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Los plebiscitos y la democracia


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Carlos M. Gorriarán

Doctor en Filosofía y licenciado en Historia, profesor de la UPV desde hace dos décadas. Diputado por UPyD, partido donde es responsable de Programa y Acción Política


Escrito el 28 de noviembre de 2012 a las 9:58 | Clasificado en Opinión

El diputado de UPyD Carlos M. Gorriarán trata el malo uso de las consultas populares que se han intentado promover en Cataluña y el Congreso

Ha habido un acuerdo prácticamente unánime en que las elecciones catalanas del 25N fueron convertidas en otra cosa: un plebiscito sobre el proyecto secesionista de CIU personalizado mesiánicamente en la figura de Artur Mas. He explicado en mi blog cómo veo los resultados de ese plebiscito, así que demos una vuelta al problema subyacente a esa transformación de unas elecciones convencionales para elegir un Parlamento que trabaje en un marco constitucional previo en un plebiscito sobre la modificación radical del marco constitucional. A saber, el apoyo a la secesión de Cataluña para formar un Estado propio.

Porque si bien ha habido acuerdo en que se trataba más de un plebiscito que de unas elecciones corrientes, no lo hay en su valoración política de fondo. En concreto, en si se trataba de un ejercicio ejemplar de democracia o de lo contrario.

Es sabido que los nacionalismos y las ideologías colectivistas tienen un alto aprecio por los plebiscitos, los referendos y las consultas populares. Precisamente porque para esas corrientes la esencia de la democracia consiste en “dar la voz al pueblo”. Idea compartida por denodados enemigos de la democracia, pues no son pocas las dictaduras y regímenes sin libertad política en la que de vez en cuando se da ‘voz al pueblo’, normalmente para refrendar al poder político y, ya puestos, aclamarlo. Aquellos referendos de Franco, sin ir más lejos.

Por otra parte, es cierto que las democracias más sólidas y rodadas también recurren mucho a los referendos para determinadas decisiones políticas. Los dos ejemplos más conocidos son Estados Unidos y Suiza. De manera que no hay razones para considerar que los referendos sean en sí mismos ni la esencia de la democracia -razón por la que es un recurso de autolegitimación de dictadores-, ni tampoco una práctica contraria en sí misma a la democracia representativa. Como casi siempre, se trata de establecer equilibrios y contrapesos entre distintas instituciones, y de usarlas con acierto para los fines que les son propios. Sin duda, los referendos son indispensables para aprobar una reforma constitucional importante, o adoptar una decisión política de gran trascendencia. Pero también es indudable que en una genuina democracia los referendos no deben sustituir a los Parlamentos donde se desenvuelve la deliberación política.

El mal uso del referéndum

El problema es cuando los plebiscitos, referendos y ‘la voz del pueblo’ se oponen a otras instituciones democráticas, por ejemplo al Parlamento. Algo de eso había en el tramposo plebiscito urdido con Artur Mas -que acabó en boomerang electoral-, y algo de lo mismo hay en algunos proyectos actuales para reforzar el recurso a plebiscitos para todo. Por ejemplo, la propuesta de CCOO y UGT, apoyada por IU y otros agentes políticos (incluyendo un PSOE titubeante), para someter a referéndum las medidas económicas del Gobierno Rajoy. Izquierda Plural y algunos partidos del Grupo Mixto han ido más lejos al presentar un Proyecto de Ley (presentando ayer en el Congreso) que propone el recurso habitual al referéndum consultivo “cuando se trate de decisiones políticas que afecten sustancialmente a derechos económicos, sociales y laborales”. O sea, a la práctica totalidad de las leyes importantes, pues todas ellas tienen esos efectos.

Desde el punto de vista colectivista, sea nacionalista o de la vieja izquierda antiliberal, los referendos son el sumun de la democracia porque son un puro ejercicio de la ‘voz del pueblo’. Por eso mismo suponen que sus decisiones son mucho más legítimas que las de cualquier Gobierno, incluso aunque se apoye en una amplia mayoría absoluta parlamentaria, y por supuesto que las decisiones de un Parlamento cualquiera. En esta concepción de la democracia está contenida la idea de que el Pueblo es un agente colectivo con una única voz y cuya voluntad mayoritaria, convertida en unánime por vía plebiscitaria, debe en cualquier caso prevalecer sobre cualquier otra institución.

Y aquí es donde se choca con la concepción liberal de la democracia representativa que parte de la asunción de la complejidad de la sociedad, de la concurrencia legítima de proyectos políticos rivales y de que éstos, expresados por partidos que se someten a sufragio electoral, ventilen sus diferencias en Parlamentos representativos a través de la deliberación pública y la votación mayoritaria.

