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Los dolores de Cospedal


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Cristina Puebla

Periodista, en la actualidad en la web de elEconomista, antes en la Cadena Ser (Hora 25) y en política en Europa Press


Escrito el 7 de febrero de 2014 a las 10:31 | Clasificado en Opinión

Los días de euforia de María de Cospedal acabaron hace tiempo. Ahora se enfrenta a mil y un frentes, desde Gürtel hasta Bárcenas, pasando por su marido.

No están siendo buenos tiempos para María Dolores de Cospedal. La secretaria general del Partido Popular ha experimentado unos años de gran euforia, que le han venido por ser nombrada, precisamente, secretaria general del partido en 2008 y por ganar las elecciones autonómicas en Castilla-La Mancha en 2011, elecciones que suponían algo más que una victoria, ya que la comunidad en la que se ha investido presidenta es uno de los feudos socialistas por excelencia, símbolo de continuidad y arraigo de sus ideas y valores. Esto la convirtió en uno de los pesos pesados de las filas ‘populares’, la mujer fuerte del partido, de las que dan la cara y no se arrugan con la prensa, sobre todo los lunes cuando sale a dar la rueda de prensa posterior a la reunión de la Ejecutiva Nacional en Génova 13.

Probablemente, Cospedal no contempló el posible desgaste social que podía suponer ser la cara visible del partido, la persona que habla de los grandes logros, la primera en valorar los buenos resultados, y la que intenta tapar los trapos sucios que no se consiguen lavar en casa. La imagen de un partido con problemas y el rostro y la voz que se reproduce constantemente en los informativos de televisión, en los periódicos y en las radios.

Probablemente empezó a darse cuenta de ello cuando le explotó en las manos la trama de financiación ‘B’ del PP; cuando el ex gerente y extesorero, Luis Bárcenas, empezó a señalar uno a uno a los dirigentes populares, y cuando empezaron a ser notorias las malas relaciones que había entre ambos. Y en ese ‘salvase quien pueda’ o ‘que cada palo aguante su vela’ (frase textual que ella misma apuntó) en que se ha convertido el partido, muchos son los que se han visto en la cuerda floja. Parece que ha imperado el principio de que quien hable más y peor gana, eso es a lo que ha estado jugando Cospedal. En el cruce de acusaciones, Barcenas aseguró que Cospedal había recibido sobres con dinero negro y ella le contestó con una demanda en la que también incluyó a un diario nacional por hacerse eco de la noticia.

Sin duda, el punto de inflexión que marca los verdaderos quebraderos de cabeza de Cospedal es la comparecencia del ‘despido en diferido’. Una Cospedal desencajada, con sonrisa de mentira y traje marrón, se inventó una modalidad de despido y de finiquito ‘en diferido’ que han sido desmentidos por todos los economistas consultados. El desgaste que ha supuesto defender lo indefendible y quedarse sola ante las preguntas de la prensa hacen que la imagen de la política manchega haya caído en picado, y su credibilidad, también.

Pero como la sombra de Bárcenas es alargada, llegó el juicio en la audiencia de Toledo, un error que le costará caro a las presidenta. Cospedal se sentó en la sala, con cámaras y prensa, y ante un plasma en el que aparecía Barcenas desde la cárcel, una imagen que nos resulta muy familiar en el PP, por el plasma, no por la prisión. Cospedal parecía la acusada y Bárcenas ratificó lo que había manifestado. Finalmente, el juez desestimó la demanada, y Cospedal quedó un poco más tocada.

Seguramente, no hay suficientes ibuprofenos en la calle Génova para calmar los dolores de Cospedal, ya que por si fueran pocos los frentes abiertos, apareció en escena Ignacio López del Hierro. La fiscalía de Cantabria está investigando si su marido cometió supuestos delitos de apropiación indebida y falsedad documental, por cobrar 7.000 euros mensuales de Liberbanc. Los directivos del banco niegan la mayor, pero lo cierto es que López del Hierro cobraba de una de sus filiales desde 2011 aunque su contrato se registró en 2013, algo por lo que se ha llevado el nombre de ‘contrato en diferido’. La secretaria general salió en defensa de su marido, pero sin argumentos, y sólo fue capaz de decir que su López del Hierro tiene que trabajar en algo, como si no hubiera otros trabajos.

Además, están la sentencia que el Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha ha dictado contra su Gobierno y que obliga a readmitir a 500 interinos que fueron despedidos, y a pagar las costas del juicio; por otro lado, la reforma estatutaria castellanomanchega, no exenta de polémica; y los procesos judiciales de la inagotable trama Gürtel, que ven irregularidades en la campaña electoral de 2007.

Puede que todo esto haya hecho mella en María Dolores de Cospedal y que por ello cada vez esté adoptando más esas manías del ejecutivo de contestar con evasivas y no decir nada, a merced de las últimas entrevistas que ha concedido, y puede que también se haga notorio en su manera de defender las ideas de su partido: “Nos diferencia de los demás en que nosotros queremos a nuestro país”, dijo. Sea como sea hay que ser optimista, al fin y al cabo como ella misma ha manifestado: “Vienen tiempos mejores” y “lo peor ya ha pasado”.

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