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Ser o no ser… español


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Alberto Sotillos

Padre. Sociólogo. CEO Social Media en Mr.President Consulting Group. Asesor de Comunicación en Redes Sociales y Estrategia de Presencia en Red para organizaciones, particulares y empresas. Columnista.


Escrito el 13 de octubre de 2013 a las 12:39 | Clasificado en Cataluña, Opinión

¿Es un problema la independencia de Cataluña? El verdadero problema de España es que demasiados ciudadanos querrían independizarse.

Duran i Lleida y Mas, en un acto de partido de CiU (imagen: CiU).
Duran i Lleida y Mas, en un acto de partido de CiU (imagen: CiU).

Depende de qué periódico leamos encontramos que España tiene un problema con Cataluña o que Cataluña tiene un problema con España. Pocos son lo que evitan usar la palabra “problema” para describir una situación de tensión que se prolonga ya años.

Así que somos muchos los que no encontramos la descripción con la que coincidir de lo que allí sucede, pues no vemos que sea un problema sino una petición, una demanda, una crisis donde sacar lo mejor de cada uno o ver las miserias de quienes participan. En cualquier caso un momento clave en el que hacer política.

Sirve además esta tensión territorial para tapar el verdadero problema de independencia que tiene España, y en este caso sí es un problema. No es de un territorio o dos, es de una sociedad que en demasiadas ocasiones tiene vergüenza de compartir DNI con demasiados sujetos que abochornan a cualquiera.

El verdadero problema de España es que es un país sin proyecto colectivo, sin rumbo al que dirigirse y en manos de -en el mejor de los casos- meros gestores que se limitan a decir públicamente que hacen “lo que pueden” o lo que les dejan. Con semejante panorama, muchos españoles entienden que una parte importante de catalanes se quiera independizar, aunque no por ello compartan los motivos de tal concreta situación.

Es decir, entienden que haya quien quiera no tener nada que ver con Gürtel, ni con Bárcenas, ni con nuestra tasa de paro, ni con un país que sigue apoyando la beatificación de “mártires” de la Guerra Civil -de un lado- mientras clama contra quienes consideran que sería justo enterrar dignamente a quienes están en fosas. Independizarse de un país que es el segundo del mundo en número de desaparecidos por tal rechazo a la memoria histórica o donde un torturador del franquismo está actualmente amparado y a sueldo del Estado.

Cómo no dudar de ser español cuando nuestra policía acepta expulsar de sus casas a compatriotas a los que desahucian y además sonríen al hacerlo. Cómo no dudar cuando hay amnistías fiscales para los defraudadores mientras se recorta en Sanidad dejando por ejemplo a miles de mujeres sin mamografías o haciendo pagar a los enfermos crónicos un copago por sus medicinas.

El problema es ese, no otro. El problema de España es que sus ciudadanos se sienten ahora mismo incómodos -como poco- cuando se ven dentro del mismo saco (por nacionalidad) que quienes recortan en becas y expulsan a estudiantes de la universidad, de quienes permiten y apoyan dar dinero público a colegios que segregan alumnos por sexo o quienes definen como chiquilladas el enaltecimiento del franquismo.

Despertarse y ver las novedades de los EREs, un IVA cultural del 21% mientras el fútbol apenas paga el 10%, los casos de comisiones ilegales -en Cataluña y en el resto de España-, la criminalización de los parados, la de los mendigos…

Los catalanes no se van a librar de esto con la independencia que reclaman, porque tienen mucho -casi todo- lo que en estas líneas se describe, así que seguirá habiendo ciudadanos que no encuentren su sitio, por muy independente que sea el territorio en el que viven, porque de lo que quieren independizarse es de la corrupción, de la opacidad, de la falta de rumbo, de la insensibilidad política y de la injusticia social.

España necesita ser atractiva para volver a integrar y volver a ser el barco en el que se quiera navegar. No sólo como respuesta a independentismos territoriales sino como alternativa a una España actual de la que miles de jóvenes son expulsados y donde los que se quedan se preguntan por qué siguen aquí.

¿Cuál es nuestro modelo educativo? ¿Cuál es el modelo sanitario? ¿Tenemos algún modelo? No se puede vivir del parcheado de los pilares del país, de ir adaptando partidariamente leyes fundamentales sin saber qué se quiere con ellas.

Ese y no otro es el verdadero problema de independencia de España, la de todos aquellos que demasiadas veces al día nos avergonzamos del rumbo que ha tomado el país en el que vivimos, que lloramos al ver como situaciones inhumanas son normalizadas en eso que llamamos nuestro país.

Hasta que no volvamos a ser un ejemplo para nosotros mismos difícilmente tendremos autoridad moral para criticar que haya quienes simplemente prefieran irse, teniendo en cuenta que a la mayoría ya la están expulsando.

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