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Estancamiento y deflación


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Juan Moscoso del Prado

Nacido en 1966, Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales. Portavoz de Economía del PSOE en el Congreso


Escrito el 5 de diciembre de 2014 a las 7:32 | Clasificado en PSOE

La economía española se encamina a un nuevo escenario incierto que precisa de acción por parte del Gobierno en el contexto europeo

El riesgo de que la Unión Europea y la zona euro vuelvan a caer en un círculo vicioso de estancamiento y deflación está aumentando. En estos momentos existen previsiones contradictorias sobre lo que va a ocurrir en 2015, dudas que evidencian la necesidad de poner en marcha medidas fiscales complementarias y de impulso a la demanda para evitar este riesgo.

En este contexto, el Gobierno tiene la oportunidad, quizás la última, de elevar su voz y pelear con mucha más agresividad que la mostrada hasta ahora para que se refuerce el Plan Juncker. Es imprescindible una actitud clara a favor del crecimiento, una actitud que ha brillado por su ausencia durante toda la legislatura, exigiendo un mayor impulso de demanda. Es evidente que el Gobierno sigue estando excesivamente condicionado por las pautas marcadas desde Alemania.

El Plan, que puede llegar por la vía del apalancamiento a movilizar hasta 300.000 millones de euros, es un paso en la buena dirección, pero un paso insuficiente. Ha llegado la hora de exigir con contundencia instrumentos de demanda imprescindibles que compensen los efectos de los recortes presupuestarios para acompañar con inversiones las reformas de los países del sur de Europa. La España del PP ha apostado por una salida de la crisis reduciendo costes laborales, devaluando salarios, recortando derechos, y sin invertir en los elementos de los que depende la productividad futura. Esos elementos de inversión son los que tanto en el Plan Juncker como en las perspectivas del Gobierno son claramente insuficientes, incapaces de llevarnos hacia un futuro de crecimiento y de creación de empleo de calidad.

Desde 2007, la inversión media anual ha caído en más de 300.000 millones de euros en toda Europa y la de 2014 va a ser 500.000 millones inferior a la de 2007. En Alemania la inversión neta desde 2002 es negativa, y desde enero de ese mismo año ha acumulado un superávit por cuenta corriente en su balanza del 87%, algo insostenible para el conjunto de la economía europea. La tasa de inflación de Alemania, tan sólo un 1%, aboca a los países del sur de Europa a la deflación y a la recesión.

El Gobierno debe ser mucho ser más prudente en su discurso económico dejando a un lado su excesivo triunfalismo, toda vez que las incertidumbres y las dudas en el futuro de la economía española y europea no desaparecen. Dudas sobre el futuro que exigen complementar las reformas con inversiones, inversiones que sean capaces de aumentar el crecimiento potencial y que impidan que todo el aumento de competitividad se produzca a costa de la reducción de salarios. Las reformas estructurales sin inversión no generan crecimiento. Sin inversión no aumentará el crecimiento potencial, ni aumentarán la productividad y los salarios para crear empleo de calidad.

En 2007 el desempleo era del 4,2% en Navarra y del 13% en Andalucía. Hoy, en 2014, es el 14,9% en Navarra y el 35,2% en Andalucía. La diferencia entre ambas comunidades se ha producido a pesar de que ambas regiones contaban con la misma legislación laboral, los mismos sindicatos, las mismas patronales y la misma estructura de negociación colectiva. Lo que es distinto es el capital humano, la formación de los trabajadores, la existencia de infraestructuras, la base industrial, el tejido empresarial, la calidad de los emprendedores, factores todos ellos que dependen de la inversión y su evolución histórica. Las reformas laborales como la aprobada por el PP no generan milagros.

La economía española está a punto de volver a caer en un círculo vicioso de deflación y estancamiento y así lo demuestran muchos indicadores. El pulso de la demanda es preocupante, ya que su crecimiento se está haciendo con cargo al ahorro y porque la renta familiar disponible sigue cayendo. Ello genera dudas importantes sobre su sostenibilidad a medio plazo por lo que no debe sorprender que algunos organismos internacionales estén revisando a la baja el crecimiento previsto para 2015. Lo mismo ocurre con el cumplimiento del déficit para 2015. La Comisión estima que el próximo año será de un 4,6% del PIB, por encima del objetivo del 4,2%. El pobre crecimiento económico previsto en Europa no permite echar las campanas al vuelo. Además, para cumplir esos objetivos y llegar al 3% de déficit en 2016 haría falta un recorte adicional de unos 20.000 millones de euros en el gasto público español.

Asimismo, se aprecia cierto deterioro de la posición exterior española. No deja de ser chocante que después de todo el esfuerzo de ajuste que ha hecho la sociedad española, concentrado en las familias y en las pequeñas empresas, volvamos de nuevo a posiciones de debilidad exterior.

Europa necesita soluciones comunes a problemas comunes y su primer problema es la falta de crecimiento económico, un problema que no lo estamos afrontando desde una dimensión común. Un problema que sólo se puede resolver desde la UE y que puede quebrar nuestro modelo social, crear desigualdad, dar rienda suelta al euroescepticismo y al populismo y hacer fracasar el euro.

Europa necesita urgentemente una solución común para salir de la situación de riesgo de deflación y estancamiento en la que se encuentra. Esa solución común exige aumentar la demanda agregada, cambiar la ruta de política económica porque la austeridad sólo ha creado injusticia, se ha demostrado inútil y está provocando un hundimiento de los salarios y de los derechos sociales de los trabajadores. Una solución que permita respaldar las reformas con inversión, y que cuente con nuevas y ambiciosas medidas de expansión monetaria impulsadas por el Banco Central Europeo.

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