En resumidas cuentas, la excesiva afición a los plebiscitos, como la del Proyecto de Ley de Izquierda Plural, o la maniobra fallida de Artur Mas, expresa en el fondo una desconfianza profunda de la concepción liberal de la democracia representativa, cuando no su negación más o menos ambigua.

Debate sobre el ‘sí’ y el ‘no’

Si prosperara una Ley de Referendos Consultivos como la propuesta (es de suponer que como paso previo a referendos vinculantes), el Parlamento se quedaría prácticamente vacío de competencias constitucionales, transformado en un trámite decorativo entre la autoridad abusiva de un Gobierno que presenta sus leyes a la aprobación o reprobación directa del Pueblo vía referéndum. Tampoco creo que los partidos políticos pintaran gran cosa, anulados entre la capacidad de iniciativa legislativa del Gobierno y la sanción plebiscitaria de la primera.

En los referendos, a diferencia de lo que pasa en los Parlamentos (al menos en los que funcionan bien), no se pueden presentar enmiendas, ni transacciones, ni acuerdos de los que pueda salir una ley razonablemente adaptada a lo que quiere, legítimamente, la mayoría, a la vez que se salvaguardan los derechos de las minorías (que a su vez pueden ser mayoría en otro momento, como pasa en los sistemas de geometría política variable y elástica). En una democracia plebiscitaria las decisiones son en blanco y negro, y las minorías sencillamente no cuentan. Y el debate público se limita a la conveniencia del sí o del no a lo que hay, no a las alternativas posibles y deseables. El popular “estas son lentejas, si quieres las comes y si no las dejas” sería un buen resumen de un sistema semejante.

Me parece indudable que sería un sistema aun peor que el que ya tenemos, al menos para los que pensamos al modo clásico que la democracia no es solamente ‘la voz del pueblo’, sino sobre todo la igualdad jurídica, política y de oportunidades de los individuos, el cumplimiento de las leyes democráticas y el respeto al derecho de las minorías a buscar convertirse en la nueva mayoría.

Los votantes dicen...
  1. Jose dice:

    Me ha decepcionado mucho este articulo. Yo les vote en la Comunidad de Madrid precisamente porque defendían una regeneración democrática y usted me viene a contar la perpetuación de este sistema parlamentario vetusto del siglo XIX donde a los ciudadanos se les engaña cada 4 años. No entiendo porque no se puede preguntar a la ciudadanía en referéndum a menudo o más, como pasa en Suiza. Un referéndum no tiene porque ser SI o NO, puede haber opciones A, B, C, D, etc. Usted muestra una actitud de superioridad y nos trata a los ciudadanos como si fuésemos niños que no podemos decidir nuestro futuro salvo en cosas muy transcendentales. No necesito 350 diputados que piensen por mi, para eso me valgo yo, necesito 350 diputados que propongan soluciones administrativas a la ciudadanía (y que la ciudadanía también las pueda proponer y no acabar llevando 500.000 firmas al parlamento para que las ninguneen) para que todo sea más justo y eficaz. Muy decepcionado con estas actitudes.

  2. manuel sapam dice:

    En absoluto desacuerdo. Creo que la argumentación presenta objeciones a referéndums sin límite ni control pero que de ninguna manera anula el concepto en sí mismo. Hoy por hoy el parlamento no es esa institución idílica donde se pactan y se mejoran leyes de acuerdo al interés general, sino que más bien responde exclusivamente a criterios de geometría parlamentaria: me hacen falta tus votos, qué cederé a cambio.

    Los partidos, qué duda cabe, se someten al sufragio universal y son elegidos democráticamente, pero concurren a las elecciones con programas que no son vinculantes. Hasta cierto punto es razonable que no lo sean para favorecer el pacto con el resto de formaciones políticas, pero en la práctica da vía libre a los gobernantes para hacer lo que estimen oportuno. Lo que supone un fraude electoral en toda regla, porque los electores deciden su voto no en función de las siglas, sino de lo que estas aseguran harán una vez alcancen el poder. Importa el qué sobre el quién.

    Me parece imprescindible la figura del referéndum en estos tiempos que vivimos de acoso y derribo a todos los derechos sociales y laborales que tanto nos ha costado conseguir. Ningún gobierno tiene derecho a quitárnoslos, puesto que todos aseguraron que iban a mantenerlos y nadie les ha votado para eso.

    Con lo que básicamente estoy a favor de la propuesta de la izquierda plural, con todas las salvedades y regulaciones que quieran hacérsele.

