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Ideología de fotocopia


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Emilio Olabarria

Nacido en Bilbao en 1954. Diputado del PNV en el Congreso, donde ha estado dieciocho años, y exdiputado vasco durante otros cinco. Licenciado en Derecho por la universidad de Deusto, donde da clase actualmente.


Escrito el 11 de abril de 2015 a las 1:01 | Clasificado en PNV

El principal problema de los nuevos partidos es su falta de ideología identificable, y de estructura política

La coyuntura política actual está caracterizada por dos fenómenos concurrentes: el afloramiento de partidos nuevos que pretendidamente superan los déficits ideológicos de los tradicionales y las también pretendidamente nuevas aportaciones a los distintos ámbitos de la actuación política, económica, de protección social, seguridad ciudadana…

En relación a los partidos nuevos, nos encontramos a su vez con un doble fenómeno que debe ser objeto de análisis más pormenorizada, como son la canalización del descontento ciudadano y la potenciación mediática que les llega a convertir, si no en alternativa, sí en posibilidad de configurar la futura institucionalidad. Nos referimos obviamente a Podemos y Ciudadanos.

No hay ningún sistema de organización política que carezca de déficits democráticos. Lo que resulta preocupante es que los déficits democráticos lleguen a adquirir tal dimensión que legitimen la creación de alternativas políticas nuevas, aunque estas carezcan de ideología.

Es muy difícil identificar la ideología de Podemos y es casi tan complicado o más identificar la ideología de Ciudadanos, organizaciones que se van a ver potenciadas, si quiera transitoriamente, por el desencanto ciudadano ante la mala gestión de la crisis económica, la mala gestión de la lucha contra la corrupción política y por la conversión de los partidos políticos en un sistema monopolístico y excluyente de participación en los asuntos públicos.

También aquí hay que excepcionar la situación de Euskadi, en donde algunos de los partidos clásicos, y en particular los que defienden el hecho nacional, que mantienen fidelizado su voto.

Por otra parte, los nuevos partidos emergentes se han encontrado repentinamente con un obstáculo que deben sortear: no solo carecen de ideología identificable, sino que carecen también de estructura orgánica. No son partidos al uso, y esta circunstancia, ante el reto de unos comicios, no se puede obviar.

Lo indicado anteriormente obliga a Podemos y a Ciudadanos a punto menos que improvisar una estructura de partido que, para los primeros, resulta contradictoria intelectualmente con su esencia: la de ser el vehículo de transportar a las instituciones todas las pulsiones ciudadanas. Solo cuando han visto que esto es imposible acometerlo desde una perspectiva asamblearia han iniciado el proceso de creación de un partido con todas las tensiones y contradicciones internas que cualquier organización comporta.

En el caso de Ciudadanos surgió espontáneamente como una opción reactiva al proceso soberanista catalán y por mor de sorprendentes circunstancias se están convirtiendo en una organización susceptible de condicionar la gobernabilidad captando el voto desencantado de la derecha y el centro, pero con el problema antes indicado: carentes de ideología identificable o poseedores de una ideología consistente en elaborar un puzzle con todo lo que puede resultar atractivo a los ciudadanos en general, como si estas operaciones fueran sencillas de realizar en el seno del ejercicio de competencias gubernamentales.

En todo caso, este multipartidismo (los partidos nacionalistas van a seguir ostentando una representatividad cuanto menos similar al nacimiento de los partidos emergentes) va a configurar una estructura de gobierno difícil de gestionar. Los ciudadanos en los próximos comicios tendrán que optar en el seno de un dilema complejo: la experiencia acrisolada por años de gobernanza de los partidos tradicionales o las deletéreas innovaciones de los partidos emergentes. O todo ello conjuntamente.

Todo lo anterior sería muy atractivo para un analista político, para un catedrático de Derecho Constitucional o para un filósofo, lo que no es tan seguro es que resulte atractivo o resulten sugestivas las consecuencias de lo que ocurra para los que reivindican o pretenden poseer garantías suficientes para su pensión, políticas orientadas hacia el empleo o la protección de los colectivos más vulnerables de la sociedad, a la pobreza y mecanismos adecuados para la financiación de esas políticas…

¿Alguien ha podido discernir las propuestas de los partidos emergentes sobre estos problemas? ¿O alguien ha podido discernir si no son más que fotocopias de lo que algunos partidos llevamos preconizando hace tiempo?

La actuación de los ‘seniors’ en el empleo, la adecuación del nivel de cotizaciones en el ámbito de la Seguridad Social, la promoción de la I+D+i para la potenciación de la economía real… Si no hay un pronunciamiento específico que no sean fotocopias y que constituyan la real ideología de los partidos emergentes, lo que realmente nos estamos jugando es nuestro propio futuro.

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