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El auge de la prensa de partido


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Joan Coscubiela

Barcelonés, licenciado en Derecho por la Universidad de Barcelona. Profesor de Derecho del Trabajo y Seguridad Social en la Facultad de Derecho de ESADE. exsecretario general de CCOO Catalunya. Diputado en el Congreso por ICV-EUiA.


Escrito el 17 de diciembre de 2013 a las 11:06 | Clasificado en IP

“No es lo mismo un editorial sesgado que un periodista actuando de tertuliano y dispuesto a ganarse la vida alimentando la visceralidad que todos llevamos dentro”.

Soy de una generación que conoció la prensa de partido. Aquella de “Lee y difunde”. Y me atrevo a afirmar que algunas de sus cabeceras contenían más pluralidad -no digo objetividad, que no existe- que muchos de los medios de comunicación de hoy. Tanto, que me atrevo a sugerir que algún doctorando dedique su tesis a esta línea de trabajo.

Comienza a ser asfixiante el comportamiento de los grupos de comunicación y sus ‘condottieri’ . Con un agravante, la normalidad con la que la ciudadanía lo acepta y lo justifica. Hasta el punto de que es frecuente comprobar cómo solo son ‘hooligans’ los “otros”, nunca los propios.

Sin duda, existen matices y formas diversas en el comportamiento de los medios y, sobre todo, de los profesionales y colaboradores. No todos los medios han cruzado la frontera de la ausencia total de ética. Algunos son más sutiles y sofisticados. No es lo mismo un editorial sesgado que un periodista actuando de tertuliano y dispuesto a ganarse la vida alimentando la visceralidad que todos llevamos dentro.

Sería interesante saber las razones que nos han llevado a situaciones tan curiosas, como filósofos que no guardan la menor distancia crítica con el hecho que analizan. O directores de medios de comunicación que actúan de  ‘anti-cheerleaders’. O sea que en vez de relajar el ambiente, lo crispan.

Supongo que las razones de esta degradación de la función de los medios de comunicación son diversas y complejas. Pero me atrevo a apuntar que un factor determinante sea la propia crisis del modelo de negocio de los medios y sus intentos de fidelizar clientela. Buscando sentimientos y pasiones y olvidando la capacidad de raciocinio.

En todo caso, lo que es evidente son los efectos de estos comportamientos. Hoy, la actuación de algunos medios -más de los que parece- es una de las causas, y no menor, del deterioro de la democracia.

No deberíamos olvidar que la calidad democrática depende de factores diversos, como la capacidad de representar, de propiciar la participación. Pero, sobre todo, del nivel y la calidad deliberativa de la democracia.

Sin buenos mecanismos de deliberación, la democracia se deteriora. Quizás por ello, cada vez más personas buscan en los medios de ‘autocomunicación’ de masas, formas alternativas para poder desarrollar buena democracia deliberativa. Quizás, estemos asistiendo al canto del cisne. Aunque en el camino demuestre una gran capacidad destructiva.

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