Arrow

Prohibir el divorcio no arregla la situación


0
Carles Campuzano

Nacido en Barcelona en 1964, licenciado en Derecho y diputado de CiU en el Congreso desde 1996. Miembro del consejo ejecutivo nacional de Convergència Democràtica de Catalunya.


Escrito el 15 de noviembre de 2012 a las 13:51 | Clasificado en Opinión

El diputado de CiU Carles Campuzano compara la reacción de los partidos nacionales ante el planteamiento de un referéndum de autodeterminación en Cataluña.

La inmensa mayoría de las reacciones que han provocado los hechos acontecidos en Cataluña a raíz de la masiva manifestación del 11 de setiembre tienen una patología compartida: nos recuerdan al marido despechado que, al conocer que su pareja les anuncia que ya no aguanta más, responde con improperios, descalificaciones y amenazas.

En ningún momento los dirigentes del PP y del PSOE, pero tampoco la mayoría de la élite económica e intelectual, se han preguntado cuál es su responsabilidad en el proceso que ha llevado a Cataluña de aspirar a liderar la modernización de España a optar por un Estado propio en el marco de la Unión Europea, pasando por un periodo de una lenta y progresiva desconexión de España. Y tampoco, hasta la fecha, esas mismas élites han dado razón alguna para que Cataluña sienta el deseo de continuar formando parte de un proyecto compartido junto con el resto de pueblos que conforman el Estado español.

No se propone un horizonte común que responda a las aspiraciones de libertad, reconocimiento y capacidad de autogobierno de las que participan el vasto y plural mundo de la sociedad catalana, sino que se amenaza con la Constitución, el Código Penal y boicots de todo tipo; incluido el veto para la permanencia de una Cataluña independiente en el seno de la Unión Europea.

De manera más que previsible, los resultados del próximo 25 de noviembre van a expresar que una mayoría muy rotunda de los electores catalanes opta, ante la situación actual, por apoyar a los partidos que en sus propuestas electorales incorporan, de manera central, la necesidad de que en los próximos cuatro años se le dé la voz al pueblo de Cataluña para que éste pueda decidir, de manera libre, cuál desea que sea su futuro status político en el seno de la Unión Europea.

Ejercer el derecho a decidir, ejercer nuestro derecho a la autodeterminación, es hoy donde confluyen la práctica totalidad de las fuerzas políticas catalanas con representación parlamentaria, a excepción del PP y Ciutadans. Y esa mayoría amplia y plural de diputados y diputadas que van a ser elegidos en esas elecciones durante los primeros meses de 2013 van a promover los cambios legislativos que permitan a la ciudadanía catalana ejercer el derecho a decidir.

Las élites españolas deberán decidir si su respuesta continúa siendo la del marido despechado, que no entiende por qué su pareja le abandona, o por el contrario optan por la respuesta democrática y civilizada que es pactar las condiciones para que pueda ejercerse el derecho a decidir y asumir que, en cualquier caso, los resultados de la correspondiente consulta obligan a las partes y que, si una mayoría optase por iniciar el camino hacia el Estado propio, deberían acordarse las consecuencias de todo tipo que se derivan de esa democrática decisión.

Tampoco se trata de inventar nada nuevo. Hace tiempo Canadá y Quebec mostraron cuál era el camino de las sociedades más libres, democráticas y civilizadas ante los conflictos planteados en Estados plurinacionales, cuando los desacuerdos aconsejan un nuevo tipo de relación. Estos días también hemos visto cómo Cameron y Salmond, representando a los Gobiernos británico y escocés, acordaban celebrar un referéndum basado en el derecho a decidir del pueblo escocés.

Y es que si un matrimonio no funciona, prohibir el divorcio no arregla nunca la situación.

Comparte tu punto de vista

XHTML: Puedes usar estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>