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Incumplir compromisos, pero no con el deber


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Juan Moscoso del Prado

Nacido en 1966, Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales. Portavoz de Economía del PSOE en el Congreso


Escrito el 8 de enero de 2013 a las 10:13 | Clasificado en PSOE

El diputado del PSOE critica la actitud del PP desde la oposición, pasando por cómo llegó al Gobierno y qué está haciendo desde él.

Ya sabemos que Mariano Rajoy no cumple sus compromisos pero sí con su deber. Nos lo ha explicado Alberto Núñez Feijóo, al que le ha faltado añadir que lo hace por gracia divina, como en los viejos tiempos, porque la cuestión carece de cualquier justificación democrática y racional. Quizás Feijóo lo sepa y por ello se ha metido en semejante jardín sumándose sin querer -o queriendo, quien sabe…- al clamor social que denuncia el engaño masivo que está cometiendo este Gobierno.

Este Gobierno y el partido que lo respalda, el PP, son responsables de un inmenso fraude institucional en un momento el que nuestra democracia exige justamente lo contrario. Su actitud está debilitando gravemente la legitimidad y el reconocimiento ciudadano de nuestras instituciones.

La gestión del gobierno del PP en su primer año de existencia está siendo un fraude democrático por dos motivos. El primero, por cómo se comportó cuando todavía era oposición. El segundo, por el incumplimiento masivo y sistemático de todas sus promesas electorales, los “compromisos” de Feijóo. Vayamos por partes.

Desde la oposición

En primer lugar, el PP basó su estrategia de oposición en la destrucción de un Gobierno y de un presidente de Gobierno a los que negó la más mínima capacidad para gestionar y dirigir nuestro país. Esa negación sistemática, jaleada por un sector importante de los medios de comunicación, le llevó a abogar por un deterioro de la situación económica y social española -Montoro dixit- con el único objetivo de erosionar al Gobierno anterior y precipitar su caída como de hecho sucedió.

Pues bien, un año después y a la luz del desempeño objetivo desplegado por un equipo de Gobierno en el que brillan por méritos propios los ministros Cristóbal Montoro, Ignacio Wert, Ana Mato, Fátima Báñez, Alberto Ruiz Gallardón… y el mismo Rajoy, complementados por actuaciones como la de Dolores de Cospedal en Castilla La-Mancha, se corrobora cuán injusta fue la destrucción política e incluso personal del anterior equipo a expensas incluso del deterioro institucional que provocó.

La falta de pericia, la ausencia de plan alguno, el abuso de los Decretos Ley sin contar con las Cortes, las larguísimas desapariciones del presidente del Gobierno, las improvisaciones y rectificaciones demuestran lo temeraria, irresponsable y básicamente falaz e injusta que fue esa estrategia.

El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero cometió errores, claro que sí, pero este gobierno hasta ahora ha sido incapaz de demostrar que sea mejor en ámbito alguno. Es más, un sólo error, la gestión de Bankia en los primeros meses del gobierno Rajoy, ha bastado para colocar a nuestro país en una posición mucho más crítica de lo que nunca estuvo con gobiernos del PSOE. Una gestión sectaria y garrafal, la de Bankia en 2012 con el episodio Rato incluido, difícilmente achacable a la herencia recibida. Así que la eficiencia en el desempeño de gobierno de la derecha española deja mucho que desear.

Como Gobierno

En segundo lugar, el incumplimiento sistemático de todas y cada una de las promesas realizadas durante meses e incluso años. Porque ¿se pueden ganar las elecciones para hacer lo contrario de lo prometido desde el primer día? ¿Los ciudadanos eligen un programa o a un señor o señora al margen de lo que diga o haga? ¿No existen mecanismos de control continuo?

No subir impuestos, no subir el IVA, no abaratar el despido, no tocar la negociación colectiva, no congelar las pensiones, no recortar la sanidad y la educación, no privatizarlas, mejorar las políticas de dependencia (sic), no congelar los salarios de los funcionarios, no destinar dinero público a salvar entidades financieras, no abusar de los Decretos Ley, mejorar el control parlamentario del Gobierno, no reducir las ayudas a las familias -siempre suben con el PSOE y bajan con el PP a pesar de lo que dice la Conferencia Episcopal-, aumentar la I+D+i… Es imposible recoger aquí todos los incumplimientos porque prácticamente son tantos como decisiones adoptadas.

Estas dos grandes mentiras, dos grandes fraudes democráticos, además, han venido acompañados de hechos y actitudes preocupantes. En materia económica seguimos sin plan alguno. El Gobierno no ha explicado todavía qué idea de futuro tiene para nuestro país, cómo pretende que salgamos de la crisis, en qué trabajarán los españoles en el futuro.

Otra gran mentira: no tenían plan y su mera llegada al poder, como algunos llegaron a creer, no ha servido para cambiar el fondo de nuestros problemas como algunos ya anunciamos. Tres años después del comienzo de la crisis seguimos sin tener un diagnóstico común del origen de la crisis porque el PP no quiere asumir su parte de responsabilidad en el inmenso error o fallo colectivo que nos ha llevado a tirar por al borda quince años de crecimiento.

¿Quieren pruebas? Sólo la profunda ignorancia en el origen de la crisis, o una insólita irresponsabilidad, puede explicar que el Gobierno de Mariano Rajoy recuperara la desgravación por compra de vivienda nada más llegar a Moncloa. Decisión que, por suerte, tuvo que rectificar a los pocos meses al asumir las condiciones impuestas por Europa tras el desastre de Bankia.

En materia democrática el PP tampoco da señales muy esperanzadoras de regeneración. En Madrid a todos nos gobierna Mariano Rajoy designado a dedo por José María Aznar como bien nos ha recordado en sus memorias. Mientras, Ignacio González en la Comunidad y Ana Botella en el Ayuntamiento se benefician de privilegios digitales similares.

María Dolores de Cospedal gana más de 200.000 € al año mientras elimina la dedicación exclusiva de los parlamentarios de Castilla La-Mancha: acumula tres salarios de dedicación exclusiva, destacando el salario que el PP diseñó para sus secretarios generales en tiempos de Francisco Álvarez Cascos en un partido en el que su dirección ingresa importantes sueldos además de los que cada uno de sus miembros pueda percibir en las instituciones en las que ostente cargos electos. Urge aplicar a los salarios percibidos en los partidos políticos las mismas incompatibilidades y control que a los de las diferentes administraciones porque todos salen de los Presupuestos Generales del Estado.

Con este panorama no son buenos tiempos para la regeneración democrática que la sociedad española pide a gritos.

No quiero terminar sin referirme a lo que proponemos desde el PSOE. Estamos comprometidos a presentar propuestas para reforzar la calidad de control democrático del Gobierno, de los procesos de toma de decisión en los partidos políticos, de la transparencia en las instituciones públicas de todo tipo. Vamos a elegir a nuestros candidatos en procesos de primarias abiertas y vamos a democratizar el proceso de toma de decisiones en Europa. Sé que muchos no me creerán, por eso es mi obligación y la de todo el PSOE seguir trabajando para convencerlos, primero, y hacer que esas propuestas sean una realidad después. Porque no hay otra alternativa.

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