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La revolución del liderazgo


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Ignacio Uriarte

Diputado Nacional del Grupo Parlamentario Popular. Portavoz adjunto de Cooperación Internacional al Desarrollo. Comisiones de Asuntos Exteriores y Defensa.


Escrito el 29 de julio de 2013 a las 10:16 | Clasificado en PP

Dos explicaciones justifican el fenómeno en que se está convirtiendo el nuevo Papa: la fuerza que transmite y la solidez de sus convicciones.

Los grandes expertos de la comunicación social y política de todo el planeta llevan meses escudriñando explicaciones teóricas a las sensaciones y emociones que el revolucionario Papa Francisco está provocando en los cinco continentes.

Entiendo y respeto el gran trabajo que realizan los gurús de la comunicación contemporánea y sigo apostando por la alianza que debemos mantener con ellos quienes estamos trabajando en la vida pública, pero en demasiadas ocasiones he tenido miedo a que el marketing se impusiera al alma humana en lo social y político, y este ejemplo del Papa es un atisbo de esperanza.

¿Qué está provocando Francisco en tantos millones de personas? Los expertos podrán apuntar infinitas razones académicas, pero desde la lectura de mis propios sentimientos creo que se están dando dos factores que no se pueden aprender o forzar tras un curso de telegenia o de comunicación política: la fuerza de un espíritu y la verdad de sus motivaciones.

Un espíritu que le mueve y remueve por dentro cada día. Incluso los no creyentes están percibiendo la fuerza interior de un hombre que algo les está trasladando. Todos, con fe y sin fe, necesitan de un espíritu interior que les levante cada mañana y Francisco desprende la fuerza del suyo con una claridad y atractivo que llevábamos mucho tiempo sin ver en la Iglesia Católica.

La verdad no tiene porcentajes ni medidas relativas, la verdad es o no es, pero no puede ser parcial. Esa necesidad de consistencia hace que la verdad sea un bien preciado y que las personas la reconozcan en cuanto la ven, como diría Benedetti, sin simulacros, sin telón ni abismos.

Francisco tiene una verdad, Cristo, y eso le lleva a dar la vida por la gran motivación que se desprende de su verdad: el ser humano.

El mundo está sediento de liderazgos llenos de espíritu y verdad. El planeta se está situando frente a retos y desafíos desconocidos que requieren nuevos y renovados liderazgos. Es nuestra responsabilidad identificarlos e impulsarlos en nuestros respectivos ámbitos.

La política, las finanzas, los medios de comunicación, la cultura, las ONG, la banca, las instituciones internacionales, y como ellos todas las estructuras sociales, requieren apostar por la revolución de sus liderazgos y actualizarlos y resulta irónico, dadas las críticas habituales, que una de las primeras y con esa fuerza haya sido la Iglesia de Cristo.

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