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¿Pistolerismo patronal del siglo XXI?


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Joan Tardà

Barcelonés, diputado de ERC en el Congreso en las tres últimas legislaturas. Licenciado en Filosofía y Letras, es profesor de secundaria de Lengua y Literatura catalana.


Escrito el 14 de mayo de 2013 a las 10:11 | Clasificado en ERC

Con la reforma laboral, durante la negociación de los convenios colectivos, los trabajadores pueden perder los derechos adquiridos hasta el momento. Y este año llegan a su fin un gran número de convenios.

Escuché hace pocos días a Cándido Méndez en la clausura del Congreso de la UGT de Catalunya decir que las calles se incendiarán si, finalmente, los empresarios optan por hacer caer los derechos adquiridos por los trabajadores en el convenio colectivo. Algo que puede pasar el próximo mes de julio cuando vencen muchos de esos convenios.

Y es que la reforma laboral condena a los trabajadores al escenario del juego de la oca. Recordaréis que cuando el jugador estaba a punto de llegar a la casilla 63, sentía el vértigo ante la posibilidad de caer en otra anterior que lo llevaba de inmediato a la salida. ¡Vuelta a empezar!

Este es el nuevo paisaje post-reforma laboral en cuanto a la negociación colectiva para decenas de miles de trabajadores. Hasta ahora, cualquier avance, por mínimo que fueran, conquistados convenio colectivo tras convenio colectivo, quedaba blindado: el incremento de las masas salariales o de aspectos laborales relacionados con las condiciones de seguridad e higiene, conciliación de la vida laboral y familiar, regímenes de horarios y un largo etcétera.

La reforma laboral, sin embargo, ha sido el hachazo definitivo a este escenario, porque, ahora, cuando los convenios colectivos llegan a su finalización ya no se prorrogan de forma automática hasta la redacción de uno nuevo. Por el contrario, si no se firma otro en el plazo de un año, los contenidos de la anterior pierden vigencia. Se acabó, pues, el escenario en el que la demora o el desacuerdo en la negociación no comportaban pérdida de derechos.

La patronal, evidentemente, no ha tenido ninguna prisa en renovar a la espera de alcanzar el estadio actual, desde el que poder atornillar a los trabajadores e imponer nuevas condiciones en la tramitación del nuevo convenio. Los trabajadores ven cómo se les roba la única herramienta que tienen para hacer fuerza, es decir, la capacidad de bloquear una negociación todo el tiempo que haga falta para conseguir una negociación menos desfavorable. Ahora, todas las capacidades pasan al bando del empresario. Sin duda, han girado el calcetín.

Y es que a las reducciones salariales y a la degradación de las condiciones laborales se suma ahora este nuevo escenario. Una nueva realidad que conlleva más incertidumbre y que, aclarando cómo y de qué manera se está diseñando las condiciones laborales, nos lleva al “trabajador esclavo” de la sociedad post-crisis.

Ciertamente, como afirmaba hace unos días el presidente de la sectorial de Trabajo de Esquerra, Josep Ginesta, estamos ante un “drama social, a estas alturas, de efectos incalculables que puede llevarnos a un colapso”. Y añadía: “Habrá que ver en cada caso qué efectos tiene sobre las retribuciones de los trabajadores, pero sería plausible que un trabajador que tiene salario de convenio y algún complemento adicional se vea trasladado al Salario Mínimo Interprofesional”.

En el Congreso, la correlación de fuerzas adversa, la apisonadora de la mayoría absoluta del PP, ha hecho añicos nuestra oposición (la nuestra y la de resto de grupos de la izquierda).

Por todo esto, es evidente que los sindicatos se lo juegan todo, porque está en debate la herramienta que ha permitido consolidar progresos laborales, que ha permitido a los trabajadores seguir mejorando en sus trabajos y consolidando derechos. Ahora es necesario que las palabras de Méndez, como las de otros dirigentes sindicales, se hagan realidad para evitar lo que parece un auténtico pistolerismo del siglo XXI.

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