  3. Loneman dice:

    Lo que trata de decir Gorriarán es sencillo, ojito con las modas o los calentamientos por causas judiciales, porque si existieran referendums consultivos que este pueblo españolito es muy cazurrico, más de uno se tragaría una pena de muerte por ejemplo. Yo personalmente, creo que primero hay que arreglar muchas más cosas en nuestra “falsa” democracia, y después de muuuuchos años cuando la sociedad nuestra sea parecida a la de francia (por ejemplo) igual ya se puede tomar otras medidas. Pero traer un modelo por ejemplo suizo, sin la mentalidad suiza es complicado. No se puede construir la casa por el techo, oír la voz del pueblo si, pero sin pasarse que aquí hay mucho pueblo y pueblos por desgracia :(

  4. Fabio dice:

    Un apunte. Yo no percibo, para nada, que las sociedades norteamericanas y suizas sean políticamente mejores que la española. Hay mucho mito paleto en eso. Suiza tiene un partido ultranacionalista y xenófobo con mayor porcentaje de votos que Amanecer Dorado en Grecia, pero Grecia acarrea la mala fama, y se mantiene la inercia de seguir admirandose, sin mucho fundamento, a la Confederación Helvética, donde hasta los años setenta existían cantones donde no votaban las mujeres. Y Estados Unidos tiene un sistema electoral aún peor que el español, sin hablar de la igualdad de oportunidades para ser elegido, pues cualquier candidato (para alcalde, para congresista…) ha de conseguir, por cuenta de su equipo, un dineral de aportaciones para su campaña.

  5. Coincido con usted en que la convocatoria de elecciones por parte de Artur Mas

    tenía mucho de plebiscito encubierto y aún más de populismo mal disimulado. También coincido con usted en que el referendo, como instrumento de uso diario de la democracia, puede ser utilizado por políticos populistas para erigirse mesiánicamente como salvadores de algo o de alguien,y, cosa tampoco despreciable, puede crear hastío en la población y causar el indeseable efecto de trivializar el acto de acudir a votar.

    Ahora bien, por la lectura de su escrito, creo entrever que usted es partidario de limitar su uso a lo que se ha venido limitando hasta ahora, es decir, a prácticamente nada, y es ahí donde discrepo de usted.
    Habla usted de la conveniencia de no sustituir al Parlamento por las consultas populares y, en principio, la música no me suena mal, pero la letra me suena fatal, y me suena fatal porque el funcionamiento del Parlamento no es nada edificante, ya que se limita la mayoría de las veces a una suma de votos que ya se conoce antes de la votación, porque es totalmente previsible desde el momento en que el debate parlamentario no lo controlan los parlamentarios como cargos electos, si no los partidos políticos, limitándose los parlamentarios a votar lo que el partido les dice que hay que votar.
    Usted me dirá que el trabajo parlamentario es mucho más que eso, que las leyes se trabajan en comisiones, se debaten durante largo tiempo y cada partido aporta matices que otros no hubieran aportado nunca pero, sinceramente, y sin ánimo de molestarle, creo que no es suficiente o, al menos, no es suficientemente visible.

    Para mí, es necesaria un cambio en el concepto liberal de democracia para que esta no se aproxime con paso firme a una partitocracia alejada del pueblo, que es de quien emana el poder político.
    Es por eso que creo que debemos olvidarnos del concepto de referendo como algo tan absolutamente sagrado que no se puede tocar, y debemos promover un concepto de referendo más flexible donde quepa, por ejemplo, preguntar a los ciudadanos si queremos tapar el agujero de Bankia.

    Estoy seguro de que usted y puede que buena parte de su partido, realmente creen que es posible hacer funcionar el Parlamento tal y como está previsto que funcione, con diputados que rinden cuentas a sus votantes, y no a las ejecutivas de sus partidos, y por eso me parece bueno que irrumpan nuevas fuerzas políticas como la suya pero, si le soy sincero, también creo que, si ocupasen el Gobierno o el lugar de primera fuerza de la oposición, acabarían cayendo en los mismos errores que PP y PSOE y haciendo del Congreso un cortijo de los parlmentarios y no una cámara de representación del pueblo soberano.

  6. Luzfugaz dice:

    Estoy totalmente de acuerdo con Martinez Gorriaran. Otra cosa es que el sistema parlamentario que tenemos deje mucho que desear por culpa de una ley electoral que no permite al elector ser el que elige a su representante de forma directa ( que es como la Constitución dice y no mediante una lista cerrada y ordenada según una ley electoral preconstitucional ).

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