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La gobernabilidad en Euskadi


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Emilio Olabarria

Nacido en Bilbao en 1954. Diputado del PNV en el Congreso, donde ha estado dieciocho años, y exdiputado vasco durante otros cinco. Licenciado en Derecho por la universidad de Deusto, donde da clase actualmente.


Escrito el 26 de octubre de 2012 a las 12:03 | Clasificado en Opinión, PNV

El diputado del PNV Emilio Olabarria analiza las causas del resultado electoral en Euskadi

Quienes no estamos dotados para la prospección o la especulación profuturo tenemos que afianzarnos en convicciones poco discutibles. La primera convicción es que el próximo lehendakari de Euskadi va a ser Iñigo Urkullu y el grupo parlamentario que va apoyar la estructura de gobernabilidad que resulte de los eventuales acuerdos que configuren la misma. La certeza es que el grupo parlamemtario de EAJ-PNV apoyará sin fisuras al lehendakari, pero ya ha comentado Iñigo Urkullu su propensión al pacto, a la transacción entre sensibilidades diferentes, a una negociación basada en el presupuesto de que debe gobernar una sociedad plural. Todo lo demás quedará diferido a la honestidad y en su caso a la propensión a cumplir lo pactado de otros grupos parlamentarios.

En este ámbito, pocas certezas se pueden invocar, las posibilidades de gobernar son múltiples: acuerdos de gobierno, pactos de legislatura, pactos ocasionales, pactos formales… Lo único relevante es que la gobernabilidad sea estable, firme, con una identificación clara de sus objetivos y una predisposición clara a cumplirlos. Esto es lo que necesita Euskadi, que afronta problemas de distinta naturaleza pero de igual profundidad.

Los que configurando un pacto ideológicamente antinatural se propusieron “normalizar” el país

Otra certeza que se puede aseverar es el estrepitoso quebranto electoral que han sufrido el PSE y el PP en Euskadi. Estos son los que configurando un pacto ideológicamente antinatural, se propusieron “normalizar” el país. “Normalizar” es un eufemismo elegante de la más adecuada expresión “españolizar”. “Españolizar” o “normalizar” en las múltiples y enfáticas advocaciones de los dos partidos que estamos citando, no significa más que difuminar los elementos de identidad de un país que los posee por su sedimentación a lo largo de siglos de historia compartida. Y enfrentarse a estos elementos metaculturales siempre va a conducir inexorablemente al fracaso electoral.

Relativizar elementos identitarios como la lengua, la circunstancia de que los vascos hemos vivido durante siglos en el mismo territorio, que poseemos entre nosotros empatías que no se proyectan de la misma manera a otros pueblos e incluso que tenemos otra forma de concebir la configuración de nuestras estructuras económicas, es algo que muy pocos ciudadanos vascos están en condiciones de avalar. Éste ha sido el fracaso de Patxi López, éste ha sido el fracaso de Antonio Basagoiti -que viró conducción cuando ya era tarde-, y éste ha sido el fracaso de otros partidos cuya identidad ideológica se ha construido sobre la amalgama de una serie de eslóganes “electorales” poco creíbles.

Ya resultaba extraño que un partido como EAJ-PNV, con 117 años de historia a sus espaldas y que en 117 años de historia no ha perdido nunca una elección, resultara apartado de la gobernabilidad bajo el sortilegio de una pretendida “normalización” que nunca se la creyeron ni sus proponentes. ¿Qué era “normalización” para ellos? Minorizar el euskera, minorizar el concierto económico; ignorar la vocación de autogobierno de la mayoría de los vascos, desfigurar la Ertzaintza, modificar el mapa del tiempo, intentar controlar los medios de comunicación públicos de la comunidad autónomavasca… ¡Que aprendan! Estas intenciones dolosas siempre pasan factura, o que lo hagan otra vez y la factura entonces será mayor.

La pacificación en Euskadi ni se ha debido a las gestiones del lehendakari Patxi López, se han debido aun menos al lider del PP Antonio Basagoiti

Resulta indignante que cuando reflexionan sobre la “normalización” los llamados partidos constitucionalistas, que sistemáticamente ignoran la Constitución, se atribuyeran durante la campaña electoral la autoría del cese de la acción armada de ETA. La pacificación en Euskadi ni se ha debido a las gestiones del lehendakari Patxi López, se han debido aun menos al lider del PP Antonio Basagoiti en términos cronológicos, puesto que su inicio fue anterior a su acceso al gobierno y porque sus concreciones no se configuraron ni en los despachos de Ajuria Enea, ni en Lakua, ni en la sede del PP Vasco. Otros actores vascos, españoles e internacionales, y sobre todo la propia sociedad vasca, son los que catalizaron este proceso.

Otra certeza consiste en afirmar que tampoco la izquierda abertzale ha tenido una contribución identificable en relación a la pacificación o normalización, en este caso de signo contrario al anterior. No sabemos ni quiénes son sus líderes, no sabemos quiénes los eran cuando se negociaron los aspectos troncales de la paz, no conocemos su nivel de cohesión interna en relación a estos aspectos, y sí conocemos, y esta reflexión constituye otra certeza, su incapacidad para la gestión de los graves problemas económicos y sociales que sufre nuestra sociedad.

Oír al señor Garitano que la regeneración económica de Gipuzkoa y la generación de empleo para este territorio “no requiere ningún plan” supone presumir, desde una dimensión casi telúrica, que en Gipuzkoa existe una suerte de determinismo natural que resuelve los problemas por sí solos.

En definitiva, los ciudadanos vascos han sabido identificar claramente cual es el único partido que puede afrontar con eficiencia los problemas que a todos nos abruma. Pocas novedades en la política vasca: han elegido de nuevo a EAJ-PNV, y este humilde opinador está en condiciones de garantizarles que EAJ-PNV no les defraudará.

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