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El PP privatiza todo menos la religión (católica)


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Juan Moscoso del Prado

Nacido en 1966, Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales. Portavoz de Economía del PSOE en el Congreso


Escrito el 10 de diciembre de 2012 a las 13:08 | Clasificado en PSOE

El diputado socialista Juan Moscoso del Prado critica la reforma educativa propuesta por el Gobierno, tras la que ve una voluntad adoctrinadora de la Iglesia.

Estos días hemos conocido el ultimo borrador preparado por el ministro Wert de la llamada LOMCE. Una ley que pretende acabe con el modelo educativo construido en 30 años de democracia porque abre la puerta al desmantelamiento y cierre de centros públicos y su sustitución por centros privados concertados. Una ley que cercena la igualdad de oportunidades imponiendo un sistema de reválidas que obstaculizará la progresión de los más vulnerables.

Sorprende un Gobierno decidido a privatizar elementos estructurales del Estado del Bienestar que forman parte del llamado pacto constitucional como la educación, la educación o la sanidad mientras que mantiene la competencia pública en otros. Así, se privatiza el sistema sanitario para la salud física de los ciudadanos mientras que se refuerza la desde siempre nacionalizada salud de las almas. Sanidad privada frente a religión pública, católica claro.

La provisión de derechos sociales constitucionales privatizados mientras que las consecuencias de acuerdos previos al marco constitucional se gestionan por la administración pública. En definitiva, se concede más valor al contenido del Acuerdo entre el Estado español y la Santa Sede de 1979, al concordato, que a la propia Constitución de 1978. Derechos sociales constitucionales privatizados mientras se refuerza la provisión pública de privilegios fruto de acuerdos gestados en momentos preconstitucionales.

La recuperación de la asignatura de Religión complementada obligatoriamente con una asignatura optativa alternativa, ineludible y evaluable, es una decisión tan grave que los socialistas no sólo la derogaremos el primer día que volvamos a gobernar sino que probablemente la recurramos ante el Tribunal Constitucional.

Adoctrinamiento

La imposición de una alternativa evaluable a los estudiantes que no elijan asistir a catequesis en los centros educativos para incentivar su adoctrinamiento es con toda probabilidad inconstitucional aunque hasta ahora nadie se haya atrevido a presentar recurso alguno. No cabe imponer obligaciones a terceros que nada tienen que ver los privilegios que el concordato contempla para otros, para unos fieles determinados. Si el gobierno no rectifica el borrador del anteproyecto cuando la LOMCE se apruebe habrá llegado la hora de hacerlo, de recurrir al más alto tribunal el contenido de la nueva ley y quizás también el propio concordato por lo que mas adelante se explica.

El ministro de Educación no dice la verdad cuando afirma que pretende adaptar la legislación educativa al concordato. Gran mentira porque en el acuerdo entre el Estado español y la Santa Sede sobre enseñanza y acuerdos culturales nada se dice de imponer alternativas obligatorias evaluables para disuadir a los jóvenes y evitar que sigan el camino equivocado.

Me da mucha penar imaginar el futuro educativo que la Conferencia Episcopal desea para todos los jóvenes españoles. Todos segregados por mandato legal según las creencias subjetivas de sus padres. Unos estudiando ética, derechos humanos y valores democráticos y constitucionales mientras en la clase de al lado se les enseña que dos personas del mismo sexo no pueden amarse ni desear formar una familia, que el matrimonio es para siempre salvo que cuando se contraiga canónicamente se ignore tal cosa por alguna extraña razón, que la evolución de las especies es sólo una hipótesis, que la salvación de la humanidad no está en la ciencia o la razón, que el sexo es simplemente algo malo o que los hombres y las mujeres no son iguales como demuestra la estructura y escalafón de la Iglesia Católica. Como padre me aterra la idea.

Gravísimo me parece que se establezcan obligaciones a terceros para intentar pescar despistados, a los que opten por la catequesis por presión social, para evitarse problemas o simplemente porque la asignatura sea una ‘maría’. Peor es todavía que los campeones sobrevenidos del constitucionalismo no tengan interés alguno en enseñar a los jóvenes la importancia de las implicaciones de nuestro marco constitucional, el que garantiza nuestras libertades y derechos, y que consideren el contenido de asignaturas como educación para la ciudadanía “adoctrinamiento” mientras reintroducen la religión católica en los planes de estudios. Parece ser que ser instruido en la fe católica por voluntad ajena y conocer nuestro marco constitucional son opciones incompatibles.

Nada de eso se deduce del texto del Concordato que, no por ello, no deja de estar totalmente superado por la realidad. Si el ministro tuviera razón estaría obligado a crear otra asignatura-catequesis análoga también en los estudios universitarios porque la redacción que se utiliza para ambos ciclos de enseñanza en el texto del concordato es exactamente la misma, es literal, sin que a nadie hasta ahora se le haya ocurrido llevar a cabo tal disparate en la universidad.

Un texto inconsitucional

Pero aún hay más, el concordato es con toda probabilidad inconstitucional porque por el mismo el Estado español se obliga a que la educación en los centros públicos “será respetuosa con los valores de la ética cristiana” mientras que no dice nada de que la educación moral y religiosa católica que se instruya en el sistema educativo deba ser respetuosa con los valores constitucionales. Inconstitucionalidad de la LOMCE porque impone obligaciones a terceros que nada tienen que ver con los privilegios del concordato, y posible inconstitucionalidad del propio concordato por no respetar los valores de nuestra Carta Magna.

El Concordato debe ser derogado, denunciado o profundamente reformado. Es más, creo que ello redundaría en beneficio de los intereses espirituales de los católicos. En estos tiempos en los que se habla tanto de la crisis de la religión, no deja de sorprenderme la poca importancia que la jerarquía católica concede a sus vínculos con la sociedad. Siempre me ha llamado la atención que tantos que reivindican su fe como lo más importante en sus vidas opten por desentenderse y subcontratar a intermediarios la enseñanza de esas creencias subjetivas a sus hijos, como es el caso del sistema educativo público, concertado o privado en nuestro país.

Las sociedades con comunidades religiosas más vibrantes no son las que han nacionalizado su enseñanza por la dejadez de sus fieles. Son aquellas en las que cada cual estudia su fe en su templo al salir del colegio. Sólo el corporativismo de un clero nostálgico de veinte siglos de teocracia y que vive de espaldas a la sociedad explica algunas actuaciones.

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