmóvil en estos larguísimos años. Sobreactuar ahora, señalando el “régimen del 78″ es bastante inútil después de 35 años, con los partidos políticos actuando con el monopolio de la representación  y en el que “nadie” ha movido ficha para permeabilizarlos, abrirlos al control y participación y a la transparencia. Es bastante más importante reconocer los errores y gastar todos los esfuerzos en revolucionar la democracia, para ser capaces de construir mayorías sociales para “derrotar” el “No hay alternativa” construyéndola en común  con la gente.

Decía Churchill  que un político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones. Partía de la lógica de la política del siglo XX y del papel de los políticos y partidos de aquel momento, pero con una interpretación mucho más colectiva  y de construcción común, la reflexión vale.

Si hay un momento para utilizar las gafas de cerca para reaccionar y las de lejos para construir alternativas, es ahora. Precisamente, en pleno cambio de época, cuando lo viejo no acaba de morir y, lo nuevo no acaba de nacer es cuando corremos el riesgo  de que no se cambien verdaderamente las reglas del juego. Lo que es imprescindible ahora es afrontar la crisis de la pérdida de la democracia que es la condición necesaria para que triunfe de nuevo el “no hay alternativas”.

En este sentido es muy interesante la reflexión de Sousa. Analiza la dificultad de los frentes, bloques para una alternativa de izquierdas, encarando las contradicciones reales, alertando de los errores de haber construido desde los grupos cerrados de partidos o organizaciones sociales poniendo de manifiesto que el resto de ciudadanos ahora son los que están en la calle … “De ellos va a venir el futuro; la transformación democrática va a llegar de la mano de todos los indignados: pensionistas, jóvenes, médicos, profesionales,… que implican, además, una unión intergeneracional que antes no existía y que tienen que llevar a cabo una revolución democrática; la necesitamos para no llegar a la catástrofe”.

Nadie tiene todas las respuestas, hay que admitirlo. Quizás debemos concentrarnos en que nada de lo que hagamos desde diferentes espacios e iniciativas dificulte la construcción de la “política” de este siglo a la altura de la gravedad de la situación. Como plantea @estebandemanuel recuperar la política del marasmo, requiere que asumamos que la política ya es de todos y todas, interpretando  que la gestión de la crisis sistémica a la que hacemos frente sólo será posible con mecanismos permanentes de participación ciudadana en la elaboración de propuestas, su deliberación y la toma de decisiones.

Estamos ante una crisis económica, demográfica, ecológica y política de enormes dimensiones y al igual que no valen determinadas formulaciones de la democracia representativa, tampoco  vale la lógica dominante que apela al crecimiento entendiéndolo como capacidad infinita y un círculo-también infinito-de crédito y consumismo. Este es el modelo que partiendo todavía de un pensamiento dominante y “colonial” se basa en esquilmar sin complejos, recursos y oportunidades a media humanidad, a la vez que agota el planeta. Por si esto fuera insuficiente para alguien,  además nos ha llevado a la ruina económica y moral.

Por más que se empeñen las burbujas político-mediáticas en apelar a la cultura de la “transición” para reiterar acuerdos por arriba, ya nadie mira al pasado para resolver el futuro. De la misma forma que resolver la crisis sistémica requiere ser conscientes de que la cultura de los excesos y la especulación sobre territorio y recursos, prometía bienestar y ha traído más pobreza y más desigualdad.

Hay alternativas, la fuerza del Sí se puede es la suma de muchas voluntades, de muchas ideas, con una nueva capacidad colectiva para desandar caminos y andar otros, y producto de la ocupación del espacio público y de lo común por muchas iniciativas y movimientos diversos. Posiblemente ahí, cambiando radicalmente las reglas de juego, están las posibilidades de derrotar el “No hay más alternativa”… que imponer la barbarie.

 

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