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¿Una nueva reforma del Código Penal?


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Emilio Olabarria

Nacido en Bilbao en 1954. Diputado del PNV en el Congreso, donde ha estado dieciocho años, y exdiputado vasco durante otros cinco. Licenciado en Derecho por la universidad de Deusto, donde da clase actualmente.


Escrito el 25 de septiembre de 2013 a las 10:54 | Clasificado en PNV

“El ministro de Justicia nos presenta una reforma del Código Penal preñada con todas las perversiones que estamos denunciando: en definitiva, utilización del derecho punitivo con intereses políticos concretos”.

El Código Penal de cualquier país democrático, lo que se denomina corolario negativo de la propia Constitución, debe poseer varias características: correcta identificación de los injustos penales, principio de mínima intervención, penas ajustadas y que no superen los requerimiento de la resocialización y, sobre todo, estabilidad.

El Código Penal del año 1995 ha sido reformado ya en 11 ocasiones (el principio de la estabilidad se resiente espectacularmente) y desde el momento histórico en que gobierna el Partido Popular todas las reformas han consistido en un incremento del reproche penal a distintos fenómenos delictivos basados en circunstancias de coyuntura, en ámbitos configurados por impactos emocionales en el consciente colectivo.

En definitiva, “reformas de telediario”; precisamente, los únicos criterios que no debe considerar el legislador penal a la hora de reformar el derecho punitivo (secuestro y asesinato de niñas/os, actuaciones pederastas, e incluso delitos económicos que provocan una pulsión ciudadana basada más en la venganza que en la justa reparación).

En este momento el ministro de Justicia nos presenta una reforma del Código Penal preñada con todas las perversiones que estamos denunciando: utilitarismo, ajuste a problemas coyunturales, pretensión demagógica de reacción punitiva contra fenómenos que a su propio partido le afectan… utilización, en definitiva, del derecho punitivo con intereses políticos concretos.

A saber, la prisión perpetua (aunque se le añada la expresión revisable no le priva un ápice de su condición de prisión perpetua), o el incremento de los delitos de las penas y los plazos de prescripción de los delitos de corrupción política, medidas que generan una sospechosa apariencia de utilitarismo político.

Y a esto hay que añadir la probable recomposición del aborto mediante un sistema de indicaciones a la nueva Ley de Salud Reproductiva tal como viene solicitando la Conferencia Episcopal, y otra miscelánea de delitos estéticamente atractivos como los delitos medioambientales, los delitos contra los extranjeros, la represión de las organizaciones fascistas violentas (posición que no solo compartimos sino en la que se pueden quedar cortos), incremento de la edad para consentir válidamente relaciones sexuales… Sin constituir un conjunto de medidas que merezcan un reproche genérico, sí poseen la apariencia de una actitud tacticista o estratégica del PP.

En relación a esta importantísima reforma solo esperamos que cuente con todos o casi todos los Grupos Parlamentarios de la oposición. Un Código Penal tiene que reformarse con mayorías parangonables a la Constitución, no en vano, es su reflejo negativo. Si no lo hacen así el nuevo Código Penal nacerá con un vicio de legitimidad de origen que solo podrá ser regenerado por otra reforma penal posterior.

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