Papanatismo juancarlista

En sus intentos de salvar el ‘statuo quo’ del que la monarquía es una pieza clave, a los partidarios de volver a negar la palabra a la ciudadanía se les ha ido la mano y se han pasado de frenada en el papanatismo juancarlista.

No voy a negar el papel del Rey Juan Carlos en estos 39 años de mandato. Sin duda ha sido importante, tratándose del Jefe del Estado y de la complejidad de la situación que heredó, como el trono, del franquismo. Pero me niego a comulgar con ruedas de molino.

Sin duda el Rey jugó un papel importante en la transición pero ni de lejos fue, como se ha dicho, el artífice de la democracia. Así, en primera persona, exclusiva y singular. Entre su proclamación por las Cortes franquistas en diciembre 1975 y la Constitución de 1978, el pueblo y especialmente el movimiento obrero con sus movilizaciones jugaron un papel decisivo para bloquear las iniciales intenciones de prorrogar sin limite de tiempo el interregno de democracia limitada que se había diseñado inicialmente. Tampoco debe menospreciarse el papel que jugaron los poderes económicos, exigiendo estabilidad en un período que coincidía con una fuerte crisis económica.

Lo mismo puede decirse de su papel en el 23F. Sin avalar ninguna teoría conspirativa sin datos, quedan muchos detalles por conocer, que es de esperar el tiempo y los historiadores puedan aclarar. En todo caso, hay más que dudas sobre su papel previo al 23F y en qué medida pudo contribuir a generar un clima de inestabilidad institucional.

Acepto que estas valoraciones sobre los años de la transición y los primeros de la democracia entran en lo discutible y lo opinable. Pero lo que me parece una exageración es la reiterada afirmación que gracias al juancarlismo hemos vivido los mejores años de la historia moderna de España.

Que en estas cuatro décadas se hayan producido grandes transformaciones económicas, sociales y políticas, y que en términos comparativos con un pasado convulso estos años salgan muy bien parados y que ello haya coincidido con el reinado de Juan Carlos no permite establecer una relación de causa-efecto. Quienes lo hacen abusan y mucho de la llamada “falacia post hoc”: la concurrencia coincidente de hechos no comporta una relación de causalidad entre ellos. Esa trampa del discurso es tan antigua que los romanos ya le pusieron nombre “post hoc, ergo propter hoc” o sea “después de esto, luego como consecuencia de esto”. Pues no, oigan, no se puede afirmar con rigor que todo aquello que concurre en el tiempo es causa de lo que se produce después.

Como tampoco se puede decir que Juan Carlos ha sido un factor de estabilidad. Se pretende ignorar y que olvidemos que en los últimos años su comportamiento y el de la familia Real han sido uno de los factores importantes de deslegitimación de la democracia. Y que ha sido su estatus constitucional de “irresponsable politico” frente a la ciudadanía, lo que le ha permitido determinados comportamientos. Y que extendiera ese sentimiento de impunidad a otros miembros de la familia real.

De todos los comentarios escuchados en estas horas el que me parece más ilustrativo de lo que esta pasando lo vertió en directo una tertuliana de las mañanas de TVE. Para justificar la normalidad del proceso de abdicación, lo comparó con la transmisión de una empresa familiar del padre al hijo. No estamos solo ante un desliz del subconsciente. Expresa una determinada concepción patrimonial del país que enlaza perfectamente con la institución monárquica y la figura de la herencia.

No creo que este papanatismo juancarlista sea casual. Concurren muchas circunstancias. Sin duda, la necesidad de una generación de justificar su papel en la transición. Un servidor, que por edad participó en este proceso, lo valora en general en positivo y no comparte los planteamientos adanistas y ucrónicos con el que se critica aquella etapa. Pero no por eso tengo necesidad de “vender” la moto. Sobre todo porque algunas argumentaciones y razones, como la de los mejores años de la historia de España, ya no sirven hoy, especialmente a las generaciones jóvenes.

Además de este factor psicológico, intervienen al menos otros dos. Ensalzando el juancarlismo se reivindican los valores del régimen monárquico y se intenta cerrar el debate sobre el modelo de Estado. Imputando al Rey todo el mérito de estos años, ninguneando el papel de la ciudadanía, es más fácil justificar que se le niegue a los ciudadanos el derecho a decidir sobre como quieren gobernarse.

Joan Coscubiela

Barcelonés, licenciado en Derecho por la Universidad de Barcelona. Profesor de Derecho del Trabajo y Seguridad Social en la Facultad de Derecho de ESADE. exsecretario general de CCOO Catalunya. Diputado en el Congreso por ICV-EUiA.

Un comentario sobre “Papanatismo juancarlista

  • el 03/06/2014 a las 16:20
    Permalink

    Estimado Sr. Coscubiela:
    No dudo de su presencia política en la transición; pero tampoco dudo de que mi memoria me traicione respecto a ese proceso histórico y no recuerdo que su nombre estuviera entre los que representaban ni a su partido ni a la clase obrera.
    Es fácil escribir ahora como si Vd. hubiera sido puntal de una acción política que poco menos obligara al rey a seguir el camino que Vd. y sus colegas actuales marcaron a la transición. Mi memoria, a los 73 años de vida, me dice que la transición la hicieron otros entre los que estaban, por supuesto, D. Santiago Carrillo y -como representantes de la clase obrera personalidades como Camacho, Ariza y Conde, por CC. OO., y otros de su grupo político y sindical.
    Lo que me parece, dentro del sectarismo de su escrito, que no es de recibo es el dejar libre su suspicacia selvática, sin ninguna razón o razones y ni siquiera dentro de la lógica histrórica, para manchar el comportamiento del rey ante el golpe del 23 F. Tal referencia invalida sus juicios generales de valor.
    Es cierto que el monarca ha cometido errores. Normal. Pero ese no.
    En cuanto a lo que pueda ser de su yerno o de su hija, creo que el rey tiene clara su posición institucional y así lo ha manifestado formalmente en un discurso de fin de año.
    Creo que el papanatismo es su irreflexión y su dogmatismo. También su ingratitud histórica incluso con los que, en aquel momento, eran sus líderes.

    Respuesta

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.