Hablar mucho de un problema puede servir para tomar conciencia de él e intentar resolverlo o para lo contrario, normalizarlo e integrarlo en la cotidianidad. Recuerden aquella máxima que dice si no quieres abordar un problema, una buena estrategia es hablar mucho de ello. Es un comportamiento habitual en todos los ámbitos de la vida y la sociedad, no solo la política

Eso parece estar sucediendo con el aumento brutal de desigualdad y pobreza que sufre España. Hablamos, describimos la realidad, nos lamentamos de ello, pero en pocas ocasiones se explica dónde están las causas de este proceso de degradación social.

Y de manera sutil se transmite la idea de maldición bíblica, en su versión actual de “son las consecuencias de la crisis”.

Pues no, el aumento de la desigualdad y la pobreza no son ni una maldición bíblica ni consecuencia ineludible de la crisis. Prueba de ello es que este proceso no se desarrolla de igual manera en otros países que también han sufrido la crisis. Incluso en algunos que la han sufrido con la misma o mayor intensidad que España no han visto aumentar estos nefastos indices de desigualdad. No está de más recordar que hoy España es el segundo país de la Unión Europea con más desigualdad, solo detrás de Letonia.

Deberemos pues buscar las razones en otros factores menos religiosos.

Conviene aclarar una cosa no por obvia más conocida. No es lo mismo pobreza que desigualdad. En China, por ejemplo, se están reduciendo los niveles de pobreza, mientras aumenta y mucho la desigualdad interna, entre personas y territorios. Además, la pobreza es un concepto económicamente relativo que se referencia siempre al entorno en el que se mide y con el que se compara. Y como pasa con los problemas complejos, no suele tener una sola causa.

Hechas estas prevenciones, creo que en España se pueden identificar nítidamente las principales causas de crecimiento de la desigualdad y la pobreza.

El aumento de la desigualdad tiene mucho que ver con la distribución de los costes de la crisis entre diferentes sectores sociales. El mercado es por definición injusto en la distribución de la riqueza y las rentas, por mucho que sus teólogos se empeñen en defender lo contrario. Y lo es mucho más en momentos de recesión económica.

Pero España acumula tres peculiaridades que, juntas, son un fábrica de desigualdades. Primero la caída en picado del valor de los activos, que para los sectores con menos rentas significa caída del valor de sus viviendas. En segundo lugar una tasa de desempleo brutal, acompañada de mucha economía sumergida e informal, lo que lleva a que la distribución primaria de la renta, la que se genera en el mercado, haya sido siempre muy desigual, pero mucho más desde el 2008.

Esta injusta distribución primaria de la renta, consustancial a los elevados niveles de desempleo y alta precariedad, ha sido amortiguada en España a través del sistema fiscal, de las políticas públicas. Pero este proceso de redistribución social de la renta se atenúa a partir de 1993 y entra en picado con las políticas de ajuste, mal llamadas de austeridad. De manera que hoy, nuestro sistema fiscal no solo reduce las desigualdades primarias, sino que las incrementa.

En relación a la pobreza, los indices españoles son brutales, superiores al 20% de la población. Y lo son más los de pobreza severa. Pero lo más significativo es que esta alcanzando a sectores sociales hasta ahora protegidos del riesgo de la riqueza. Hoy, la pobreza severa se concentra en parejas relativamente jóvenes con hijos a cargo y familias monoparentales -fundamentalmente mujeres- con hijos. A diferencia de hace unas décadas, las personas mayores están más protegidas, hasta el punto que en los únicos hogares en los que ha crecido el consumo son aquellos en los que tienen como primer aportador de rentas a un pensionista. Sin duda ello tiene mucho que ver con la función de colchón social de las pensiones y debería servir para poner en valor el sistema público que las hace posibles.

Entre las principales causas del aumento de la pobreza aparece de nuevo el elevado desempleo. Pero también la política de depreciación salarial, impuesta por la reforma laboral de PP y CiU. Un fenómeno social cada vez más frecuente en España es el del trabajador o trabajadora con empleo e ingresos por debajo del umbral de la pobreza.

Identificar las causas es el primer paso para reducir los niveles de desigualdad y pobreza. Acabar con la presión a la baja de los salarios es vital, no solo por razones de justicia, también de supervivencia económica. Y reducir la desigualdad pasa por una Reforma Fiscal que garantice más recursos públicos para hacer políticas públicas redistributivas. Lo contrario, lo que hace Rajoy con su reforma y su impacto en la reducción de ingresos, es el camino directo a un aumento de las desigualdades. Es una salvajada social.

Publicado por Joan Coscubiela

Barcelonés, licenciado en Derecho por la Universidad de Barcelona. Profesor de Derecho del Trabajo y Seguridad Social en la Facultad de Derecho de ESADE. exsecretario general de CCOO Catalunya. Diputado en el Congreso por ICV-EUiA.

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