Arrow

Efectos especiales en el 2 de mayo


0
Inés Sabanés

Leridana de nacimiento, vallecana de adopción. Coportavoz de la Mesa de Madrid de Equo . Llegó al partido tras militar en IU desde su fundación, donde fue diputada nacional, diputada autonómica en Madrid y concejala en el Ayuntamiento de la capital.


Escrito el 4 de mayo de 2013 a las 21:34 | Clasificado en Equo

Esperanza Aguirre consigue desviar el foco de atención criticando a Rajoy, pero lo que esconde son las cuentas que evidencian su gestión, basada en la inversión pública especulativa, las concesiones interesadas y la falta de austeridad.

Esperanza Aguirre, olvidando los sucesivos recortes aplicados a los empleados públicos y a los propios servicios, ha levantado una polvareda con sus declaraciones sobre la necesidad de nuevos recortes y con la encendida defensa del “adelgazamiento de la administración”. Se queda tan ancha mientras acelera una cascada de interpretaciones en clave interna y de poder, que da un gran juego a los medios y hacen correr ríos de especulaciones sobre el futuro.

En el fondo, cambia el foco de atención el mismo día que salen las encuestas de Madrid. En ellas se hace visible ya el desgaste y el efecto de sus políticas en los últimos años. Su gestión se caracterizó por la fiebre imparable de construcción, con una alta concentración y acumulación de inversión pública. Los kilómetros de metro, los nuevos hospitales, autopistas de peaje o la Ciudad de la Justicia son algunos ejemplos. Todo a la vez, en un corto período de tiempo y financiado con peajes en la sombra y a cuenta del futuro.

El problema no es la inversión. Es que ésta, más que basarse en prioridades o necesidades y atendiendo a las limitaciones de recursos públicos, se basó en un crecimiento especulativo. El sector inmobiliario, financiero y otros privilegiados como su buen amigo ‘Arturo’ marcaban la planificación y hacían sus negocios a golpe de inversión pública de la que tanto reniegan.

El despilfarro de ayer son los recortes de hoy, pero consigue desplazar la atención criticando -precisamente- aquello que impulsó y de lo que es responsable.

Habla de austeridad, pero duplicó los cargos de confianza para dar acomodo a cargos del PP cuando perdieron las elecciones, pasando entre 2003 y 2010 de 728 a 1.521. Incrementó las empresas públicas, aplaudió las autopistas de peaje que ahora quieren rescatar con dinero público, impulsó la Ciudad de la Justicia, que hoy sólo tiene un edificio nuevo abandonado y mucho dinero gastado. Finalmente, contó con tres diputados de la trama Gürtel en sus filas y escaños, caso que además alcanzó a cuatro alcaldes y otros altos cargos del PP de la que es presidenta.

No es casualidad que cambie el tercio cuando se acerca el décimo aniversario de su entrada en el Gobierno madrileño. Ahora sabemos ya que la campaña del 2003 (la del Tamayazo) pudo ser financiada en parte por espléndidos donantes a través de Fundescam que posteriormente fueron agraciados con sendas concesiones públicas. El círculo se amplía, además, con la trama Gürtel y con otros millonarios contratos de obras de inversiones públicas, construcción de hospitales y con empresarios que ahora aparecen en los papeles como donantes del PP.

Todo en manos del mercado, pero un mercado cautivo porque en realidad los grandes negocios se planificaron entorno a la inversión pública: el plan de infraestructuras del transporte, las autopistas de peaje, el plan de infraestructuras hospitalarias, la expansión de las licencias TDT, la Ciudad de la Justicia…. En la mayoría de ellas también estaba Caja Madrid, ahora Bankia.

Las consecuencias están ya claras: rescate Bankia sin asumir responsabilidades de la estafa y una segunda oleada de privatizaciones en la que han puesto en venta nuestros sistemas públicos.

En estas condiciones hay que tener mucho valor para salir a dar lecciones de austeridad y de adelgazamiento de la administración y para justificar los recortes que se han aplicado a multitud de trabajadores que no tuvieron ninguna responsabilidad en las burbujas que se alimentaron o consintieron desde la propia Administración.

Con todo ello se llega -ya con el nuevo presidente- al final del ciclo en el que el deterioro lleva a la infamia de los despidos por fax (800) en Telemadrid, la privatización exprés de aquellos hospitales planificados a golpe de tiempo electoral, o a la comunicación por carta de la jubilación forzosa a 700 especialistas médicos.

Pero la interpretación se hace en base a las posibles diferencias internas del PP, las sucesiones y otras aventuras. Puede que todo ello forme parte de la foto, pero la película -de la que todavía no conocemos el final- son diez años en los que la pérdida progresiva de derechos, el acoso a los sistemas públicos y la protección social, han formado parte del paisaje de la política afectando en gran manera a las condiciones de vida de una parte muy importante de madrileños y madrileñas.

Comparte tu punto de vista

XHTML: Puedes usar estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>