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Madrid, comunidad de negocios


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Inés Sabanés

Leridana de nacimiento, vallecana de adopción. Coportavoz de la Mesa de Madrid de Equo . Llegó al partido tras militar en IU desde su fundación, donde fue diputada nacional, diputada autonómica en Madrid y concejala en el Ayuntamiento de la capital.


Escrito el 1 de diciembre de 2012 a las 12:53 | Clasificado en Opinión

Inés Sabanés, portavoz de Equo en Madrid, analiza el legado de las políticas económicas y comerciales en la Comunidad de Madrid.

Madrid ya no admite más remiendos. Haciendo un símil con el juego en el que parecen concentrar sus oscuros deseos: No va más.

En los últimos años, de forma paulatina pero decidida, se han ido configurando redes y entramados de múltiples intereses que han cambiado sustancialmente la política, pero también el territorio, los servicios y el papel de las instituciones madrileñas.

Lo cierto es que, sin ningún complejo, se ha ido entrando en sectores estratégicos, que habían ido formando parte, incluso, de un cierto entendimiento. Antes del acceso de Esperanza Aguirre al gobierno regional del PP, en esta comunidad existía una valoración positiva de la universidad pública, de la sanidad y de bienes comunes, como el Canal de Isabel II o de la televisión autonómica.

Esto se va descomponiendo, a partir del 2003, con un ritmo muy parecido al que se van consolidando nuevas alianzas políticas, económicas, financieras y con sectores de la comunicación que , en la práctica, han operado como verdaderos lobbies de presión.

No hay más que analizar los procesos metódicos en los que se han ido traspasando recursos y patrimonio común público, y por tanto de todos, a determinados sectores que, sin haber sido votados, en la realidad han marcado estrategias determinantes.

No sólo crisis

Hoy todo está en cuestión. Y no es únicamente producto de la crisis económica y de los recortes. Existió una voluntad previa, en los momentos de expansión, de hacer el gran experimento ultraliberal en Madrid. Eso sí, con apuestas seguras.

De los procesos de privatización de la sanidad se benefician constructores, banqueros, empresas de restauración o de otros suministros. Como de los procesos de la educación, la universidad, las residencias de mayores o las escuelas infantiles se benefician también los mismos y, en el caso educativo, los más afines ideológicamente. Esto les permite estar en el negocio, además de mantener su influencia como católicos relevantes. Y todos -o parte de ellos- están posiblemente esperando para el asalto final a la gestión del agua o de Tele Madrid. Tienen algo en común: son muy beligerantes con lo público, pero su crecimiento se ha basado precisamente en parasitar lo público.

Visto desde el punto de vista político, hemos gastado muchas palabras en caracterizar la etapa como un triunfo y avance del ala dura de la derecha, también en lecturas en clave de poder interno o relevancia dentro de la derecha y del PP. Indudablemente hay parte de todo, pero la realidad es que el tiempo está demostrando que, más que una cuestión ideológica -que por supuesto lo es-, lo que se ha estado consolidando en estos últimos años ha sido Madrid como comunidad de negocios.

Contaminación y descontaminación

Un territorio para el mercado, los negocios, las compraventas y una inmensa burbuja que finalmente explotó. Hay que seguir los pasos a un Gobierno que se estrenó con un ‘tamayazo’ que dejó a las instituciones madrileñas bajo sospecha. Después vendrían la Gürtel, el espionaje y, todo ello, en convivencia con el esplendor y el derrumbe de Caja Madrid y Bankia. No olvidemos que todo tiene alguna relación y, sobre todo, que habitan en el mismo corazón del sistema financiero especulativo español y madrileño, que ha sido detonante de los rescates y los recortes.

Madrid, comunidad de negocios, está dinamitando los sistemas públicos, especialmente el sanitario y educativo. Como no podría ser de otra manera, un modelo de confrontación con muchos sectores. Que médicos, abogados, jueces, fiscales, profesores, maestros y trabajadores y trabajadoras en muchos servicios estén saliendo a la calle por igual es la muestra más evidente de que la política se ha contaminado de tal manera que se han confundido totalmente los intereses públicos con los privados y los servicios esenciales con los negocios.

Pero si queremos que las cosas cambien, recuperar valores de bien común, de ciudadanía de derechos, de solidaridad o de equidad social, hay que hacer algo más que contabilidad electoral creativa.

Madrid no sufre tanto como otras comunidades el letal efecto de la ley electoral ya que es casi proporcional, para que se sepa. Bien es cierto que, al final, por efecto del conjunto del sistema y por la barrera del 5% también se ha consolidado el bipartidismo. Pero Madrid, más que un efecto de bipartidismo lo ha tenido de inmovilismo y de contaminación política. No es necesario esperar a un a campaña electoral para confrontar con este modelo. Se puede, además de compartir muchas causas en la calle, sumar fuerzas, para descontaminar la política madrileña. Sin ese proceso, tan necesario como complejo, es muy difícil que las cosas se muevan…

Más que retórica tácticista de cambio, parece que muchas voces piden compromisos visibles y contundentes.

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