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Desempleo como paradigma de la crisis


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Emilio Olabarria

Nacido en Bilbao en 1954. Diputado del PNV en el Congreso, donde ha estado dieciocho años, y exdiputado vasco durante otros cinco. Licenciado en Derecho por la universidad de Deusto, donde da clase actualmente.


Escrito el 3 de julio de 2013 a las 10:14 | Clasificado en PNV

¿Cómo se puede ser optimista en este contexto? ¿Cómo se pueden proyectar la apariencia de expectativas económicas positivas? ¿Y cómo se puede defender la Marca España cuando la corrupción carcome todas las instituciones del Estado?

En el día de hoy el presidente del Gobierno, con su tipo de excurso autocomplaciente que practica tanto en los últimos tiempos, ha diseñado la consecución de grandes logros en la última Cumbre Europea.

Las reflexiones del presidente del Gobierno plantean un dilema clásico, cual es que la macroeconomía y sus datos estadísticos pueden encubrir las miserias de la realidad. Las miserias de la realidad siempre la acreditan datos más apegados al terreno, y en el caso del Estado español las estadísticas de desempleo; incluso, las del desempleo registrado por los servicios públicos de empleo que siempre reducen cosméticamente la gravedad de esta patología.

Las cumbres europeas pueden resultar bien, mal o regular para el Estado español, pero los cuadros macroeconómicos siempre son malos. Y particularmente es malo seguir conviviendo con más de seis millones doscientos mil desempleados a pesar del factor estacional que el verano y las vacaciones provocan en relación al empleo.

Las demás variables macroeconómicas no avalan ninguna posición optimista. No se avanza en la Unión Bancaria; 1.9 millones de euros para el desempleo juvenil para España es una cifra inferior a la reducción de cuatro mil millones de euros en políticas activas de empleo provocadas por los últimos Presupuesto Generales del Estado; la pobreza crece; los incrementos de la presión fiscal reducen el consumo y la actividad económica; y, saltando de la macroeconomía a la microeconomía, la nefasta gestión del Comisario de la Competencia, Joaquín Almunia, en relación al ‘tax lease’ puede provocar la destrucción de todo el sector de construcción naval de la cornisa cantábrica.

¿Cómo se puede ser optimista en este contexto? ¿Cómo se pueden proyectar la apariencia de expectativas económicas positivas? ¿Y cómo se puede defender la Marca España cuando la corrupción carcome todas las instituciones del Estado?

Todo lo anterior se une a la creciente desafección ciudadana en relación a los partidos, las instituciones, incluso a los organismos que vertebran la sociedad, buscándose soluciones alternativas a todo lo anterior. Uno puede tener fe en los principios democráticos convencionales con la misma intensidad que puede comprender la desesperación del desempleado que no encuentra otro empleo, del pensionista sin pensión, de la unidad familiar cuyos hijos solo se pueden alimentar en la escuela, de quienes pierden su beca por no disponer su familia de medios económicos suficientes, de quien no puede acceder a la justicia por la dimensión de las tasas judiciales, etc.

¿Dónde está la solución? Como representante de los ciudadanos elegido democráticamente me gustaría tener una respuesta, pero resultaría petulante, vanidoso y farsario decir que la tengo. Ahora, en relación al desempleo, lo pertinente es hacer lo contrario de lo que está haciendo el Gobierno español.

Si este Gobierno no tiene la capacidad soberana suficiente para acometer políticas de reactivación económica, políticas fiscales expansivas, políticas de rentas negociadas con los interlocutores sociales que frenen el deterioro de las retribuciones de los trabajadores, políticas de esperanza, lo más honesto resultaría la invocación de su carencia de soberanía e intentar articular un gran pacto de Estado para recuperar lo que en este momento solo provoca desesperanza, sufrimiento y pobreza.

¿Serán capaces de hacer lo anterior? ¿Serán capaces de aclarar los casos de corrupción que les afectan? ¿Serán capaces de superponerse a una política de Tancredo ante el toro? Pues veremos.

No faltan partidos políticos con sentido de la responsabilidad que pretenden contribuir a evitar la quiebra económica, la quiebra institucional y la quiebra moral del Estado. Solo hace falta que no el Estado, sino el Gobierno, escuche alguna vez sus propuestas.

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