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Prestidigitación y PIB


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Emilio Olabarria

Nacido en Bilbao en 1954. Diputado del PNV en el Congreso, donde ha estado dieciocho años, y exdiputado vasco durante otros cinco. Licenciado en Derecho por la universidad de Deusto, donde da clase actualmente.


Escrito el 24 de abril de 2013 a las 9:42 | Clasificado en PNV

La nueva previsión de la contracción del PIB, del 1,5%, traerá consigo nuevos recortes. Ya no está sólo en peligro el Estado de Bienestar, sino el propio sistema democrático.

Nos sorprendió el lunes el Ministro Guindos, y de nuevo en un país extranjero, realizando un importante anuncio que afecta negativamente, cómo no, a las expectativas de crecimiento de la economía. Este tipo de anuncios parece conveniente hacerlos fuera del Estado español y en las más diversas lenguas. La “buena nueva” es que la contracción del PIB este año no va a ser del 0,5% sino del triple, ahí es nada: el 1,5%.

El primer efecto de este anuncio, y no por esperado menos sorprendente (más en la forma que en el fondo, porque siempre hace lo mismo), es que los Presupuestos Generales del Estado aprobados hace dos meses carecen ya de utilidad alguna. El cuadro macroeconómico que le sirve de sustento consigna errores tan abultados que el Gobierno se ve en la perentoria necesidad de configurar de nuevo su estructura presupuestaria y, como siempre, “in peius”, es decir, a peor.

Nadie es tan ingenuo para presumir de que, en el momento del debate de los Presupuestos, el Gobierno no sabía ya que el decrecimiento del 0,5% era una cifra ilusoria. Lo único que cabe inducir entonces es que nos siguen engañando, y que las noticias negativas se comunican a posteriori y con la bastarda pretensión de encubrir los recortes que imponen las instituciones comunitarias a una economía de facto intervenida.

Estos recortes los conoceremos el próximo día 26, y parece conveniente ir apretándose ya el cinturón. Sabemos que endurecerán la reforma laboral, endurecerán también el acceso a las pensiones, liberalizarán servicios, si es que queda alguno por liberalizar, privatizarán empresas, si alguna sigue siendo pública, y seguirán generando lo que los recortes que hasta la fecha han generado: siete millones de pobres, tres millones de personas en situación de pobreza extrema, dos millones de familias en las que ninguno de sus miembros ingresa ningún tipo de retribución, recortes en las pensiones por sutiles procedimientos manifiestamente inconstitucionales, incremento en diez puntos de la exclusión social, amortización de la Ley de Dependencia… Para qué seguir.

Y para qué seguir aguantando esto. Y hasta dónde tiene la sociedad capacidad de soportar un empobrecimiento sobrevenido de tal magnitud. Los ligeros hilvanes que configuran el degradado Estado del Bienestar de España y, en particular, la dudosa posibilidad del sostenimiento del sistema de pensiones, la privatización de servicios públicos esenciales, la limitación de derechos como el del acceso a la justicia, sujetándola a contraprestación económica terminarán provocando no solo el desapego respecto a los responsables políticos (me gustaría pensar que no todos los ciudadanos piensan que todos los responsables políticos son iguales), sino que pueden provocar algo cuyas consecuencias son muchos más inciertas e incluso preocupantes: un nihilismo generalizado que puede tener dos dimensiones, una dimensión fascista, o una dimensión extrasistema y contracultural.

Uno puede comprender el descontento y la desesperación ciudadana. Y uno puede comprender la declinante fe de los ciudadanos en las instituciones representativas. Lo malo es que las alternativas a los sistemas de democracia representativa no tienen la consistencia, ni la homogeneidad, ni la coherencia en relación a sus propuestas intelectuales que les permitan convertirse en una alternativa de poder. En definitiva, tiempos complejos nos va a tocar vivir.

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