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Lampedusa y la Cláusula Martens


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Ignacio Uriarte

Diputado Nacional del Grupo Parlamentario Popular. Portavoz adjunto de Cooperación Internacional al Desarrollo. Comisiones de Asuntos Exteriores y Defensa.


Escrito el 10 de octubre de 2013 a las 10:22 | Clasificado en PP

¿En qué clase de seres humanos nos hemos convertido para dar normalidad jurídica a la dejación de la prestación de socorro en pos del control migratorio?

La llamada Cláusula Martens, conocida en el Derecho Internacional Humanitario (DIH), se introdujo en la legislación internacional en la Conferencia de Paz de la Haya en 1899, con el impulso del diplomático ruso Fyodor Fyodorovich Martens. Esta cláusula refleja el espíritu que debe guiar la interpretación de la normativa internacional en lo referido a los conflictos armados y la protección de víctimas y de personal humanitario.

En concreto, la cláusula establece que en los casos no incluidos expresamente en las disposiciones normativas “las poblaciones y los beligerantes quedan bajo la protección y el imperio de los principios del Derecho Internacional, tal y como resultan de los usos establecidos entre naciones civilizadas, de las leyes de la humanidad y las exigencias de la conciencia pública”.

En los comienzos de la segunda mitad del siglo XX la sociedad mundial pareció vivir una nueva y tardía fase del Siglo de las Luces, donde la humanidad y la defensa de la dignidad de la persona se convirtieron en los pilares fundamentales de todas las normas internacionales y de las relaciones entre países, dando lugar al Derecho Internacional de los Derechos Humanos.

Desgraciadamente, a finales de ese mismo siglo la actitud, principalmente de los países desarrollados y con alta dependencia financiera, abocó a parte del mundo a vivir una de las mayores crisis económicas y sociales de nuestra era. A día de hoy, aún vivimos con estupor los efectos de esa actitud descentrada del humanismo. Sin embargo, parece que finalmente empiezan a escandalizarnos asuntos que hace sólo tres años parecían no preocupar a nadie.

La economía y todas sus consecuencias sociales son el claro ejemplo de ese ser en el mundo a galope tendido y sin piedad, pero poco a poco vamos viendo otros muchos sectores contaminados en su hondura por esos años de falsa bonanza y bienestar; la tragedia de Lampedusa están sacando a la luz otro de ellos: la política migratoria común en la Unión Europea.

Me resulta imposible creer que hace 60 años el mundo pudiera presumir de una mayor humanidad y conciencia pública en sus relaciones entre seres humanos y hoy, de pronto, salten a la luz leyes europeas que, por poner un ejemplo, tipifican como delito que los barcos que avisten una barcaza desbordada de hombres, mujeres y niños les presten ayuda. ¿En qué clase de seres humanos nos hemos convertido para dar normalidad jurídica a la dejación de la prestación de socorro en pos del control migratorio? Si no hubieran sido considerados como inmigrantes, esos barcos pesqueros y todos los funcionarios de fronteras de la Unión Europea que no les hubieran ayudado habrían incurrido en delito por cada fallecido en una tragedia marítima.

Creo en la necesidad de una regulación migratoria regional y común para toda la Unión Europea y creo también que debe sustentarse en los tradicionales pilares del control migratorio, cooperación con países emisores de emigrantes e integración de los ciudadanos extranjeros residentes legales; pero por encima de todo creo y quiero defender una política basada en la Cláusula Martens: las leyes de la humanidad y las exigencias de la conciencia pública. Quiero que las leyes europeas se sometan al Derecho Internacional de los Derechos Humanos.

El Presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barrosos, ha viajado a Lampedusa para valorar in situ la situación humanitaria. Confío en que esta tragedia sea el inicio de una serie de reformas y propuestas políticas que humanicen la normativa europea y hagan que las leyes se inspiren en la humanidad que demuestran tantos ciudadanos europeos, como los pescadores italianos que olvidaron la ley para salvar vidas aquella noche, y que son los que hacen que la Unión Europea sea una digna merecedora del Premio Nobel de la Paz.

Los votantes dicen...
  1. kolomer dice:

    no creo que ningún jerarca del partido popular tenga autoridad moral para escandalizarse cual cocodrilo del manzanares por los hechos de Lampedusa, ustedes son unos hipócritas, caballerete, unos hipócritas que ya no engañan ni a su tía.

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