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La desafección ciudadana ¿una realidad incómoda?


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Inés Sabanés

Leridana de nacimiento, vallecana de adopción. Coportavoz de la Mesa de Madrid de Equo . Llegó al partido tras militar en IU desde su fundación, donde fue diputada nacional, diputada autonómica en Madrid y concejala en el Ayuntamiento de la capital.


Escrito el 3 de noviembre de 2012 a las 13:07 | Clasificado en Opinión

La portavoz de Equo valora las movilizaciones ciudadanas frente al Congreso como una necesidad de auditar el estado de las instituciones democráticas.

Si hiciéramos un resumen de los últimos movimientos ciudadanos en las calles y si leyéramos los mensajes y carteles que se han ido haciendo visibles, podríamos componer un mosaico del que se podría extraer un discurso ciudadano sobre su visión de la democracia, reivindicaciones y propuestas. Si las imagináramos como una nube de etiquetas serían sin duda palabras sobre las que articular una profunda y crítica reflexión: “No”, “No nos representan”, “democracia directa”, “listas abierta”, “estafa”, “banqueros”, “políticos”, “corrupción”, “paro”, “rescate”, “personas”, “ciudadanía”, “ley electoral justa”, “no debemos”, “culpables”, “especulación”, “crisis” , “troika”, “no pagamos”, “Bankia”, “mercados”…

Las reivindicaciones y exigencias son políticas y muestran el malestar con una democracia representativa que ha abdicado en demasiadas ocasiones de sus obligaciones. Que no ha sido capaz de garantizar el interés colectivo y la dignidad en la vida de sus ciudadanos y que ha cedido a las directrices de los mercados y de los poderosos.

Sin embargo, en términos generales, los partidos políticos y las instituciones han permanecido inamovibles en el papel que se atribuyen dentro del sistema democrático. Partidos e instituciones se han resistido a entender, además, que los cambios en las tecnologías permiten la información, el control y la participación en tiempo real. Y que la dinámica parlamentaria hoy está muy lejos del dinamismo y la velocidad en la que hoy se producen los acontecimientos y la información.

Ante las movilizaciones frente al Parlamento -con algunas excepciones de grupos más minoritarios- se han limitado a repetir y argumentar sobre legalidad o “supuestas” coacciones al libre ejercicio de su tarea. En la última movilización el #23Octubre se reiteraban estas argumentaciones mientras en la calle mucha gente se había puesto a debatir sobre el estado de la democracia, las instituciones y sobre un presupuesto al dictado del ilegítimo poder financiero.

Con las conclusiones empapelaron las vallas del “perímetro de seguridad” para “proteger” al Congreso de la ciudadanía. En definitiva, pareció que había que defender a los diputados y diputadas del peligroso ejercicio de pensar en común. Había que defender al Parlamento de las ideas y de las propuestas escritas a mano en diversos carteles sobre unas vallas. Lo único que tenían que hacer era escuchar y leer, pero como se habían conjurado con las mismas respuestas de siempre no se dieron cuenta que les estaban cambiando las preguntas.

Se necesita de forma urgente abandonar la trinchera del inmovilismo y salir a escuchar a los ciudadanos. Se necesitan mecanismos capaces de mostrar con claridad el estado de la democracia, instituciones y partidos. Un ejemplo al respecto, la auditoría de 2012 sobre la democracia en Reino Unido o la página sobre las auditorias de la democracia en Australia

No se puede seguir manteniendo el blindaje: hay que auditar en serio la situación crítica de de los derechos de la ciudadanía, la representatividad de gobiernos y las elecciones, el funcionamiento de los partidos y del Parlamento, la participación, la transparencia y la capacidad de control ciudadano o funcionamiento de los medios de comunicación públicos.

El resultado del inmovilismo durante todos estos años ha sido letal y ha supuesto la profunda desafección que hoy vivimos. La abstención una consecuencia más que previsible.

Los votantes dicen...
  1. Paco Cuéllar dice:

    Todo esto está muy bien; pero al PP no le preocupa mientras que los manifestantes no sean banqueros.
    Ya lo dijo Rajoy: Son unas medidas duras que no me gustan; pero que no tengo más remedio que realizar (para contentar a mis amigos los banqueros y colegas del partido).
    La valla del Parlamento es del mismo tipo que el Muro de Berlín, el Muro de Palestina o la valla de Ceuta y Melilla; una vergonzosa valla que separa a los privilegiados de los marginados. Un apartheid en el centro de Madrid.

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