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Secesión de Cataluña, una triple corrupción


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Carlos M. Gorriarán

Doctor en Filosofía y licenciado en Historia, profesor de la UPV desde hace dos décadas. Diputado por UPyD, partido donde es responsable de Programa y Acción Política


Escrito el 14 de noviembre de 2012 a las 10:32 | Clasificado en Opinión

El diputado de UPyD, Carlos M. Gorriarán, vincula el proceso soberanista catalán como una huida de la crisis y de la corrupción en el entorno de CiU

No parece casualidad que un partido profundamente implicado en casos de corrupción y de financiación ilegal, CiU (legalmente una federación de dos partidos, pero uno para lo que importa), se haya puesto a la cabeza de un proceso de secesión que hasta hace poco sólo reclamaban abiertamente ERC y otros pequeños partidos. Y no es casual porque hay una profunda y poliédrica relación entre corrupción y secesión.

Desde luego, CiU no es el único partido incurso en casos de corrupción ni de financiación ilegal, un cáncer muy extendido en las siglas de la Transición hasta el punto de que no se libra ninguna (UPyD no existía entonces ni hasta hoy ha permitido el desarrollo de ninguna larva corruptora). Pero da la impresión de que, a su escala autonómica, CiU ha ido más lejos que ningún otro partido grande. Añadamos una confesión de parte: la reacción de Artur Mas al acusar al PP de haber filtrado el informe de la policía judicial sobre la financiación ilegal de su partido. No es que Mas negara los hechos –se limitó a decir que no hay pruebas-, sino que acusó a su rival y socio político con el consabido ‘y tú más corrupción’, doliéndose del oportunismo de acusar en campaña electoral.

En esto último no le faltaba cierta razón, ya que el mutuo enmascaramiento de la financiación ilegal ha sido lo corriente entre los partidos viejos todos estos años, y sólo la creciente indignación de la opinión pública contra estos hábitos –a veces no muy bien entendidos como ‘privilegios de la clase política’, cuando son delitos- ha abierto el paso a la reciente Ley de Financiación de Partidos Políticos, que mejorará bastante las cosas dificultando los viejos hábitos de opacidad e ilegalidad en esta materia y sus anexas.

Pero en el caso que nos ocupa no se trata sólo de las viejas y muy reprobables prácticas corruptas de los partidos tradicionales. Se trata de más: en primer lugar, de una huida hacia adelante en toda regla, pues la activación del proyecto secesionista viene de perlas para barrer debajo de la alfombra las evidencias acumuladas de corrupción. ¿A quién le importan unos pocos millones de euros cuando se habla de curar el cáncer con la independencia, y de vivir mucho mejor pagando menos impuestos? Si la secesión sale adelante, CiU y sus socios se beneficiarían a sí mismos de la más que probable amnistía fundacional del nuevo Estado catalán, o sea, borrón y cuenta nueva. De no prosperar, la secesión también cumple la función de desviar el debate político a los ámbitos procelosos de las pasiones nacionalistas, apartando a la plebe de la tentación de discutir sobre mala gestión, hundimiento del Estado de bienestar, paro y corrupción de la vieja clase política.

Por esa función, encubridora y alienante, el proceso secesionista resulta ser en sí mismo un caso de corrupción política de la democracia, pues su verdadero objetivo no es el proclamado, la casi imposible constitución de un Estado soberano catalán sin salir de la UE, sino otro: lavar los pecados de la casta política catalana y de sus socios mediáticos y empresariales (los primeros generosamente regados con dinero público en época de gravísima escasez de recursos) en la catarsis patriótica de una construcción nacional(ista) culminada con éxito y sin demasiado trauma.

Es un decir: dado su enorme costo real, lejísimos de la gratuidad e inocuidad en que insiste la propaganda, el proyecto probablemente no saldrá adelante por mucha mayoría soberanista que acumule el nuevo Parlament, y eso provocará una enorme frustración colectiva en Cataluña (aparte del empeoramiento de sus relaciones de todo tipo con el resto de España como inevitable daño colateral).

Un freudiano diría que el lema explícito o implícito que ha animado el proceso secesionista, el de ‘España nos roba’, es toda una proyección del deseo y del hecho reprimido a ese ‘alter ego’ revestido de los rasgos propios que la consciencia rechaza para sí (o algo parecido, no se lo tomen en serio). Aquí y allí, si alguien ha robado, tanto directa como indirectamente, es ese ‘establishment’ subido al tren parado de la independencia para evitar ser desalojada de las instituciones que ha puesto a su servicio. En fin.

Así que tenemos en marcha una secesión de Cataluña, promovida desde las instituciones, y la imitación de la sociedad civil, de sus satélites de todo tipo, que reúne rasgos de tres corrupciones diferentes. O, si se prefiere, hay corrupción de tres niveles. Primero el vulgar del enriquecimiento ilícito, la prevaricación, el cohecho y la financiación ilegal. El segundo, el propiamente político de presentar como un avance de la democracia lo que será un golpe de Estado de llegar a consumarse: un referéndum ilegal y unilateral que rompe la Constitución de la nación española. Y el tercero, la corrupción moral de engañar a la opinión pública con tácticas de propaganda más propias de una dictadura que de una sociedad abierta: manifestaciones organizadas desde las instituciones, mensajes unánimes en medios públicos y concertados, intoxicación masiva de pensamiento único en el sistema educativo…

Es verdad que los partidos nacionalistas, como los de paleoizquierda, cuentan con la buena conciencia preventiva de que sus intereses y conveniencias no son otros y otras que los de la Patria a la que pretenden representar en riguroso monopolio. De modo que la corrupción y la financiación ilegal, como la conculcación de las leyes democráticas, pueden presentarse como acciones meritorias y necesarias para el bien de la nación oprimida. O sea, que si España nos roba a ver por qué no íbamos a hacer lo mismo nosotros, sus víctimas.

Ya lo dijo el doctor Johnson: el patriotismo es el último refugio de los canallas. Lo que no significa que la oración valga a la inversa, pero sí que sigue siendo una observación válida, lúcida y necesaria.

Los votantes dicen...
  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: No parece casualidad que un partido profundamente implicado en casos de corrupción y de financiación ilegal, CiU (legalmente una federación de dos partidos, pero uno para lo que importa), se haya puesto a la cabeza de un p……

  2. Llúcia dice:

    Se tendrian que llamar progreso-reformista .. UPyD( Unión Progresoreformista y Democracia ) ..

    Progreso suena a partido progresista de izquierda .. Progreso-reformista suena a partido transversal( ni de izquierdas , ni de derechas ) ..

  3. […] Secesión en Cataluña, una triple corrupción (Opinion: Carlos M. Gorriarán) […]

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