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Empleo vs Emprendimiento


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Emilio Olabarria

Nacido en Bilbao en 1954. Diputado del PNV en el Congreso, donde ha estado dieciocho años, y exdiputado vasco durante otros cinco. Licenciado en Derecho por la universidad de Deusto, donde da clase actualmente.


Escrito el 29 de enero de 2014 a las 10:42 | Clasificado en PNV

“Potenciar el emprendimiento forma parte de las dos estrategias europeas contra el desempleo. Deberíamos copiar las mejores políticas de empleo de países como Alemania o Francia”.

Aunque pudiera resultar dudoso que el emprendimiento sea el paradigma de la creación de empleo, lo que no resulta dudoso es que el espíritu emprendedor es el espíritu que anida en aquellas sociedades que menores porcentajes de desempleo poseen. Desafortunadamente, en el Estado español no se ha potenciado históricamente (por razones metaculturales e incluso religiosas) el emprendimiento o el espíritu emprendedor, salvo en algunos lugares como Euskadi o Cataluña, y, desde una perspectiva normativa, el perfil regulador de los emprendedores no puede ser más desafortunado.

Potenciar el emprendimiento forma parte de las dos estrategias europeas contra el desempleo y, particularmente, de la denominada Garantía del Empleo Juvenil, que posee una dotación presupuestaria de 18.000 millones de euros financiados por el Fondo Social Europeo. La incorporación de estas ayudas comunitarias al Estado español resulta un punto menos que aberrante: se van a potenciar dos tipos de contratos particularmente polémicos por no usar la expresión más correcta de ilegales.

Se trata del contrato de emprendedores previsto en la reforma laboral y cuyo periodo de prueba tiene una duración de un año, lo que permite expulsar a los trabajadores contratados hasta el día 364 sin indemnización alguna al encontrarse en periodo de prueba (este tipo de contrato ha sido ya declarado nulo por el Juzgado de lo Social número 2 de Barcelona por contradecir los requerimientos de la Carta Social Europea); y el otro contrato que se pretende fomentar es el contrato a tiempo parcial, lo cual conceptualmente no es incorrecto si la normativa del Estado español y, en concreto, la citada reforma laboral no posibilitara la incorporación de horas extraordinarias al contrato a tiempo parcial en un porcentaje del 60% de la jornada.

Piénsese que la contratación a tiempo parcial es la antinomia de las horas extraordinarias, o como eufemísticamente se denomina, horas complementarias (quien opta por un contrato a tiempo parcial es porque no quiere trabajar más horas que las concertadas). Es un contrato normalmente utilizado por mujeres, y ojalá se generalizara su utilización por hombres, que pretenden conciliar la vida laboral y familiar.

Por otra parte, el contrato de emprendedores se regula en una ley que simultáneamente acometió la reforma parcial del sector ferroviario, la reforma parcial del sector aeroportuario, la naturaleza jurídica de la SAREB, las indemnizaciones a víctimas de catástrofes naturales, aspectos relevantes del estatuto de los trabajadores… En definitiva, el tronco de la norma, la regulación del emprendimiento, se convirtió en una materia marginal en esa miscelánea regulatoria en donde el emprendimiento o el contrato de emprendedores no puede encontrar un perfil legal mínimamente reconocido.

Cuando el concepto de emprendedor se define mal, cuando las ayudas previstas para los emprendedores están mal concebidas, a través de buenistas invocaciones a bonificaciones de cuotas, que después se anulan mediante el incremento de las cotizaciones que acomete el Real Decreto Ley 16/2013, convalidado la semana pasada.

Cuando los presupuestos destinados al empleo juvenil se distribuyen de forma arbitraria (de los 18.000 millones de euros consignados por el Fondo Social Europeo se destinan 71 millones de euros a Euskadi, y cantidades inferiores a la mayoría de las Comunidades Autónomas, ostentando todas ellas la competencia en materia de políticas activas de empleo).

Cuando todo lo anterior es tan desastroso, no se puede solicitar a un emprendedor la épica tarea de constituir una empresa.

Deberíamos copiar las mejores políticas de empleo de países como Alemania o Francia. Y en el ámbito del emprendimiento, la incorporación de seniors, trabajadores jubilados o prejubilados, que desean mantenerse en activo, complementando las carencias formativas de un joven cualificado que posee una idea brillante, pero carece de formación en el ámbito de la gestión empresarial, del marketing, de la internacionalización de los mercados, o de la captación de capital circulante. Nada de esto se está haciendo, desafortunadamente, en el Estado español y mucho de esto se va a hacer en el Plan de Empleo elaborado por las instituciones vascas. Muchas veces los porcentajes de desempleados no están solo vinculados a razones de ciclo económico.

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