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Chipre como paradigma de la ‘no Unión Europea’


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Emilio Olabarria

Nacido en Bilbao en 1954. Diputado del PNV en el Congreso, donde ha estado dieciocho años, y exdiputado vasco durante otros cinco. Licenciado en Derecho por la universidad de Deusto, donde da clase actualmente.


Escrito el 27 de marzo de 2013 a las 10:47 | Clasificado en PNV

El diputado del PNV aborda la posibilidad de un cambio estructural en la UE que evite desequilibrios y aboque al abismo con cada rescate.

Los sucesos acontecidos en los días pasados en relación al rescate de Chipre, país por cierto que posee el tamaño de Asturias y los mismos habitantes que Bizkaia, pone de relieve no solo la debilidad del euro, sino la propia debilidad la Unión Europea, que es todo menos unión. Basta recordar cómo fue brutalmente abortado el intento de construcción de una Constitución Europea que hubiera podido significar algo parecido al inicio de un proceso constituyente.

El ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, no sabemos si cayéndose del guindo o no, reconoció el carácter sistémico de la crisis financiera de un país tan pequeño y cómo de la no resolución de los problemas financieros chipriotas se hubiese producido un efecto reflejo en los de siempre: Italia, España, Portugal. En definitiva, la frágil periferia europea.

Si la estabilidad del euro depende de la estabilidad de un país como Chipre, cuya economía, según la lúcida expresión del ministro francés de Economía, es una economía-casino con un sistema bancario receptor masivo de dinero y activos de la Federación rusa y de otros países (dinero y activos en muchas ocasiones de dudosa procedencia), podemos afirmar que la solemne zona euro es de una levedad tal que ni Kundera podría glosarla.

Europa, como estructura geopolítica que pretenda contar algo en el futuro de los Estados, debe plantear sus fundamentos desde posiciones no sólo más firmes, sino cualitativamente diferentes. Europa no puede ser el sumatorio de una serie de Estados en donde el patrioterismo crece, en donde las diferencias socioeconómicas entre los Estados continentales y periféricos crece aún más, y en el que la mitad de sus componentes o está intervenido o semi-intervenido. Una estructura político-económica de esas características no sirve para nada  ni va a poder competir con las realidades emergentes.

En esta Europa fallida que hemos ido construyendo del Tratado de Roma al Tratado de Lisboa poco o nada se ha conseguido, y el euroescepticismo crece espectacularmente. Los episodios de Chipre constituyen un buen motivo de reflexión y conforman el mejor ejemplo de la necesidad de recuperar el espíritu de los fundadores que soñaron con un Estado europeo poderoso (Schuman, De Gasperi, Konrad Adenauer).

Bastaría con sustituir tanto Eurogrupo, tanto Consejo y “consejillo” de Ministros, una Comisión Europea carente de competencias, un Parlamento Europeo que no legisla… por una entidad basada en un consenso político real, no ficticio, de la necesidad de estar unidos aunque no nos caigamos bien.

Porque si no, con el tiempo, no sólo lo que hoy se denomina periferia europea sino Europa entera acabará convirtiéndose en algo irrelevante en el concierto de los Estados del futuro.

Los votantes dicen...
  1. Carlos dice:

    Que razón tienes Emilio… Pero cuanto pequeño chupatintas quedaría carente de sentido… El problema y a menor escala se ve claramente en España en la que no se hacen reformas reales por miedo a poner en la calle a un montón de estomagos agradecidos de tercera división mientras que, para justificarse, se mete en el mismo saco a todos. Besarkada bat,
    Carlos G-E

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