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Sangre en la ropa


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Joan Tardà

Barcelonés, diputado de ERC en el Congreso en las tres últimas legislaturas. Licenciado en Filosofía y Letras, es profesor de secundaria de Lengua y Literatura catalana.


Escrito el 30 de abril de 2013 a las 10:40 | Clasificado en ERC

Los talleres como el accidentado de Bangladesh son modelo de derechos laborales para gobernantes y empresarios, que pretenden importar la miseria con la excusa de la crisis económica.

Le atribuyen a San Ambrosio la frase de que “quien es rico o es ladrón o es hijo de ladrones”, una frase que muchos años más tarde sería aclarada por Karl Marx y la famosa plusvalía. No hace falta entrar en los detalles de cómo funciona, porque lo estamos sufriendo en nuestra propia piel. Eso sí, quienes más claro lo tienen son aquellos que deslocalizaron sus negocios y, bajo la “globalización”, optaron por ir a mercados donde la protección del trabajador fuera menor.

El textil es seguramente el caso más escandaloso. Las informaciones sobre la caída del edificio en Bangladesh -país que lleva más de 1.000 muertos en fábricas textiles desde 1990- son ejemplo de hasta dónde ha llegado la miseria humana (miseria moral de empresarios sin escrúpulos y miseria económica de trabajadores y trabajadoras explotadas). Grandes empresarios se enriquecieron con el trabajo semiclandestino durante la posguerra y los primeros años de democracia, pero a medida que se iban ganando derechos se perdían beneficios y decidieron buscar un mercado en el que su plusvalía fuera mayor.

 Hemos de advertir que la tragedia del edificio Rana Plaza de Bangladesh tiene relación directa con el sistema de producción y consumo de nuestras sociedades, así como con la pérdida de la conciencia y solidaridad obrera que precisamente reivindica el 1 de mayo.

La globalización no ha servido para globalizar los derechos. Más bien se está globalizando la miseria, como estamos observando en nuestros “privilegiados” países: después de devaluar la calidad del trabajo deslocalizando, ahora han decidido que es mejor importar el trabajo semiesclavo vía reformas laborales, con la excusa de la crisis y el pago de la deuda, y bajo el eufemismo de tener una “economía competitiva”. Es decir, recortar derechos laborales para tener una economía que pueda competir con Bangladesh.

Si Marx proclamaba que los proletarios del mundo debían unirse y la izquierda soñó con una globalización que debía universalizar los derechos de los trabajadores y el “enriquecimiento” a todo el mundo, hemos de constatar, en trágica ironía, que han sido los empresarios del mundo los que se han unido bajo la bandera del neoliberalismo. Estamos viajando en sentido inverso, con una precarización, en toda regla, de los puestos de trabajo.

Por eso, por nuestros derechos, por lo que queda de nuestro sector textil y demás sectores industriales no deslocalizados todavía, por los trabajadores de Bangladesh, las trabajadoras que están siendo reprimidas en Camboya, por las explotadas en maquilas en América Latina o Asia, mañana, 1 de mayo, tenemos que salir a la calle para defender los derechos laborales.

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