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¿Pactos?


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Joan Coscubiela

Barcelonés, licenciado en Derecho por la Universidad de Barcelona. Profesor de Derecho del Trabajo y Seguridad Social en la Facultad de Derecho de ESADE. exsecretario general de CCOO Catalunya. Diputado en el Congreso por ICV-EUiA.


Escrito el 8 de mayo de 2013 a las 12:59 | Clasificado en IP

La posibilidad de un pacto entre Gobierno y oposición llena los medios. Pero ¿es necesario? ¿para qué serviría? ¿es realmente factible?

Son curiosas, por decirlo de alguna manera, las valoraciones cuasi religiosas que se están haciendo de la posibilidad de llegar a pactos políticos o sociales para afrontar la dramática situación de 6,2 millones de parados.

De un lado, hay quién presenta los pactos como una pócima mágica con efectos taumatúrgicos por el simple hecho de existir. De otro, no faltan los que ven en los pactos algo así como la venta del alma al diablo.

No estará de más recordar que la vida es un continuo de conflicto y pactos –en ocasiones no explícitos pero importantes- que se relacionan y se intercalan entre sí, no siempre de manera equilibrada. El conflicto es inherente a la sociedad y uno de los grandes motores de la historia.

Los pactos no dejan de ser más que una de las formas de canalizar la resolución de conflictos. Son más fáciles cuando hay beneficios que compartir y mucho más difíciles cuando se trata de repartir sacrificios. Son más viables cuando existe equilibrio de fuerzas entre los intereses en juego y más infrecuentes cuando una de las partes puede imponer sus intereses a la otra sin necesidad de pactar.

¿Sería positivo un amplio pacto político y social para abordar medidas que permitan encarar el drama de 6,2 millones de parado? Depende de si se encara como un fin en sí mismo, con un sentido taumatúrgico, o bien comporta un amplio acuerdo que incluya un diagnóstico compartido y políticas concertadas en el reparto de los esfuerzos.

¿Es necesario un pacto de esta naturaleza? A mi entender sí lo es. Por la gravedad del problema del desempleo. Porque un pacto debería suponer el abandono del ‘tecnocratismo ilustrado’ que nos domina. Un pacto comporta aceptar que hay intereses contrapuestos que deben equilibrarse y no una verdad técnica que se erige como la única solución.

¿Es posible el pacto? Me gustaría equivocarme, pero lo dudo. Los márgenes son muy estrechos, porque los cinco años transcurridos y las políticas de los Gobiernos Zapatero y Rajoy han ido restringiendo la soberanía nacional en política económica. Porque el camino recorrido en solitario por la mayoría absoluta del PP hacia la austeridad sin límites es mucho. Y cualquier acuerdo debe suponer dar marcha atrás aunque sea parcialmente a buena parte de las medidas adoptadas.

Un ejemplo: ¿el pacto comportaría ¿ratificar o rectificar la Reforma Laboral? Por supuesto que el resultado no es el mismo

¿Aporta algo un Pacto por el Empleo? De nuevo la respuesta es “depende”. Salir del pozo y comenzar a recuperar empleo depende más de la orientación de las políticas que de su posible concertación. Y es ahí donde tenemos un problema grave. No existe en nuestra sociedad un diagnóstico compartido del camino a recorrer. Por no existir no existe –aunque parezca que sí- acuerdo en el diagnóstico de lo que ha sucedido.

A la pregunta de si la creciente desigualdad social ha jugado un papel clave en la gravedad de la crisis española no existe una respuesta compartida. Y a la vista de las políticas practicadas no parece que la desigualdad sea vista por los poderes como un problema, ni social ni económico. Es como si para un sector de la sociedad la desigualdad fuera un elemento inherente al modelo de capitalismo por el que se apuesta. De estas reflexiones nace mi profundo escepticismo.

Y, siendo necesario pero tan difícil por no decir imposible, ¿por qué esta insistencia en el pacto como pócima mágica para salir del pozo?

Como siempre, las razones son muchas y diversas, y seguro que cada uno tiene las suyas. Sin duda para el Gobierno sería un balón de oxígeno frente a las muchas críticas externas e internas que esta recibiendo y , a la vez, el PSOE está interesado en compensar su nueva imagen de oposición con la de alternativa y propositiva.

Pese a todo creo que el factor más determinante para insistir machaconamente en el pacto se aporta desde fuera de la política. Parece que los poderes económicos y mediáticos del país –cada vez cuesta más distinguirlos- comienzan a estar profundamente preocupados por la avería de los mecanismos de bipedestación sobre los que se sustenta el régimen político nacido de la Transición. Y deben haber pensado que las dos patas deben acomodar el paso para que el cuerpo político avance sin muchos desequilibrios.

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