En la crisis del sector financiero casi nadie habló cuando debía. Hay sin duda excepciones, pero ni gestores de entidades financieras, ni Gobiernos, ni supervisores, ni Comisión Europea hablaron en tiempo útil y, sobre todo, no actuaron.

Solo así se entiende que se dejara crecer tan inmensa burbuja especulativa con sobrevaloración de todo tipo de activos, no solo los inmobiliarios, financiada no con recursos propios sino con endeudamiento privado con el exterior.

En el caso de los gestores, las razones de su comportamiento son evidentes. La competencia ciega por ganar mercados y los mecanismos de retribución variable por resultados a corto actuaron como incentivo de una ceguera sobrevenida. Sobre todo si se tiene presente que los del ‘management’ del sector financiero son, junto a los entrenadores de fútbol, los únicos profesionales que cuanto cesan en su cargo por malos resultados, se les premia con una indemnización millonaria fruto de un contrato blindado.

Por parte de los Gobiernos de turno también hay una explicación lógica. La burbuja generó un ambiente de euforia que permitió a José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero alardear de la marca España y de sus éxitos. Si el capitalismo financiero funciona a corto plazo, los gobiernos y política actúan en tiempos microdigitales.

También es entendible, que no justificable, la actitud de los organismos supervisores y especialmente del Banco de España. Su gobernador entonces, Miguel Angel Fernandez Ordoñez, tenia tan claro que el problema de España era un mercado laboral con muchas rigideces, con demasiada negociación colectiva, demasiados derechos laborales, que no dispuso de tiempo para dedicarlo a una nimiedad. Su función era la de supervisor de las entidades financieras.

De momento, aún no tengo una explicación para la clarividencia del presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, una vez terminado su mandato. Que ahora lo vea todo tan claro, después de haber estado callado entonces solo puede tener una explicación. Le ha llegado la típica clarividencia del ‘ex’

Siempre nos queda el consuelo de pensar que estos comportamientos no sean genéticos o inherentes al cargo. Lo comprobaremos hoy en la comparecencia del Gobernador del Banco de España, Luis María Linde. Esperemos que no se le ocurra aplicar la máxima de “entre bomberos no nos pisamos la manguera”

He comenzado este artículo con un “casi nadie habló cuando debía”. Así fue y debe destacarse el casi nadie. No es cierto que todos estuviéramos callados. Esta es la coartada de los que quieren socializar las responsabilidades, después de no haber socializado las decisiones. Se trata de una explicación imprescindible para imponer la socialización de las perdidas.

Una buena tesis doctoral del siglo XXI sería tirar mano de archivos y hemerotecas y analizar el comportamiento de los diferentes agentes y personas con responsabilidades durante la década mágica. Y analizar los incentivos de cada uno para entender los respectivos comportamientos.

Eso, por supuesto, en el caso de que no se quiera reincidir, cosa que no tengo claro sea compartida por todos. Porque no debería olvidarse que “cuando entender una cosa comporta dejar de tener importantes beneficios, los incentivos para no entenderla son muy poderosos”

Publicado por Joan Coscubiela

Barcelonés, licenciado en Derecho por la Universidad de Barcelona. Profesor de Derecho del Trabajo y Seguridad Social en la Facultad de Derecho de ESADE. exsecretario general de CCOO Catalunya. Diputado en el Congreso por ICV-EUiA.

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