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Adanismo mediático


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Joan Coscubiela

Barcelonés, licenciado en Derecho por la Universidad de Barcelona. Profesor de Derecho del Trabajo y Seguridad Social en la Facultad de Derecho de ESADE. exsecretario general de CCOO Catalunya. Diputado en el Congreso por ICV-EUiA.


Escrito el 12 de marzo de 2013 a las 9:59 | Clasificado en IP, Opinión

Los medios de comunicación tienen que pasar por una regeneración democrática, porque también han llegado tarde a los principales problemas del país.

Si no lo suelto, reviento. He dudado en publicitar mis reflexiones de corredor matutino. Las dudas han alcanzado incluso a la palabreja con la que debía titular. A la cabeza me venían “periodismocentrismo” o “mediumcentrismo”. La decisión final ha sido aprovechar Sesión de Control para compartir una percepción cada vez más intensa en relación al comportamiento de los grandes medios de comunicación.

Las cosas no existen hasta que alguien no decide que son noticia. Antes de mi publicación solo existe la Nada. Y el mundo comienza el día que la Nada se convierte en portada o editorial. De ahí lo de  “adanismo mediático”. Hasta aquí todo tiene su lógica. Cada uno de nosotros si tuviera que fabricar un producto tan complejo como un periódico, un programa de radio o de televisión, escogería centros de atención diversos y enfoques distintos.

Pero la cosa pasa de opción informativa a “adanismo mediático” el día en el que el mismo medio que ha decidido ningunear la “Nada” decide convertirlo en agenda estelar. Hasta aquí también todo tiene su lógica. Lo que ayer no era importante, hoy lo es. Todo es opinable. El problema surge cuando además de descubrir la Nada, Adán decide que los demás no están a la altura de la importancia del tema y decide comportarse como un perfecto converso que ha visto la luz.

En los últimos meses lo he vivido en primera persona. “Los partidos le dedicáis poca atención a la corrupción de los poderes económicos”, le oigo decir al director de un medio. Y a continuación me oigo responderle: “Oye, que desde hace 14 meses tienes en tu mesa la impugnación ante el TS del indulto de Sáenz del Santander y desde hace semanas la querella contra Miguel Angel Fernández Ordoñez, ex Gobernador del Banco de España”.

“Los partidos políticos no habéis prestado suficiente atención al drama de los desahucios”, le oigo decir a un gran comunicador. “Oye, que al menos nosotros llevamos años presentando propuestas en el Congreso y algunos de nuestros militantes están en las PAHs locales parando desahucios”, me oigo contestarle. “Es que no sabéis comunicar”, llega raudo la réplica de Adán. Suerte que antes de soltar un exabrupto, otra periodista presente se pregunta en voz alta: “¿Y no será que hemos sido los medios los que no le hemos prestado atención hasta que nos ha explotado en los morros?”.

Por la manera de exponerlo sería fácil pensar que la reflexión es un simple desahogo personal. No lo es, es más bien una manera de gritar que el proceso de regeneración democrática requiere de la regeneración también de la comunicación. Sin cambios importantes en el mundo de la comunicación, el proceso de regeneración democrática será mucho más difícil. Y de la misma manera que no está claro que la regeneración política pase por los partidos, tampoco es evidente que la regeneración de la comunicación pase por los medios. De momento algunos hemos descubierto que, en contra de la lectura Bíblica, antes de Adán, existía Eva. Antes de los medios de comunicación, existían las personas, que en muchos casos han decidido autocomunicarse sin esperar a la intermediación de Adán. En eso estamos.

 

 

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