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O ahora o nunca


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Joan Coscubiela

Barcelonés, licenciado en Derecho por la Universidad de Barcelona. Profesor de Derecho del Trabajo y Seguridad Social en la Facultad de Derecho de ESADE. exsecretario general de CCOO Catalunya. Diputado en el Congreso por ICV-EUiA.


Escrito el 18 de junio de 2013 a las 10:24 | Clasificado en IP

El poder financiero está aprovechando la crisis económica para, con la bandera de un supuesto reformismo, devolver las conquistas sociales al siglo XIX.

“O ahora o nunca” parece ser el grito de guerra que suena en los cuarteles del poder financiero ante la posibilidad de aprovechar la crisis para introducir reformas que reorienten el sistema de pensiones público, de reparto y solidario hacia fórmulas de capitalización individual.

No es el único caso en estos largos 5 años de crisis que han confirmado la teoría de Noemi Klein en su obra “La doctrina del shock”. La crisis como gran oportunidad para imponer reformas contra la mayoría que, en condiciones de normalidad democrática, la ciudadanía activa y movilizada no aceptaría.

Lo han hecho con una reforma laboral que hace desaparecer de un plumazo la intervención de los poderes públicos en la autorización de los expedientes de regulación de empleo (EREs) para -dicen- dar paso a la negociación entre las partes, al tiempo que diseñan una reforma de la negociación colectiva que posibilita el incumplimiento unilateral del convenio por la empresa y maniata a los trabajadores y sus organizaciones

Son muchos los ejemplos de este “Ahora o nunca”. Algunos son presentados como la única respuesta a la crisis. Reforma laboral, de Seguridad Social, reforma energética. En otros casos la relación con las políticas de salida de la crisis no se ven ni con lupa. Son los casos de la reforma de Ley de Costas, reforma Wert -mal llamada educativa-, reforma de la regulación de la interrupción voluntaria del embarazo.

Todas estas contrarreformas tienen en común algunas cosas. Se hacen aprovechando el desarme democrático de la ciudadanía. Se presentan como hijas de un impulso reformista, de manera que ellos, los que nos quieren devolver al siglo XIX, son los reformistas, y los que pretendemos defender los derechos sociales y cívicos conquistados durante 100 años somos los conservadores.

Además se trata de sustituir la democracia por el “despotismo tecnocrático”. Con el argumento de que la ciudadanía se resiste a aceptar unas reformas que se dicen inevitables. Con el argumento de que los políticos son unos cobardes que no se atreven a plantarse ante la ciudadanía e imponerles sus reformas. Se apuesta por encargar el diseño de las políticas a expertos, supuestos “eunucos ideológicos”, a quienes se presenta con la neutralidad de la ciencia, negando la existencia de poderosos intereses de clase.

La respuesta de la ciudadanía debe ser tan contundente como el grito de “ahora o nunca”  de los poderes económicos y financieros. Nuestra respuesta debe ser “o democracia con derechos o muerte de la democracia”.

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