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Europeismo crítico


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Joan Coscubiela

Barcelonés, licenciado en Derecho por la Universidad de Barcelona. Profesor de Derecho del Trabajo y Seguridad Social en la Facultad de Derecho de ESADE. exsecretario general de CCOO Catalunya. Diputado en el Congreso por ICV-EUiA.


Escrito el 11 de marzo de 2014 a las 11:12 | Clasificado en IP

El necesario reequilibrio entre el poder de los mercados de capitales y el poder democrático de los ciudadanos solo se podrá conseguir en el espacio europeo.

Faltan pocas semanas para las elecciones europeas y el ambiente está frío. Más que de costumbre, cuando se trata de elegir a nuestros representantes en el Parlamento Europeo. Y eso a pesar de que en esta ocasión también está en juego la elección parlamentaria del Presidente de la Comisión Europea. Un paso tímido pero importante en la consolidación democrática de la UE.

A las dificultades de siempre para transmitir a la ciudadanía la importancia de los temas europeos, a pesar de la trascendencia evidente de los últimos años, se suman factores añadidos. Esta vez, más que nunca, las elecciones europeas son concebidas como meros entreactos de la política española y, en esta ocasión, catalana. Basta ver, como en Catalunya, a algunos que intentan que las elecciones europeas sean solo un capítulo más de una estrategia de monocultivo político. O la pereza de la que hace gala Rajoy para designar al candidato del PP.

Por cierto, comienza a ser preocupante la normalidad con la que los afiliados y dirigentes del PP asumen un partido verticista hasta el esperpento. Así escuchamos o leemos cosas como “Rajoy ha ordenado votar” o “todos a la espera de que Rajoy decida”. Es cierto que no son los únicos, pero lo que parecía un trastorno democrático fruto de la personalidad de Aznar parece ser algo más profundo.

Además, estas elecciones se producen en un momento de extrema debilidad del proyecto europeo. Es verdad que ya no suenan los tambores por el desmantelamiento del euro. Pero los evidentes errores en la gobernanza de la crisis, con dosis brutales del aceite de ricino de la austeridad y, sobre todo, la “culpabilización” de Europa por parte de los gobernantes nacionales han situado el proyecto europeo bajo mínimos de legitimidad.

Es bochornoso comprobar cómo los jefes de Estado de Gobierno en los Consejos Europeos, o los ministros de Economia en el Eurogrupo toman decisiones en clave nacional o en términos intergubernamentales. Y cuando vuelven a sus países lo hacen con el farisaico discurso de culpar a Europa de las medidas adoptadas.

Esta situación es la que dificulta aún más la motivación ciudadana por unas elecciones que son clave. Para los europeistas convencidos la UE, lejos de ser el problema, es parte de la solución. Es cierto que en ocasiones quienes hablan en nombre de Europa se empeñan en aparecer como los responsables de los problemas, pero lo es mucho más que el necesario reequilibrio entre el poder de los mercados de capitales y el poder democrático de los ciudadanos solo se podrá conseguir en el espacio europeo.

Para avanzar en esta conciencia europeísta, el mejor camino es ser claramente críticos con la UE y sus orientaciones actuales. Pero también presentar alternativas que, lejos de ser menos son más Europa.

Tres son las apuestas clave del futuro inmediato. Una, parar la deriva hacia la integubernamentalidad y el tecnocratismo en la toma de decisiones. Es intolerable que los Estados miembros se nieguen a ceder soberanía en temas laborales, de seguridad social o fiscales al Parlamento Europeo. Y luego cedan esta soberanía a espacios ademocráticos como la Troika que imponen sus políticas a los Estados. Por eso es importante la elección parlamentaria del Presidente/a de la Comisión.

La segunda es profundizar en la necesaria solidaridad entre países y ciudadanos. Un emblema de ello puede ser el necesario acuerdo para la reestructuración ordenada de la deuda privada y la Mutualización de la deuda pública. En este orden de cosas como en otros, solidaridad no es sinónimo de caridad, sino de cooperación interesada.

Y el tercero es recuperar el objetivo de la igualdad. La crisis y las respuestas de los Gobiernos y la Troika han provocado más desigualdad y pobreza. Ignorando, de manera suicida, que si el desencadenante de la crisis fue financiero, su causa última y más profunda es la gran desigualdad provocada por el capitalismo financiero en las cuatro últimas décadas.

No se les habrá pasado por alto que el futuro radica en recuperar las esencias de Europa. Libertad,  Igualdad, Fraternidad.

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