Arrow

Cataluña en perspectiva: tres eslóganes


0
Santiago Cervera

Diputado del PP y secretario del Congreso de los Diputados. Expresidente del PP navarro, antes fue diputado, senador, consejero navarro de Salud y concejal del Ayuntamiento de Pamplona por UPN.


Escrito el 3 de diciembre de 2012 a las 9:38 | Clasificado en PP

El diputado del PP Santiago Cervera analiza el sendero recorrido por Cataluña y sus gobiernos desde la Transición y ve en el Estatut el origen de la situación actual.

“Llibertat, amnistia, Estatut d’autonomia” era lo que se escuchaba por las calles de Barcelona en las manifestaciones de principios de 1976. Muerto Franco, una parte de los catalanes afloraba a las claras una petición que no tardó en materializarse. La Constitución del ’78 trajo la libertad y el inicio de un proceso de descentralización, y Cataluña fue la primera comunidad autónoma en disponer de un estatuto propio.

Con él llegaron un cúmulo de competencias que se incorporaron con fulgurante rapidez. Por ejemplo, la sanidad se transfirió antes incluso de la aprobación para el conjunto de los españoles de la Ley General de Sanidad. Las prisiones, competencia que ni siquiera hoy tienen el resto de comunidades, pasaron muy pronto a la gestión de la Generalitat.

En paralelo se consolida una formación política referencial, CiU, que no sólo gestiona décadas de política autonómica catalana, sino que decide jugar con su representación en la Cortes Generales para apoyar sus pretensiones. Y no sólo para eso, todo hay que decirlo. También para constituirse como un grupo de influencia que tradicionalmente ha amparado los intereses de ciertos sectores económicos, y no siempre porque fueran congruentes con el interés general. CiU es el partido más influyente del periodo democrático, el que ha condicionado la política del PSOE y el PP durante varias legislaturas. Era, también, un partido guiado por el pragmatismo, el que se ponía de manifiesto con eslóganes electorales del tipo “Fet, farem”, exhibidos durante el ‘pujolato’.

El final de CiU en el gobierno de la Generalitat llegó de la mano del ‘flower power’ de Zapatero. El nivel de inconsistencia y frivolidad política que anidaba en Moncloa tuvo su traslación a Barcelona a cargo de un personaje al que sus propios correligionarios tildaban de estrafalario y desequilibrado. Pasqual Maragall consigue la presidencia de la Generalitat gracias al apoyo de la ERC de Carod, y gracias también a que se sacó de la chistera algo que ni siquiera CiU había planteado con anterioridad: un nuevo Estatut que, según se decía, “venga a resolver definitivamente el problema del encaje de Cataluña en España”.

Ese nuevo Estatut, en efecto, acabó siendo un despropósito político, un texto propio de los lisérgicos momentos que se vivieron en aquellas épocas. Un Estatut que, como bien decía Jiménez Losantos, era más intervencionista que la constitución de Corea del Norte. Un Estatut hecho a la medida de una élite política, y no nada que pudiera suponer un nuevo marco de desarrollo de la Cataluña civil. Zapatero concedió la franquicia a ese texto cuando dijo aquello de “aprobaré lo que salga del Parlament”, y convenció a Mas para que CiU lo apoyara con la promesa de que él sería el encargado de encarnar esa élite beneficiada por el engendro.

Conviene recordar que el texto tuvo un refrendo de menos del 30% de la sociedad catalana, y recordarlo para poner en su sitio a los cuentistas que aún hoy achacan los actuales problemas de Cataluña a la insatisfacción (“desafección” es el término de moda) causada por el hecho de que poco más de una docena de artículos devinieran en inconstitucionales después del recurso que presentó el PP, varias comunidades autónomas y el Defensor del Pueblo.

Así llegamos al día de hoy, cuando se convocan unas elecciones inspiradas tácitamente en la idea de “Espanya ens roba”, soniquete que el nacionalismo catalán puso en circulación hace unos años. Parte de ese nacionalismo, y particularmente ERC, fue quien impuso en 2009 el actual modelo de financiación autonómica, ley orgánica que se hizo al dictado de las pretensiones de aquel tripartito de infausto recuerdo. Ni por esas. Incapaces de hacer nada que signifique veracidad y sensatez, aquella casta maragalliana y montillesca llevaron a Cataluña al límite de su ruina, la que hoy parece irresoluble.

La llegada de Mas parecía que iba a poner orden y concierto en una comunidad financieramente quebrada. Y cierto que lo intentó, y que en su Govern han destacado algunas voces sensatas (me quedo con las de los consellers de Economia y Salut). Pero también es cierto que el propio Mas acabó dándose de bruces con su propia incapacidad. El día que supo que tenía que pedir la ayuda al Fondo de Liquidez Autonómica (vulgo, rescate), es el día que pergeñó su plan para saltar del avión en pleno vuelo, buscando el paracaídas del independentismo abrupto, y mutándose en el Moisés que llevaba a los catalanes a la tierra prometida.

El resto de la historia es igualmente conocida. El bofetón electoral del 25-N es antológico, de los que se recordarán por generaciones. Y la consecuencia, no menos dramática para esas generaciones. Hoy Cataluña aparece socialmente quebrada, incapaz de conciliar un interés político común, atenazada por su quiebra económica y con espacio abierto para las reivindicaciones más demagógicas. La corrupción tácita o explícita que a diario venimos conociendo no es sino el efecto de una élite política mendaz y advenediza, que ha relegado al último lugar de sus prioridades los intereses de la gente. Al ciudadano le han contado tanta basura argumental que ya no se puede esperar de él ni que conteste con franqueza a las encuestas.

Comparte tu punto de vista

XHTML: Puedes usar estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>